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Los cristianos sufren en un país polarizado

Viernes 28 de abril de 2017
PARA LA NACION

TÚNEZ.- Este año esta siendo durísimo para la comunidad cristiana copta de Egipto, convertida en el nuevo blanco de la fanática crueldad de Estado Islámico . Los coptos ya recibieron de luto la llegada de 2017, tan sólo días después de un atentado en la catedral de San Marcos de El Cairo, la sede papal, que dejó 29 muertos. A principios de año, una campaña de asesinatos sectarios en el norte de la turbulenta península del Sinaí forzó el éxodo de centenares de familias cristianas. Y por último, el Domingo de Ramos, dos ataques suicidas en Tanta y Alexandría volvieron a sembrar de sangre las iglesias, dejando 47 víctimas mortales.

"A pesar de los recientes atentados, el Papa decidió no cancelar el viaje para poder consolar a los cristianos egipcios y mostrar así también su solidaridad", explica en una conversación telefónica el padre Antoine Rafik Greiche, vocero de la Iglesia Católica en Egipto.

Se calcula que aproximadamente un 10% de los más de 90 millones de habitantes de Egipto son coptos, es decir, cristianos. De éstos, la gran mayoría, más de un 85%, pertenecen a la Iglesia Ortodoxa, bajo la égida del papa Teodoro II. El resto se divide entre católicos, protestantes y otros ritos ortodoxos. En concreto, los coptos católicos forman una comunidad de varios centenares de miles de personas en Egipto. "La relación entre ambas iglesias es buena, se han superado las tensiones existentes durante el papado precedente, de Shenuda III. El papa Teodoro II es una persona abierta y amable", explica Greiche.

Después de haber dirigido sus ataques contra las fuerzas de seguridad, la filial egipcia de EI, Wilaya Sina ("provincia del Sinaí"), ha puesto en la mira a la minoría cristiana, a la que acusa de "infiel" y de apoyar al régimen de Al-Sisi.

Su objetivo es, por una parte, crear fisuras dentro de la sociedad egipcia, demostrar que el Estado no es capaz de proteger a su minoría copta y exacerbar los odios intercomunitarios. Egipto, sobre todo en el sur del país, atesora un largo historial de reyertas sectarias.

En todo caso, la voluntad inicial del viaje de Bergoglio es reforzar el diálogo con el islam, concretamente con la Universidad de Al Azhar, basada en El Cairo. En 2011, el gran imam de Al Azhar rompió relaciones con el Vaticano a raíz de unas declaraciones de Benedicto XVI en las que instaba a las autoridades a proteger mejor a los cristianos después de un atentado contra una iglesia de Alejandría. La llegada de Francisco suavizó las tensiones y en febrero se retomó la cooperación con un acto en El Cairo.

La polémica con Ratzinger muestra hasta qué punto el Papa deberá andar con pies de plomo en Egipto, una sociedad polarizada tras el golpe de Estado de 2013. "Quizá viene en un momento apropiado, teniendo en cuenta que la retórica antimusulmana es predominante a nivel internacional y en Egipto, pero todo dependerá de lo que diga -apunta el analista Wael Eskander-. Al-Azhar no es un ejemplo de moderación... y el régimen de Al-Sisi es muy sectario y opresivo, por lo que no sería oportuno alabarlo mientras miles languidecen en las cárceles y el gobierno es incapaz de proteger a las minorías cristianas."

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