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El sueño de Colón no se detiene y suma siete victorias seguidas: qué hay detrás del gran suceso de 2017

El equipo santafecino se impuso con goles de Vera, Pereyra y Blanco (2); está a tres puntos de la cima

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PARA LA NACION
Sábado 29 de abril de 2017 • 15:45
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El festejo de Colón
El festejo de Colón.

Colón sigue inmerso en su sueño. Y los hinchas prefieren no despertar. ¿Por qué despertar si así está bien? El equipo está de racha: con el triunfo de ayer frente a Sarmiento, un contundente 4-0 en Junín, está a tres puntos de Boca, el líder, que hoy se enfrentará con Arsenal. Además, por primera vez en Primera División el sabalero ganó 7 cotejos consecutivos; ya sumó 42 puntos -lo que lo aproxima a la zona de los que evitarían seguir mirando la tabla de los que pueden descender- y el ingreso en alguna copa internacional no es algo imposible. Es como soñar despierto frente a la realidad que en la reanudación del torneo no parecía alentar este presente de semejantes expectativas. Nadie puede dejar de reconocer que este plantel se armó con un objetivo que -a pesar del éxito que exhibe- no ha cambiado: el pedido de directivos y simpatizantes es mantener la categoría. Es la prioridad. Si producto de esa campaña, que lo transformó en inesperado protagonista del torneo, se accede a un lugar para disputar alguna copa, bienvenido sea.

Claro -es indiscutible- que el entusiasmo por este presente contagia al "pueblo" sabalero que disfruta la campaña porque además mira de reojo el presente de Unión, su tradicional adversario, sumido en un desconcierto, mucho más después de aquella victoria sabalera en el escenario tatengue por 2 a 0. Hasta eso se sumó para que la alegría se muestre casi completa. Porque falta el segundo clásico, esta vez de local, para cerrar un primer gran semestre.

Varios fueron los aciertos

Como se sabe, este plantel está escribiendo una página ilustrada de la historia rojinegra, para un club que sabe de descensos, pero que también conoce de luchas por ascender y sostenerse. Para este presente hay algunos elementos que no pueden soslayarse. El primer acierto fue la elección del cuerpo técnico: Eduardo Domínguez (38 años), el defensor que abandonó abruptamente la práctica activa del fútbol en 2015 y se transformó poco después en entrenador de Huracán. Entre tantos candidatos ofrecidos tras el apuro que generó la ida de Paolo Montero a Rosario Central, con los resultados a la vista, nadie puede ocultar el mérito de los dirigentes, que confiaron en el hijo político de Carlos Bianchi y sus colaboradores.

En silencio comenzó a armar una estructura de equipo, basado en lo que sostienen los manuales; primero, la columna vertebral; un arquero (Jorge Broun) que genere seguridad al equipo; dos centrales (Germán Conti y Guillermo Ortiz) que sostienen cualquier intento cerca del área; dos volantes centrales (Pablo Ledesma y Gerónimo Poblete) que juegan donde más rinden (con Paolo Montero estaban a la deriva), y Diego Vera en el ataque, aunque éste parece haber encontrado en Nicolás Leguizamón un acompañante de lujo. Y el resto acompaña, pero bien -a veces muy bien-, como Facundo Pereyra con sus centros, o Iván Torres y Clemente Rodríguez (por fin recuperado y respaldado) por el carril izquierdo.

Lo del uruguayo Vera merece un párrafo aparte: es otro acierto que se le debe reconocer al presidente Néstor Vignatti. Él se empecinó en este refuerzo. Lo esperó, lo convenció. Y hay un dato relevante: en ningún equipo anterior Vera había convertido cuatro goles en cuatro partidos consecutivos como lo logró jugando en Colón. Va camino a convertirse en otro ídolo del club. Tiene esa garra "sabalera" que lo distingue.

Pero el equipo no son individualidades puestas en un terreno de juego sólo para jugar. Hay estrategia de vestuario, de entrenamiento, y convicción de que se puede ser protagonista en todo momento si primero se cree en la idea. Colón la tiene, pero agregó algo que en torneos pasados no se le observaba al equipo. Este conjunto es solidario, es decir, Vera queda mano a mano con el arquero adversario, pero en la jugada siguiente rechaza de cabeza en su área con un tiro de esquina del adversario; lo propio hacen -aunque a la inversa- Conti y Ortiz. La gente reconoce el despliegue con mucha efectividad y contundencia de Ledesma y Poblete, para cortar y pasar al ataque. En síntesis: el fútbol es improvisación, lo impensado; pero cuando las ideas están claras, mucho mejor.

Eduardo Domínguez resume su pensamiento con un par de conceptos. "Creo mucho en trabajar la cabeza. Si uno está bien en ese aspecto, no existen los límites", asegura. Si creemos que con esto nos alcanza, va a ser más complicado en el futuro. Somos humildes. No nos creemos más de lo que somos; ahí está nuestro trabajo", se confiesa.

Otras cuestiones que identifican a este Colón "sensación", como lo definen, es que el 75 por ciento de sus goles, en esta última parte del torneo, los consiguió de jugadas con pelota parada. Es decir, producto del trabajo en los entrenamientos, aún cuando muchas veces se impuso por la mínima diferencia.

El entrenador sabalero tiene claro el presente. Después del séptimo triunfo consecutivo, Domínguez reflexionó: "Creo que el equipo acentuó la personalidad con que viene jugando los partidos. Hay que mirar para adelante y seguir trabajando para mejorar", apuntó. Y es así; el trabajo ordenado, consciente, sin estridencia, a Colón le está dando resultados. E invita a soñar a su gente.ß

Los goles de Colón

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