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En cuáles ejemplos está la realidad del rugby

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 27 de abril de 2017
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El reportaje que en la radio Vorterix le hicieron el martes último a un imitador que se hizo pasar por Lionel Messi sirvió, además de lo gracioso, para poner en tela de juicio qué es real y qué no, ya que en las redes sociales, e incluso en algunos medios, se lo difundió como si hubiese sido cierto. Una muestra de ello: el científico Fabricio Ballarini, partícipe del programa, llegó a recibir felicitaciones desde varios sectores porque el supuesto Messi le había agradecido su influencia en la fabulosa tarea del Nº 10 argentino en el clásico del domingo que Barcelona le ganó a Real Madrid. Las cuestiones de dar por hecho algo que no sucede, o de no decir lo que de verdad sucede, se vienen transformando desde hace un buen tiempo en parte de lo cotidiano, engrosando un interrogante tan antiguo como la filosofía misma: ¿qué es la realidad?

El rugby argentino tiene una realidad que se viene forjando desde que se instaló en la Argentina, a fines del siglo XIX. Se trata de su cultura de clubes, los que juegan al rugby no rentado (bien marcó alguien que el término amateur en este deporte remite al elitismo que durante años quisieron remarcar los ingleses para establecer diferencias sociales con el Rugby League profesional) y los que siguen haciendo a la vida diaria de este juego. Es una cultura basada especialmente sobre lo más amplio del significado de solidaridad. No se puede disputar un partido si no hay otro equipo enfrente y un árbitro, y no existe tiempo más importante que el tercero.

En estos días que pasaron hubo varios ejemplos de lo que significa esa cultura que emerge de los clubes. Uno ellos, el que más giró en las redes sociales, fue el de un grupo de chicos ayudando a sacar autos y camiones del barro, como si estuviesen en un scrum, durante la catástrofe climática sufrida en Comodoro Rivadavia.

Otro se dio este fin de semana, cuando el plantel de M16 de Monte Grande Rugby Club se dirigía a enfrentar a San Carlos. Faltando 5 kilómetros para llegar, el ómnibus se quedó por un desperfecto mecánico. Los chicos empezaron a caminar ese trecho con sus bolsos, pero al poco tiempo, unos 10 autos de padres de chicos de San Carlos se acercaron para llevarlos hasta el club. Monte Grande valorizó el episodio en una emotiva carta, en la que señala que de esto se trata cuando se habla de los valores del rugby.

Ese rugby de clubes es el que sostiene todo, incluso al profesional, que hasta ahora se nutre sólo de él, porque de ahí vienen los jugadores y los entrenadores. Hay, en ese juego de las realidades, algunos que creen que es al revés. Podrá decirse que el profesionalismo ayuda a mejorar otras estructuras, pero nada haría sin los clubes que juegan un rugby no rentado.

La realidad, la foto entera del rugby argentino, también tiene para disfrutar a Jaguares, que este fin de semana vuelve a Vélez. Agustín Pichot reveló en una muy buena entrevista a la revista Apertura que la UAR maneja anualmente ingresos por 20 millones de dólares, de los cuales unos 9 millones se destinan sólo a solventar a Jaguares. Y en ese reportaje sostuvo también que está avanzando para organizar la Copa del Mundo de 2027 en la Argentina, para lo cual se necesitarían unos 200 millones de dólares. "Es un win-win", agregó.

¿Cuál será la realidad del rugby en 2027? Nadie puede saberlo. Pero será otra cosa si no hay chicos empujando camiones o padres buscando chicos que se quedaron en una ruta.

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