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Beatriz de Moura: "Fundé Tusquets, sola, en el piso donde vivía"

La legendaria editora, que dejó el sello en 2014, recupera anécdotas de 45 años dorados, mira el presente y critica a su sobrina Milena Busquets

Jueves 27 de abril de 2017
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LA NACION
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Beatriz de Moura
Beatriz de Moura. Foto: Fernando Massobrio

El primer libro publicado por su editorial, en 1969, fue Residua de Samuel Beckett. Apenas lo conoció, le pidió a un joven (tan joven como ella en ese entonces) Gabriel García Márquez un texto breve de no ficción para una de sus colecciones; así, Relato de un náufrago se convirtió en un clásico del presente con más de un millón de ejemplares vendidos. En los años ochenta, cuando la editorial Tusquets apostó por los libros de ficción, comenzó con El valle de Issa, firmado por el Premio Nobel de Literatura Czeslaw Milosz. Más tarde, se encontró con su admirada Marguerite Duras, con la que firmó contrato por un éxito de ventas y de crítica: El amante. Acompañó a Ernst Jünger al Museo del Prado porque el escritor alemán le pidió contemplar El jardín de las delicias; luego, el autor de Tempestades de acero le contó que había "visto" antes los símbolos de esa obra maestra de El Bosco durante una experiencia con alucinógenos. En Tusquets, Almudena Grandes y Eduardo Mendicutti, dos grandes narradores españoles, desarrollaron su carrera literaria.

Aunque nació en Río de Janeiro en 1939, Beatriz de Moura es la editora en lengua española más destacada. ¿Incluso más que Esther Tusquets? Quizás el suyo es otro caso de la discípula que aventaja a la maestra en curiosidad, pasión por la lectura y sentido del riesgo. Con el dictador Francisco Franco aún vivo, lanzó una colección de textos anarquistas, bautizada con el elocuente nombre de Acracia. Después de 45 años de ejercicio del apasionante oficio de editar, y de haber convertido Tusquets en un sello prestigioso en España y en América, De Moura ordena todo el material histórico de esa editorial para entregarlo a la Biblioteca Nacional de España. Manuscritos de García Márquez y Reinaldo Arenas, correspondencia con Milan Kundera y detalles del lamentable episodio con Javier Cercas, informes de lectura y otros tesoros de la memoria cultural estarán disponibles para investigadores y lectores.

De Moura visitó Buenos Aires infinidad de veces, en muchas ocasiones para participar de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Este año no es la excepción. Ya hay "localidades agotadas" para escucharla mañana, en el cierre de las jornadas profesionales de la feria. En vez de un discurso, mantendrá una conversación con colegas, docentes y estudiantes.

¿Cuál fue el origen de Tusquets?

Nos remontamos al año 1968, 1969. Creé la editorial en un piso donde yo vivía. Sola. Durante ocho años había estado trabajando en la editorial Lumen, fundada y dirigida por Esther Tusquets. Luego me casé con su hermano, que es arquitecto, y ahí quedó el nombre de Tusquets. Él puso el dinero y yo, el trabajo. En Lumen hice el mejor aprendizaje para una persona que quiere convertirse en editora. Esther Tusquets fue una persona muy importante, una gran editora y una buena escritora, además de un personaje curioso.

¿Por qué curioso?

Por muchos aspectos. Esa dualidad de escritora y editora le daba una dimensión casi contradictoria; ella sostenía muy bien esas dos versiones de una misma construcción. Aprender durante ocho años con esta persona fue crucial. Pasé por todas las instancias y aprendí el mecanismo de producción de un libro. Eso no forzosamente conduce a formar a una editora pero en mi naturaleza y en mi visión de mundo los libros siempre fueron la materia prima de la construcción de un ser humano. Los libros y la lectura, por supuesto. Le ofrecí a Lumen dos colecciones, pero ellos no vieron la posibilidad de publicarlas. Esther no lo vio claro en su editorial; entonces me lancé con esta idea de libros de pequeño formato que se distinguieron de inmediato. Los de tapa dorada eran textos muy poco conocidos de grandes autores y los de tapa plateada eran textos de batalla que se podían publicar en el marco de la censura. Era un discurso posible de debate de ideas en los años finales del franquismo.

