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Avanza en Brasil la polémica reforma laboral impulsada por Temer

Para el gobierno, la nueva ley impulsará el crecimiento y frenará el empleo; la oposición dice que ataca la Constitución

Jueves 27 de abril de 2017
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LA NACION
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La impopularidad no le impide a Temer avanzar con su agenda de reformas
La impopularidad no le impide a Temer avanzar con su agenda de reformas. Foto: AFP / Evaristo Sa

RÍO DE JANEIRO.- En medio de una nueva caída en su popularidad, el presidente Michel Temer se encaminaba anoche a obtener una nueva victoria para su agenda de reestructuración de la economía con la aprobación en la Cámara de Diputados de su polémico proyecto de reforma laboral, resistido por partidos de izquierda y sindicatos, que en rechazo de la medida impulsan una huelga general para mañana.

A última hora de ayer, en una sesión tensa y tumultuosa, salpicada por actos de protesta, gritos e insultos, una mayoría de los legisladores se inclinaba a favor de la iniciativa oficialista que, junto a la ley de tercerización laboral aprobada el mes pasado, busca flexibilizar el mercado de trabajo con el objetivo de dinamizar la economía después de la peor recesión en la historia del país. La desocupación llegó al récord de 13,2%, lo que equivale a más de 13,5 millones de brasileños sin empleo.

La reforma laboral, que para el gobierno favorecerá la creación de puestos de trabajo y para sus opositores atenta contra derechos garantizados por la Constitución, establece que los acuerdos y convenios colectivos entre empleados y empleadores prevalecerán por sobre la ley de trabajo de 1943. El proyecto deberá seguir al Senado, donde tiene el apoyo asegurado.

Según la propuesta, empresas y trabajadores podrán negociar, por ejemplo, la duración de la jornada laboral y la creación de un banco de horas trabajadas. Además, las vacaciones podrán ser divididas en tres veces a lo largo del año, se reglamentará el trabajo desde casa con reembolso para los gastos del empleado y se permitirá que las embarazadas trabajen en ambiente insalubre siempre y cuando presenten un certificado médico que compruebe que no hay riesgo para ella o el feto.

Habrá multas a las empresas que no tengan a sus empleados en blanco, así como para quienes actúen de mala fe en juicios laborales. Las contribuciones sindicales de los trabajadores, que hasta hoy son obligatorias, pasarán a ser optativas.

"Esta reforma es parte de los cambios que necesita el país. Europa hizo esta reforma hace una década y logró reducir el desempleo", dijo el diputado Darcisio Perondi, del oficialista Partido del Movimiento Democrático Brasileño, en el agitado debate. Los opositores al proyecto levantaban placas con imágenes de la Constitución rasgada y un gran cartel en el que se leía: "No toquen nuestros derechos".

"Están llevando la ley a una nueva situación análoga a la esclavitud", advirtió Wadih Damous, del Partido de los Trabajadores.

Para el gobierno, esta segunda fase de la reforma laboral, sumada al congelamiento de gastos públicos -ya aprobado el año pasado- y a la modificación del sistema de jubilaciones -que debe ser sometida a votación el próximo mes-, supone la base para devolverle al país credibilidad, atraer inversiones y recuperar el crecimiento después de dos años seguidos de caída del PBI.

Desde el oficialismo se hicieron grandes esfuerzos para acelerar el tratamiento de la iniciativa en Diputados y lograr una luz verde antes de la huelga general que fue convocada para mañana por sindicatos y movimientos sociales en rechazo de las reformas laboral y del sistema jubilatorio.

Pegado al fin de semana largo por el Día del Trabajador, el 1º de mayo, se espera que el paro general tenga un amplio alcance y aumente el clima negativo para el gobierno, ya muy cuestionado por las revelaciones de sobornos de Odebrecht, que han manchado a nueve ministros y al propio Temer, aunque él goza de inmunidad temporaria ante las investigaciones anticorrupción. En este contexto, la última encuesta de Ipsos, publicada ayer por el diario Valor Económico, señaló que para el 87% de los brasileños la imagen del presidente es "mala o pésima" y apenas un 4% considera que su gestión es "buena o muy buena".

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