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El PBI murió y los países buscan a reemplazantes más ecuánimes

Las políticas económicas tienen que perseguir nuevas metas relacionadas no sólo con el ingreso individual y la productividad del país sino con la satisfacción con la vida

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LA NACION
Jueves 27 de abril de 2017
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El concepto moderno de Producto Bruto Interno (PBI) fue desarrollado por el economista Simon Kuznets en 1934. Desde entonces y especialmente después de los acuerdos de Bretton Wood, el PBI fue aceptado como la norma para medir y manejar el tamaño de una economía. Se basa en una contabilidad simple y puede calcularse usando las cifras del producto, de gasto o de ingresos. Por tanto da a los gobiernos una herramienta eficiente para manejar las principales palancas de la economía, pero también es una medida de éxito que, debido a su uso generalizado, permite a los gobiernos priorizar políticas.

El PBI no mide todo. Por empezar, ignora la relación entre crecimiento económico y desigualdad de ingresos.

El crecimiento a menudo es una mala medida de la prosperidad pese a que era el objetivo original de Kuznets cuando alertó que "el ingreso nacional sólo tendrá significado basado en su supuesta utilidad para evaluar la contribución de la actividad económica al bienestar de los habitantes, presentes y futuros, de un país".

Entre 1960 y 2015, el PBI per cápita de Colombia creció todos los años menos uno (1999) ubicando al país como el campeón del crecimiento a nivel mundial y sin embargo aún no es altamente competitivo.

En 2010, Japón creó una comisión del Gabinete para medir el bienestar
En 2010, Japón creó una comisión del Gabinete para medir el bienestar. Foto: NYT

La crítica social creció a partir de la observación de que mientras el PBI en la última década creció en promedio en la mayoría de los mercados desarrollados, los salarios reales bajaron porque la mayoría de los beneficios de una economía más grande premiaron al capital y no al trabajo. Como resultado de ello los gobiernos nacionales y organizaciones internacionales comenzaron a buscar alternativas.

Felicidad Bruta Nacional

Durante la Cumbre Mundial de Gobiernos de 2017 recientemente realizada en Dubai se debatió esta cuestión en profundidad. Fue alentador encontrar que en varios países ya comenzaron a dar respuesta a preocupaciones anteriores sobre el PBI. El Reino de Bután introdujo indicadores de Felicidad Bruta Nacional en 2011. En 2012 Japón realizó su primera Encuesta de Calidad de Vida y estableció una comisión del Gabinete para medir el bienestar en 2010.

Los intentos por incorporar la felicidad y el bienestar también ingresaron en algunos sistemas educativos: en 2013 la República de Corea estableció una política de "Educación Feliz para Todos" y Singapur integró el Aprendizaje Social y Emocional como parte de la currícula de Educación del carácter y la ciudadanía en 2013. El Banco Europeo para la Reconstrucción y el desarrollo ya hizo tres encuestas internacionales para evaluar el nivel de satisfacción con la vida en 34 países.

Cosa interesante, nos enteramos también de que nuevas métricas y evaluaciones se están incorporando a decisiones efectivas de política, siendo un buen ejemplo el Centro de lo que Funciona para el Bienestar en el Reino Unido.

Bután es en sí mismo un buen ejemplo de cómo medir la felicidad como alternativa al Ingreso Nacional y el PBI. A través de una evaluación subjetiva de encuestas, el gobierno mide cuatro indicadores de bienestar nacional: desarrollo social y económico equitativo; protección de la cultura; preservación del medio ambiente y buen gobierno.

Diferentes caminos

Estos pilares abarcan lo que el país entiende que son las principales condiciones para la felicidad: estándares de vida, salud, educación, medio ambiente, buen gobierno, bienestar psicológico, uso del tiempo, respuesta cultural y vitalidad de la comunidad. Otros países están siguiendo el mismo camino.

¿Qué hace feliz a la gente y por qué la gente en algunos países es más feliz que en otros? ¿Por qué es feliz la gente en Dinamarca, pero lo es menos en Rusia? Se puede atribuir diferencias de bienestar a factores institucionales, no individuales y por tanto la felicidad puede ser manejada. Pero la felicidad puede ser impulsada por factores genéticos o culturales y por tanto alguna gente está diseñada para tener más probabilidades de ser feliz.

Durante la Cumbre Mundial de Gobiernos concluimos que todo esto es verdad. De hecho parece haber un "gen de la felicidad" que ha sido identificado luego de analizar el genoma humano de casi 300.000 individuos. El estudio, realizado por los profesores Meike Bartels (Genética y Bienestar) y Philipp Koelinger (Gen-economía) de la Universidad de Amsterdam, identifica tres variantes genéticas de la felicidad. Dicho de otro modo, nuestra predisposición a ser felices puede ser predicha de algún modo cuando nacemos.

El mayor estudio longitudinal de la felicidad jamás realizado es el Estudio de Harvard de Desarrollo Adulto. Por más de 80 años, desde 1930, investigadores han estado siguiendo la vida de 268 varones caucásicos de las clases de Harvard de 1939-1944 y 456 varones caucásicos de los barrios de Boston.

El primer grupo incluía individuos de 19 años, mientras que el segundo grupo consistía en gente de entre 11 y 16 años cuando comenzó el estudio.

Ingresos, riqueza y bienes materiales

Al seguir su experiencia y los principales eventos de sus vidas, el profesor Robert J. Waldinger y su equipo pudieron aislar los factores ambientales que los hacían felices. Y, sorprendentemente, no tienen nada que ver con ingresos, riqueza y bienes materiales.

El principal determinante de la felicidad es la calidad de las relaciones humanas: los individuos que crecen rodeados de amigos y familia y que mantienen relaciones sólidas y enriquecedoras con otros individuos, viven vidas más felices. Por cierto, preservar estas relaciones al envejecer también ayuda a la gente a vivir más.

En suma el consenso es que las políticas económicas tienen que perseguir metas nuevas, más ambiciosas, relacionadas no sólo con el ingreso individual y la productividad del país, sino también con la satisfacción con la vida y la felicidad.

Dado que la felicidad es un estado emocional subjetivo, aún podemos medir en qué medida el ambiente socioeconómico y las variables culturales hacen felices a las personas.

¿Nos encontramos en una nueva era en que el crecimiento económico es sólo uno entre muchos otros objetivos de la política económica? En mi opinión nuestras sociedades están exigiendo una nueva dirección de la economía mundial.

Productividad

Los avances de la productividad y las innovaciones de las últimas décadas no se tradujeron necesariamente en más prosperidad para todos. La competitividad llegó a costa de la desigualdad de ingresos y por tanto el crecimiento no está asociado a la equidad y la satisfacción con la vida.

Sin embargo, aunque sabemos cuál debe ser la función objetiva de los gobiernos, aún no está claro cómo manejar tal objetivo. Usando una analogía de la estrategia corporativa, ahora sabemos muy bien cuál debe ser el indicador clave del desempeño de una sociedad en el siglo XXI, la felicidad de la gente. Pero aún tenemos que encontrar cuáles son los motores que impulsan la felicidad: ¿Cómo ayuda la política a que la gente desarrolle relaciones sanas? ¿Cómo debe la educación alentar el pensamiento positivo y la colaboración? ¿Cómo pueden manejar los gobiernos la satisfacción con la vida cuando depende de factores culturales y ambientales? Medir es una cosa; manejar es otra.

El autor es profesor de finanzas del IMD y dirige el Centro de Competitividad Mundial IMD

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