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Berlín, la ciudad que se reinventa

Aunque pasaron más de 25 años de la caída del muro y de la reunificación, la capital alemana renueva su perfil día a día con la reconstrucción de edificios y nuevos proyectos

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LA NACION
Domingo 30 de abril de 2017
La histórica Puerta de Brandemburgo, símbolo de la paz y emblema de la ciudad
La histórica Puerta de Brandemburgo, símbolo de la paz y emblema de la ciudad. Foto: Carsten Rasmus/visit Berlin
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Berlín, la guerra, el muro. Pasaron más de 70 años del gran enfrentamiento mundial que dejó a Alemania en ruinas y ya se celebraron más de 25 desde cayó la gran pared que dividió a la ciudad -y al país- en dos. Pero todavía Berlín, la guerra y el muro son uno en cualquier visita por la ciudad.

Apenas se llega es inevitable preguntar de qué lado se está y buscar el testimonio de la guerra, todavía visible, en muchos edificios, especialmente del ex lado oriental (bajo el dominio soviético), con agujeros de bala en las paredes y todavía cerrados, destruidos, pendientes de restauración.

Porque la ciudad sigue en permanente reconstrucción. La gran excepción del Viejo Continente: prácticamente no hay nada antiguo. Se destruyó el 70% de la ciudad y se fueron reconstruyendo algunos sitios a imagen y semejanza de los originales y otros, con nuevos diseños y el estilo del nuevo milenio. Las obras siguen, el perfil de esta ciudad de vanguardia sigue modificándose en un proyecto sin fin. Ahora está en plena construcción el Palacio Real de Berlín, que se destruyó durante la guerra y se espera esté listo para 2019.

Y los alemanes también van cambiando. La perfección alemana que levantó a un país destruido y que logró ubicarlo como potencia mundial parecería que ya no es una meta primordial a alcanzar.

A nadie asombra que un tren se detenga durante más de dos horas en medio de la nada en una noche con temperaturas bajo cero y que no se informe lo que sucede.

Que la ampliación del aeropuerto berlinés Berlín-Brandemburgo Willy Brandt se transforme en una novela de corrupción y sobreprecios con un atraso en la inauguración de más de cinco años de la fecha prevista. O que la remodelación de la ópera Staatsoper Unter den Linden, la más importante de Berlín, de la que Daniel Barenboim es director general, se demore más años de lo proyectado.

Berlín es más humana, más real y muy amigable con los turistas.

Lo más probable es llegar a la ciudad en tren. Los vuelos directos de desde la Argentina por Lufthansa llegan a Fráncfort y Berlín está muy bien comunicada por tren con todo el territorio y los países cercanos.

Al bajar, la gran estación Berlín Hauptbahnhof impacta. Es de esos lugares a los que se debería visitar de todas maneras.

Fue construida para el Mundial de 2006 y es considerado el centro de transbordo más importante de la Unión Europea, con vías subterráneas y superiores, ascensores panorámicos, escaleras mecánicas y negocios.

Los tres centros

Para ubicarse en Berlín, si se va por primera vez, conviene tener como referencia los tres centros neurálgicos de la ciudad. Alexanderplatz, Potsdamerplatz y la zona de Kurfurstendamm. Cerca de ellos se concentra la mayoría de los imperdibles para visitar.

La icónica torre de la Televisión, en Alexanderplatz
La icónica torre de la Televisión, en Alexanderplatz. Foto: Visit Berlin

Alexanderplatz fue el centro de la Berlín Oriental en los tiempos comunistas. Después de la guerra, Alemania y Berlín quedaron divididas en cuatro zonas de ocupación. Berlín Occidental, en manos de norteamericanos, ingleses y británicos, quedó como una isla dentro de la zona soviética, la tierra anhelada, símbolo de libertad a la que muchos querían llegar.

Para evitar el escape de la noche del 12 agosto, a la mañana del 13 de agosto de 1961, el gobierno de la República Democrática Alemana levantó el muro que estuvo en pie durante 28 años, hasta 1989 que cayó y dio lugar a la reunificación alemana en 1990.

Allí está la Torre de la Televisión, uno de los símbolos de la ciudad junto con la Puerta de Brandemburgo, que se construyó como torre de comunicaciones. Con 368 metros, fue durante años la segunda antena más alta de Europa, después de la torre de la Televisión de Moscú. Se puede subir al mirador que está en la esfera en la punta de la torre para una vista de la ciudad.

