Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Chuparse el dedo: un hábito no tan tremendo

Hacerlo depende de las cualidades personalísimas de cada bebé; No hay razones genéticas ni hereditarias para explicar la conducta; Alivio y consejos para padres desesperados

SEGUIR
LA NACION
Miércoles 26 de abril de 2017 • 19:00
Foto: Shutterstock
0

Muchos padres lo padecen hasta el punto de angustiarse, de enojarse y de perseguir al niño/a con una serie de frases repetidas tipo disco rayado que, lejos de ayudar –y esto conviene tatuárselo en el cerebro- empeoran la situación. “Sacate el dedo de la boca, basta de chuparte el dedo, dejá a ese dedo en paz” y otras decenas de construcciones sintácticas que significan lo mismo.

De bebé nos parece simpático, sin embargo, a medida que pasan los años, tanto a uno como al resto de las personas que nos rodean –los mortificadores seriales- nos comienza a resultar preocupante. ¿Se le van a deformar los dientes y la boca? ¿Cómo hago para que deje de hacerlo? ¿Acaso se convertirá en un/a grandulón/a que se chupa el dedo? ¿Por qué se lo chupa?

Lo primero para dejar bien claro es que no se trata de una conducta genética, hereditaria ni patológica, sino que es, en esencia, un reflejo innato que permite la alimentación, que provoca placer y que con el paso del tiempo puede tomar o no otros matices. “A la necesidad fisiológica de comer se le suma el placer de la succión que permite descargar tensiones y que provoca un plus de bienestar en el niño”, explica Graciela Cerruti, licenciada en psicología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. De la misma manera, el pediatra Marcos Mercado indica que “los bebés necesitan de la succión para alimentarse, para conocer su cuerpo y el mundo externo así como también es un patrón innato de autoconsuelo”.

El factor emocional

Sobre lo innato se instala luego lo emocional. Hay bebés que aceptan el chupete, otros que lo escupen desde el primer día y algunos a los que les encanta su dedo tanto que lo prefieren por encima de cualquier modelo de chupete, en general, alguno de los dos pulgares. Pero esto no se relaciona necesariamente con el estado de ánimo, sino con una búsqueda inmediata de satisfacción: “chuparse el dedo es una de las primeras experiencias de placer que, antes o después, seguirá su curso hacia modelos más evolucionados”, explica Cerruti.

Foto: Shutterstock

Lo que debemos entender es que se trata de un reflejo innato que todos traemos desde antes y desde siempre debido a nuestra naturaleza. La diferencia, en este caso, tal como indica el doctor Mercado es que “los humanos aprendemos a darle a ese reflejo un nuevo valor emocional que cumplirá una función esencial en la capacidad de adaptarnos al mundo en el que vivimos”.

Cómo eliminar el hábito

En el caso de que el bebé haya preferido el dedo al chupete, la costumbre no será tan fácil de sacar. ¿Por qué? Porque el dedo no es un objeto externo, sino que siempre está ahí, muy a mano y muy posible de convertirse en hábito. Pero, ojo, que tampoco es cuestión de convertirnos en repetidores frenéticos del “no te chupes el dedo” porque, muy lejos de lograr el efecto deseado, en general, lo que logramos es que suceda lo contrario. La licenciada Cerruti aconseja distraer al niño sin hacer mención de la conducta: “si hablamos del dedo es como decir no pienses en un elefante rosa o no rompas el jarrón –lo va a pensar y lo va a romper- porque el sólo hecho de mencionarlo refuerza el comportamiento y le da mayor entidad. Lo que debemos hacer es descargar de sentido la conducta”.

Los padres que sufren o se angustian al ver que su pequeño se chupa el dedo deben saber que “la cuestión no se resuelve diciéndole que no lo haga, sino que la mejor opción es distraerlo con otra cosa, proponerle una actividad alternativa para que se entretenga y no se aburra”, asegura Mercado. De la misma manera, la psicoanalista infantil agrega que “la manera natural de ayudar al niño es ofrecerle otros objetos que estimulen el resto de los sentidos para que el niño se olvide de lo que está haciendo”.

De todas maneras, la preocupación de los padres también debe ponerse en duda porque no siempre es la adecuada. “Si el pequeño se distiende con la succión del dedo en oportunidades puntuales como para dormir o frente situaciones conflictivas, pero el resto de su vida fluye naturalmente, es decir, lo vemos alegre y sin dificultades para relacionarse con los demás, no es necesaria la intervención de los padres”, señala el médico pediatra.

¿Es cierto que necesariamente los niños que se chupan el dedo necesitarán ortodoncia en el futuro?

El doctor Mercado cuenta que hace décadas se realizaron estudios en el Hospital Infantil de Boston con tres grupos de pequeños: algunos que se chupaban el dedo, otros que usaban chupete y unos más que no tenían ninguna de estas dos conductas. ¿El resultado? Se descubrió que había pocas diferencias entre unos y otros respecto de necesitar a futuro tratamientos de ortodoncia.

“Hoy en día se sabe que es más importante lo hereditario. Circunstancias como la respiración bucal o la deglución atípica son mucho más propensas a deformar los dientes superiores”, explica el pediatra.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas