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Las tecnología al servicio de las urgencias... del baño

Domingo 30 de abril de 2017
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LA NACION
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Foto: Sebastián Dufour

Y sí: hay preguntas que son excelsas, enriquecedoras, revolucionarias (en el sentido kuhniano de las revoluciones científicas, de más está decir). Son aquellas preguntas que recorren nuestros mitos y nuestras imaginaciones, pero que, ay, pocas veces llegan a nuestros laboratorios. No se trata de los bosones de Higgs, ni de la velocidad de los neutrinos o la función de los micro ARNs, sino de dudas que nos aquejan en la soledad de la madrugada,.

Basta de preámbulos, entonces: ¿es cierto que el ruido del agua nos da ganas de hacer pis? Y si es así, ¿por qué? Empecemos por el principio: parece ser real, al menos para muchísima gente. Lo curioso es que no hay investigaciones bien diseñadas y controladas para resolver este misterio del universo.

Para muchos grandes pensadores, este fenómeno no es más que un ejemplo de reflejo condicionado. Como siempre que vamos al baño escuchamos nuestro propio ruido hidráulico, luego de haber asociado esta pareja (ruido/micción) durante mucho tiempo -o más bien, casi toda la vida- es posible que el solo ruido genere un reflejo autonómico que active las vías urinarias.

Sin duda es una técnica usada por padres y hasta por enfermeras en los casos necesarios. Pero quizá sea la neurociencia la que deba emitir juicio, ya que en el fondo es un ejercicio de persuasión, una asociación inconsciente que dispara nuestros (bajos) instintos.

En todo caso, mucho se ha escrito y experimentado sobre los potenciales usos de la orina. Allí están los defensores de su uso farmacológico, basado sobre antiguas prácticas hindúes que aseguran que su bebida tiene grandes beneficios (nunca comprobados, eso sí). O el pasaje del fluido por una celda de combustible que separa el hidrógeno y constituye una verdadera batería. a pis. O experimentos que demuestran la presencia de células madre en la orina a partir de las cuales unos investigadores chinos lograron hacer crecer dientes. O por qué no probar a la orina como fertilizante, dada su alta concentración de nitrógeno.

Pero hechas la observaciones, aparece la tecnología, como una aplicación de celular recientemente publicada que, casualmente, genera ruido de agua corriente para aquellos momentos en que la vida parece como este diálogo de la película La juventud:

Michael Caine: -Fue una buena noche. Hice como dos o tres gotas.

Harvey Keitel: -¿Dos o tres?

M. C.: -Dos.

Según el artículo publicado en la revista PLoS One por un grupo coreano, esta aplicación (cuya misma función se había obtenido en un hospital de Nueva York en la época precelular de los 70 repartiendo auriculares en los hospitales), el llamado audio-catéter logró un aumento significativo del flujo urinario en los pacientes.

Pero hay más tecnología a la hora de hacer pis. O de no hacerlo, como cuando para escapar de alguien echamos mano a la excusa de "tengo que ir al baño", y ese alguien seguro que está del otro lado de la puerta escuchando nuestras verdades. La aplicación Pee Button viene al rescate, imitando ruidos de baño: se puede elegir de entre varios efectos de sonido; alguno va a sonarnos familiar.

Hay quienes son decididamente territoriales y necesitan saber dónde dejaron marca en la Tierra. Para ellos y ellas la aplicación Lugares donde hice pis (Places I've peed) permite marcar en un mapa nuestros lugares favoritos de evacuación, como un reporte de nuestras corridas y alivios.

Pero volvamos al comienzo: el ruido del agua y la persuasión. Hay más: no es necesario el ruido real, sino que incluso funciona el solo hecho de imaginarlo. Apuesto, entonces, que más de un lector nos ha abandonado hace rato con súbitas urgencias. Todo comienza con una buena pregunta científica.

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