La zona tiene varios centros comerciales, con marcas renombradas de Europa y el mundo y es un buen lugar para probar el currywurst por cuatro euros en alguno de los puestos callejeros. El currywurst es algo así como el plato de fastfood preferido: una salchicha gruesa cortada en trozos y bañada con una salsa con curry. Aquí el pancho no corre.

A unas pocas cuadras de Alexanderplatz se puede visitar la catedral de Berlín, que fue reconstruida, y subir después de unas cuantas escaleras, hasta la cúpula, que regala una vista de la ciudad y a una altura que se distinguen claramente las construcciones cercanas. También está permitido visitar la cripta, con varios ataúdes, entre ellos el del primer rey prusiano, Federico I.

A pasos de la catedral se llega a la famosa Isla de los Museos, con cinco grandes espacios dedicados al arte y a la historia. Los recomendados son el Museo de Pérgamo, de arqueología, para ver el altar de Pérgamo, del siglo II a.C. y la Puerta del Mercado de Mileto. Lo habitual es hacer una hora de fila para entrar al museo... paciencia. El otro imperdible es el Museo Nuevo, donde se destaca la colección egipcia con la estatua de Nefertiti.

Viaje al futuro

Potsdamer Platz revivió muchos años después de la caída del muro. La zona, una de las más modernas, era un cruce de cinco importantes calles y edificios prestigiosos que quedaron muy dañados por la guerra. Luego el muro atravesó la actual plaza y el área se convirtió en un desierto por el que nadie se atrevía a pasar. Con la reunificación se construyeron los edificios más modernos y vanguardistas de Berlín, como el Sony Center, con una estructura futurista.

El Sony Center, nuevos aires en Potsdamer Platz
El Sony Center, nuevos aires en Potsdamer Platz. Foto: Visit Berlin

Una linda caminata para hacer en estos días primaverales es desde Potsdamer Platz, bordeando el Tiergarten, el gran parque de Berlín, hacia el norte. El circuito une los más importantes emblemas de la ciudad. Primero, el memorial del Holocausto, para recordar a los judíos asesinados, que se inauguró en 2005. Es un monumento poco convencional: 2711 bloques de hormigón de diferentes alturas por el que cada visitante elige su camino. El centro de información es subterráneo, con historias de los deportados y asesinados.

Siguiendo hacia el norte, después de cruzar la Puerta de Brandemburgo, se llega al Reichstag. La cúpula de cristal, obra de Norman Foster, a la que se puede acceder es de los sitios más visitas de Berlín, pero requiere reservas con mucha anticipación.

El tercer centro berlinés es sobre la avenida Kurfurstendamm, habitualmente llamada Ku'Damm, tan famosa como Unter den Linden, la avenida que desemboca en la Puerta de Brandemburgo.

En la época del muro fue el centro de la Berlín Occidental y aunque ahora perdió un poco de atractivo frente a la nueva Potsdamer Platz, concentra tiendas de lujo, locales de moda, electrónica, deportes y el KaDeWe, el Harrods de Berlín.

La avenida, que se extiende por tres kilómetros, comienza a metros de la ex Iglesia evangélica Kaiser Wilhelm Gedächtniskirche, donde se produjo el atentado en el mercado navideño que se organiza en la puerta, en diciembre último. La iglesia, destruida durante la Segunda Guerra Mundial, se mantiene en ruinas como símbolo de la paz y la reconciliación.

Tras el muro

Los rastros del muro están por todo Berlín. En algunos sitios apenas quedaron marcadas en el pavimento las huellas de la gran pared de 155 kilómetros que abrazó Berlín Occidental y partió al medio la ciudad.

Y en otros, todavía se mantienen en pie pequeños fragmentos. El mejor lugar para saber más sobre su construcción, el brutal cambio en la vida de los vecinos y la caída es en el Memorial del Muro de Bernauer Strasse.

El Memorial del Muro en Bernauer Strasse
El Memorial del Muro en Bernauer Strasse. Foto: Andrea Ventura

En la zona norte de la ciudad, sobre la avenida Bernauer Strasse en una extensa zona de más de cuatro cuadras largas hay una reconstrucción del muro y sectores interactivos con testimonios de la vida en los tiempos de la guerra fría. Historias de alemanes que perdieron su casa, que convivieron a metros del muro, que saltaban por las ventanas de los edificios para pasar el Oeste, separaciones, muertes. Al principio cuesta entender por dónde empieza el recorrido y cómo se debe seguir. Las ideas se ordenan después, cuando se visita el centro de información, un gran edificio al otro lado de la calle, con un mirador en el último piso desde donde se ve el muro.

