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Ingrid Betancourt contó cómo hizo para afrontar el miedo en la selva

Fue durante el lanzamiento de las charlas TED en español; se apoyó en tres ejes

Miércoles 26 de abril de 2017 • 22:51
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Foto: Diario El País

El secuestro perpetrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a la ex candidata a la presidencia de ese país Ingrid Betancourt marcó un antes y un después en su vida. Sin embargo, Betancourt logró sacar algo positivo de los seis tediosos años de cautiverio que resultaron, cuanto menos, traumáticos. Anteayer, en el lanzamiento de las charlas TED en español, Betancourt habló sobre las herramientas más efectivas para enfrentar el miedo, que más de una vez la paralizó durante el período en que estuvo privada de su libertad.

"La primera vez que sentí miedo tenía 41 años. Siempre me habían dicho que yo era valiente, de pequeña me subía al árbol más alto y me acercaba a cualquier animal sin miedo, me gustaban los desafíos. Mi padre decía que el buen acero aguanta todas las temperaturas y cuando yo ingresé a la política en Colombia pensé que aguantaría todas las temperaturas", dijo.

Por varios triunfos políticos, Betancourt confesó que la gente la celebraba por aguerrida y que ella también pensaba que era valiente. "Pero no lo era, simplemente nunca había experimentado lo que era el verdadero miedo. Esto cambió el 23 de febrero de 2002. Yo en ese momento era candidata a la presidencia de Colombia y estaba adelantando mi agenda de campaña cuando fui detenida por un grupo de hombres armados y uniformados con prendas militares. Entonces miré sus botas, eran de caucho. Yo sabía que el ejército de Colombia usaba botas de cuero, yo sabía que ellos eran guerrilleros de las FARC", agregó.

Y contó que mientras la "internaban" en lo más profundo de la selva, las FARC anunciaron que si el gobierno no negociaba la matarían. "Y yo sabía que el gobierno no iba a negociar", dijo.

"A partir de ahí me acosté todas las noches con el miedo. El temblor, los dolores de estómago, el insomnio. Pero peor le pasó a mi mente (...) Empecé a dudar de mi misma, de mi salud mental. Con la duda llegó el desespero y con el desespero llegó la depresión. Estaba sufriendo cambios notorios de comportamiento y no era solo la paranoia en momentos de pánico; era la desconfianza, era el odio y eran también las ganas de matar", arrojó.

De eso se dio cuenta el día en que la tuvieron encadenada del cuello a un árbol, bajo un aguacero. "Ese día me mantuvieron a la intemperie bajo un aguacero tropical y me acuerdo que me entró la urgencia de ir al baño. ´Lo que tenga que hacer lo hace al frente mío, perra´, me gritó el guardia. Y yo tomé la decisión en ese momento de matarlo. Y estuve durante días planeando y buscando el momento y la forma, llena de odio y llena de miedo. Hasta que de pronto salí, me sacudí, y pensé ´no me van a convertir en uno de ellos; no me van a volver una asesina. Todavía me queda suficiente libertad para decidir quien quiero ser´. Ahí aprendí que el miedo me enfrentaba conmigo misma".

Ante un auditorio que no le quitaba la mirada de encima, confesó que tras largas reflexiones aprendió que "afrontar el miedo podía ser una senda de crecimiento". Y dió tres consejos para hacerlo.

1. Guiarme por principios: "Me dí cuenta que en mitad del pánico y del bloqueo mental si iba a los principios actuaba acertadamente". Y recordó la primera noche que pasó en un cárcel construida por las FARC en la selva. Encerrados tras rejas de cuatro metros de alto y alambres de púas, los guardias los despertaron y les pidieron que se enumeraran. "Cuando me tocó mi turno yo dije: ´Ingrid Betancourt. Si quieren saber si estoy acá, me llaman por mi nombre´. Por encima del miedo estaba la necesidad de defender mi identidad (...), ese era un principio".

2. Aprender a construir confianza, solidaridad: "La selva es otro planeta. Es un mundo de penumbra, húmedo, con el zumbido de millones de bichos (...) yo no paré de rascarme un solo día mientras estuve en la selva. Las tarántulas, los escorpiones, las anacondas". Sin embargo, dijo la colombiana manifestó que ninguno de éstos animales les hizo tanto daño como el ser humano.

La primera vez que se escapó, con Lucho, otro de los secuestrados, se amarraron con cuerdas para "tener la fuerza" de meterse en el agua oscura llena de pirañas y caimanes por la noche. El intento de escape duró varios días, pero el coma diabético de su compañero hizo que la guerrilla los capturara nuevamente. "Después de haber enfrentado juntos el miedo, ni los castigos, ni la violencia, nada pudo nunca más dividirnos".

3. Aprender a desarrollar la fe: "El miedo es contagioso, pero la fe también lo es", subrayó. Por primera vez en la charla, Betancourt sonrió. Y contó la anécdota de cuando uno de sus compañeros de cautivero, Jhon Frank Pinchao, un suboficial de la policía que llevaba más de ocho años secuestrado y que tenía fama de miedoso, le pidió un consejo para fugarse. "En ese momento yo ya tenía un máster en intentos de fuga", bromeó.

Entonces, "Pincho", como ella le decía, se le acercó un momento antes de irse y le preguntó: "Ingrid, supongamos que estoy en la selva, doy vueltas y doy vueltas y no logro encontrar la salida, ¿qué hago?". Y ella le dijo: "Pincho, coges un teléfono y llamas al de arriba". A lo que él le respondió: "Ingrid, tú sabes que yo no creo en Dios".

"A Dios no le importa, igual te va a ayudar", le dijo ella.

El día que se escapó, los guerrilleros les hicieron creer a sus compañeros de secuestro que una anaconda se había comido a Pincho. Pero a los 17 días, se enteraron por radio que estaba vivo y que había logrado la libertad.

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