¿Leyó la novela de Milena Busquets?

No me gustó mucho. Encuentro que ella frivoliza la relación con su madre para convertirse en escritora. Esther seguramente era "mucha madre" para Milena y para cualquiera, era una mujer muy fuerte. Pero creo que Milena debe seguir escribiendo y medirse con otros escritores, y quizás no con su madre.

El primer libro de Tusquets estaba firmado nada menos que por Beckett.

Exacto. Después de sus novelas largas, él me contó que había empezado a escribir libros breves. Hablaba mucho con él por teléfono en la época de Lumen y en una de esas conversaciones me dijo que ya no iba a escribir libros largos. "Creo que lo que tengo que decir en materia de escritura lo puedo decir en libros breves", me confesó. Eso me vino perfecto para la idea que tenía. En España no se concebía el proyecto de libros de ochenta páginas en ese momento. Pero, económicamente, era lo que yo podía hacer. El dinero no me alcanzaba para novelas largas. Beckett, por casualidad, ganó el Premio Nobel el mismo año en que salió Residua.

¿Qué actividad desarrolla ahora?

He llegado a un acuerdo con la Biblioteca Nacional de España, que está interesadísima en recibir todo el material que he ido guardando a través de los años. Sirve para seguir la progresión de una editorial española que ya tiene sedes en tres países de América: la Argentina, Colombia y México. Por ejemplo, en el archivo están los seguimientos completos de varias novelas a través de su concepción dentro de la editorial. Tusquets tiene un catálogo que incluye a escritores que han hecho toda su carrera con nosotros, como Almudena Grandes. Hemos conseguido, Antonio López Lamadrid y yo, ser editores de escritores que acabaron volviéndose muy importantes. Un caso reciente es el de Fernando Aramburu, que publicó hace poco una novela muy polémica en España, Patria. En el título tiene esa palabra antipática para intelectuales y políticos de izquierda pero que dice mucho. Es la palabra idónea para un libro que propone una nueva manera de enfocar la violencia, los nuevos movimientos de independentismo, los fenómenos sociales actuales. La política creó en España muchas enemistades entre familiares, grupos políticos y universitarios. No por ser de izquierda hay que ignorar lo que ha pasado. En esa novela hay un pensamiento muy camusiano. Soy muy admiradora de Albert Camus. Es curioso cómo la historia le está dando la razón ahora a Camus; era un hombre profundamente convencido de que el ser humano no está hecho de una sola pieza sino de múltiples facetas.

Tusquets siempre tuvo un criterio editorial libertario.

Totalmente. Yo milité en movimientos libertarios bajo el régimen de Franco y sé muy bien lo que es. En esa época, tenía una situación conflictiva no sólo con el gobierno y con la censura, con el sistema militar, sino también con represiones al individuo que se hacían de otros ámbitos. La izquierda era tan represora del individuo como lo era la ultraderecha o la Iglesia. En esos bloques de poder se olvidaba que el ser humano tiene sus propios mecanismos de existencia y no puede ser tratado como un rebaño. Al ser humano le gusta ser libre.

En 2014, luego de dejar Tusquets, manifestó preocupación por la industria editorial.

La crisis económica demostró una cosa irrefutable: no se trata de hacer libros más finos o más elegantes o de publicar muchos libros; se trata del mercado. Para las editoriales pequeñas o medianas, el poder sobre la distribución es esencial. Si los libros son buenos, seguirán vendiéndose. En las crisis parece que la gente deja de leer pero no es verdad. Una red de distribución sólida permite aguantar una temporada de crisis. Los grandes grupos se han peleado por tener los sellos editoriales de mejor venta y, a veces, haciendo una especulación financiera, se han equivocado. Ahora se tiende a preservar el perfil de los sellos literarios, como hizo Planeta con Seix Barral y Tusquets, o Penguin Random House con Mondadori.

¿Qué consejos le daría a una persona que quiere convertirse en editora?

Que se armen de paciencia y que se consigan el dinero para publicar buenos libros. Sin dinero, el plazo de vida de una editorial es limitado. Y, lo fundamental para ser editor, que sean amantes de la lectura. Con las mujeres editoras, en la actualidad no hay diferencias. Si el marido es un obstáculo para tu desarrollo personal, pues te divorcias.

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