En realidad, la división de Berlín en dos estaba formada por dos muros separados por aproximadamente 15 metros en el medio, con otra pared interna, cables de alarma, alambre de púas y torres de seguridad a lo largo de la muralla, para que los agentes de la RDA pudieran ver con facilidad a los que querían escapar al Oeste.

Otro de los lugares, quizá muy turístico, es Checkpoint Charlie, el histórico paso fronterizo entre Berlín Oriental y Occidental en la céntrica Friedrichstrasse. Desde 2001 hay una réplica del cartel que años atrás advertía a los ciudadanos: Está abandonando el sector americano y una caseta con un soldado vestido como entonces para la foto.

Justo al lado está el Museo del Muro de Checkpoint Charlie, otro lugar para saber más sobre la construcción de la gran pared. Siguiendo por Niederkirchner se puede ver un fragmento del muro de casi 200 metros y la exposición al aire libre Topografía del Terror, que recuerda las atrocidades de la época nazi. En esa zona estaban los cuarteles del gobierno de Hitler

En en la calle Mühlenstrasse en la rivera del río Spree, a lo largo de 1300 metros del antiguo muro, la East Side Gallery concentra pinturas y graffitis, como el beso del líder ruso Leonid Brezhnev y Erich Honecker, de la República Democrática Alemana.

El muro sigue presente, resignificado, en la nueva Berlín, la ciudad que nunca se deja de hacer.

Datos útiles

Cómo llegar

Lufthansa vuela a diario hasta Fráncfort. El pasaje cuesta desde 13.000 pesos. Hasta Berlín, desde 14.100 pesos.

Si se prefiere en tren, el tramo Fráncfort-Berlín cuesta 44 euros.

Transporte

Lo más conveniente para moverse es el subte. El pasaje cuesta 2,70 euros y 7 euros el pase diario. En las estaciones venden la Welcome Card, que vale la pena si se va a usar mucho el sistema de transporte público. La tarjeta por tres días para metro y ómnibus cuesta 30 euros. www.berlin-welcomecard.de

En taxi, la bajada de bandera, cuesta 3,90 euros. Luego, 2 euros por kilómetros; más de 7 kilómetros, se reduce a 1,5 euro.

Visitas

Isla de los Museos. El pase para visitar los cinco museos de la isla en un día cuesta 18 euros. Están abiertos de 10 a 18.

Catedral de Berlín (Berliner Dom). La entrada para la visita, que incluye la cúpula, el museo y la cripta, cuesta 7 euros.

Con vista al Reichstag y la nueva cúpula de cristal diseñada por Norman Foster
Con vista al Reichstag y la nueva cúpula de cristal diseñada por Norman Foster. Foto: AP

Reichstag. La vista a la terraza y la cúpula del Reichstag es gratuita, pero requiere reservar con 15 días de anticipación como mínimo en la Web www.bundestag.de/en/

Memorial del Muro. La entrada es gratuita. Se vista en primavera/verano, de martes a domingo de 9.30 a 19 (en invierno, hasta las 18). Bernauer Strasse 111. www.berliner-mauer-gedenkstaette.de/en/

Museo del Muro en Checkpoint Charlie. Entrada, 14,50 euros. Abierto todos los días, de 9 a 22. Friedrichstrasse 43. www.mauermuseum.de

Más información

www.visitberlin.de/es

Los patios secretos

Parece una puerta común de un edificio común. Pero los que saben, empujan el picaporte y descubren patios internos abiertos al público, con cafecitos, restaurantes, tiendas de diseño y mucha vida cultural. Los Hackesche Höfe, construidos a principios del 1900, están en el antiguo Barrio Judío de Berlín, ahora la zona céntrica de Mitte.

Son ocho patios intercalados en un gran complejo de edificios de estilo modernista y se accede por la esquina de Rosenthaler y Oranienburger, como entrada principal.

También hay otros más pequeños.

Con la deportación de los judíos, la guerra y el muro, los patios quedaron olvidados y deteriorados. Recién en 1990, con la reunificación alemana, fueron restaurados y se convirtieron en sitios de moda, tanto de día como de noche.

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