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Recreación de un escándalo revelador

Recreación de un escándalo revelador

Domingo 30 de abril de 2017
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PARA LA NACION
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Gonzalo Demaría rescata en su última obra, Juegos de amor y de guerra, un episodio de la historia nacional del que han pasado casi setenta y cinco años. En 1942, el famoso escándalo de los cadetes del Colegio Militar conmovió la sociedad civil y tuvo repercusiones profundas en la sociedad argentina. La pieza de Demaría se estrenó el martes pasado en el Centro de la Cooperación, dirigida por Oscar Barney Finn, con la notable Adriana Bonelli (una madre de familia patricia, descendiente teatral de las terribles Fedra y Medea), Luciano Castro (un teniente arribista, de origen italiano, hijo de un verdulero), el excelente Sebastián Holz (Celeste Imperio, inmigrante judío, travesti y procurer por necesidad), Santiago Magariños (el hijo cadete de la señora copetuda, víctima sacrificial) y Diego Vegezzi (un cadete, compañero de cuarto de aquél).

La historia de ese escándalo está muy bien investigada en Escritos sobre escritos, ciudades sobre ciudades, de Juan José Sebreli; además existe una abundante tradición oral sobre el tema. De acuerdo con esos relatos, un grupo de cadetes, reclutados con paciencia, astucia y seducción por una procurer travesti y una muchacha muy hermosa, eran invitados a fiestas en los departamentos de jóvenes de la clase alta donde se celebraban bailes durante los cuales las barreras de género se sorteaban con toda soltura y placer. La confraternidad sexual culminaba cuando se tomaban fotos de los cadetes desnudos, salvo por la gorra. Las fotos se usaban después para chantajear a la alegre muchachada. Uno de los modelos de esas imágenes denunció los hechos y se produjo un revuelo que llegó a la Justicia, al Senado y a las autoridades militares. Hubo expulsiones, suspensiones, bajas y un suicidio.

Demaría toma tan sólo el drama de uno de esos cadetes y eso le alcanza para retratar la mentalidad homófoba, clasista y xenófoba de la sociedad argentina, así como para mostrar la sed de violencia alimentada por el nacionalismo y los prejuicios que aún continúa. Hay una observación reveladora de la altiva señora al teniente arribista: "Sos un militar argentino que piensa como un alemán". ¿Por qué "alemán"?

En esos años de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno y el ejército eran progermanos. Por si fuera poco, las fuerzas armadas tenían una formación prusiana. En la primera y segunda presidencia de Roca, la influencia de Alemania en la educación de los militares nacionales fue creciente. La Escuela Superior de Guerra surgió de las tratativas de los gobiernos alemán y argentino para que los militares del Imperio tuvieran un papel preponderante en la incipiente institución bélica sudamericana.

Había, por otra parte, semejanzas no deseadas por los viriles militares locales entre el capítulo de los cadetes argentinos y algunas vicisitudes castrenses alemanas. Durante la llamada Noche de los Cuchillos Largos, Hitler eliminó en 1934 a las S.A., fuerza paramilitar que le había servido para subir al poder en 1933. El Führer lo hizo para satisfacer al ejército regular, al Reichswehr, que se lo exigía. Las S.A. eran dirigidas por Ernst Röhm, que había recibido en su organización a un número muy alto de homosexuales (él mismo era conocido como tal) y se había convertido en un peligroso rival de Hitler. El ejército alemán no quería tener competencia en el campo bélico y denunció las "perversiones" de las S. A.

La pureza de la Reichswehr era muy relativa. Durante el Imperio, entre 1907 y 1909, ya había estallado un escándalo homosexual en el que se vieron involucrados jóvenes de la aristocracia, oficiales del ejército alemán como el general Von Moltke y el mismo Guillermo II, emperador de Alemania y rey de Prusia. Von Moltke, su amigo el príncipe Philipp zu Eulenburg, influyente diplomático, y, tiempo después, el canciller, príncipe Bernhard von Bülow, todos estrechamente relacionados con el Káiser, fueron relegados bajo sospecha de prácticas inmorales. Guillermo II endureció su política exterior que, según la opinión pública, era "débil" y tomó una postura más "viril", que condujo a la Primera Guerra Mundial.

¡Qué poder de síntesis tiene la frase de la madre en la obra de Demaría! Sólo una madre letal como una pistola Luger es capaz de esa concisión.

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