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Música sin tiempo para aficionados sin edad

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LA NACION
Domingo 30 de abril de 2017
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En la década del 40, los ingleses solían decir que las canciones de Vera Lynn habían ganado la Segunda Guerra Mundial y aseguraban que temas como We'll Meet Again ("Volveremos a encontrarnos") contribuyeron más al esfuerzo bélico que varios escuadrones de Spitfires. Su voz quedó eternamente vinculada con aquellos tiempos de miedo y esperanza. Pero, aunque Pink Floyd en su disco The Wall, de 1979, se preguntaba: "¿Quién recuerda a Vera Lynn?", sus canciones siguen sonando fuerte. Con 100 años de vida recién cumplidos, a mediados de marzo pasado la cantante lanzó un nuevo disco y batió su propio récord de ser la artista más longeva en colocar su nombre entre los 10 más vendidos de Inglaterra. Lo interesante es que sus seguidores no son abuelos nostálgicos de la lejana juventud, sino nuevas generaciones que conocieron sus temas en plataformas digitales como Spotify, donde We'll Meet Again fue escuchada ya más de 3.500.000 veces.

El fenómeno de Vera se repite a ambos lados del Atlántico. En los Estados Unidos, por ejemplo, el saxofonista Sonny Rollins, uno de los últimos sobrevivientes de la generación que cambió el jazz para siempre, con más de 90 años sigue actuando ocasionalmente en vivo y lanzando nuevos discos para sus fans de diferentes generaciones. El francés Charles Aznavour, con 92 años, es otro artista que continúa llevando por el mundo su música sin tiempo ni edad (en marzo colmó el Gran Rex de Buenos Aires).

Lo que está pasando es que las nuevas tecnologías están permitiendo que los aficionados más jóvenes, lejos de darle la espalda al pasado, descubran y valoricen a artistas que conocieron la fama y el éxito en otras décadas. El fin de semana pasado, durante el Día Mundial del Disco, que se celebra desde hace una década en los Estados Unidos en paralelo al impresionante resurgimiento de los vinilos (y, por ende, del concepto de "álbum"), miles de personas colmaron las disquerías que aún resisten a Amazon (cuya lista de best sellers, dicho sea de paso, la encabezan los Bee Gees) para adquirir reediciones de discos que probablemente aparecieron por primera vez antes del nacimiento de sus nuevos oyentes. Los alemanes tienen una palabra, Fernweh, para describir la nostalgia por lugares donde nunca se estuvo antes. Puede decirse que la música genera un sentimiento similar.

En este auge por redescubrir el pasado se necesitan guías. Ernesto Gontrán Castrillón y Sergio Coscia acaban de publicar una buena: Los 138 discos que nadie te recomendó (Grijalbo), un libro donde rescatan del olvido algunas joyas de la música de la segunda mitad del siglo XX -del jazz al rock, incluso el nacional- que en su momento fueron eclipsadas por las obras cumbres de sus intérpretes o pasadas por alto por la crítica. En esta edición de La Nación revista, nos explican qué hace que una maravilla encuentre su justa valoración varias décadas después de haber sido creada, y nos orientan en la nostálgica búsqueda de esa música que hace tiempo, o tal vez nunca, escuchamos.

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