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Macri, Trump y la revancha inmobiliaria

Diego Sehinkman

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PARA LA NACION@diegosehinkman
Domingo 30 de abril de 2017
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Fotos, sonrisas, elogios mutuos, recuerdos del golf compartido, duelo de estilos entre Juliana y Melania, agnelotis de limón y ricota, lenguado a la molinera con una salsa preparada con manteca marrón, perejil picado y limón y torta de chocolate. Pero si se le quita la cáscara a los 102 minutos de reunión entre Macri y Trump, la pulpa cabe en dos frases:

1) "Donald, tenemos limones y pozos de petróleo en Vaca Muerta, prestos a ser exprimidos. Creo que podrían interesarte."

2-) "¿Te acordás cuando, a fines de los años 80, junto a mi padre Franco, quisimos comprar una parte del proyecto inmobiliario Lincoln West, de Nueva York, pero vos nos corriste del negocio? Ahora tengo un sueño inmobiliario más ambicioso: alquilar la Casa Rosada por 8 años. Vos necesitás un líder regional confiable. Creo que podría interesarte."

Los mejores rindes están en el campo de golf. Si se juega con la persona adecuada, de una pelota sembrada hace 20 años en un lejano hoyo puede florecer un contrato. Macri se ilusiona: "La reunión fue maravillosa".

Para gobernar se necesita capital político. ¿Quiénes son los proveedores de este capital? El proveedor interno es el mismo gobierno con sus éxitos y el proveedor externo es la oposición, con sus involuntarios fracasos. ¿Cómo le va a Macri? Veamos: como proveedor interno logró ocupar con mayor firmeza el espacio público, sobre todo después de la marcha del 1° de abril. Pero la economía sigue siendo un serrucho: sube y baja. Si acaso creciera al 2,5 o al 3%, con esos números no se gana una elección. Por eso el gran proveedor de capital político es la oposición en todas sus versiones. Primero: el kirchnerismo empeora guión y elenco. Parrilli dijo que a Maduro lo condenan por sus aciertos, no por sus errores, "como a nosotros". Y con esa simple frase cementó la peor postal de Venezuela con Cristina. Ni a propósito la hubiera podido dañar tanto a la ex presidenta. Mientras, en Santa Cruz, Alicia se ve obligada a probar la comida del restaurant que su hermano abrió en el 91. Sabores fuertes. La Cámpora se dedica a buscar traidores en vez de buscar votos. Y Cristina, que en 2014 acusó a Ejército Islámico de tenerla amenazada y a Obama de poner en peligro su integridad física ("Si me pasa algo, miren al norte") ahora acusa a Fantino, Del Moro y Mariana Fabbiani de orquestar una campaña en su contra (el modelito encoge).

Segundo: el peronismo versión clásica está en pleno casting. Randazzo es el elegido, ¿pero tendrá rating? Tercero: Massa no da definiciones. Cuarto: el gremialismo. En la CGT empezaron repartiéndose culpas y casi terminan repartiéndose golpes.

Como un equilibrista, el presidente camina ya no sobre un alambre sino sobre un inestable serrucho, el de la economía. ¿Y cómo hace equilibrio? Con una barra estabilizadora impensada: la inestabilidad del peronismo.

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