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Un abrazo en desafío a todos los extremismos

Sábado 29 de abril de 2017
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EL CAIRO.-Las imágenes valen mil palabras. Y los abrazos que se dieron ayer el Papa y el gran imán, jeque Ahmed el-Tayeb, rector de la Universidad de Al-Azhar, la institución teológica y de instrucción religiosa sunnita -que representa al 85% de los musulmanes del mundo- y la más antigua universidad islámica, lo dicen todo.

La misión de Francisco es promover la paz y ayudar a los musulmanes moderados a aislar a los extremistas del terror, en un momento de barbarie que sacude no sólo esta zona del mundo.

Las imágenes de Francisco y El-Tayeb -a quien llamó "hermano"-, juntos, fueron vistas ayer por millones en el mundo árabe. Egipto le está dando una cobertura impactante, minuto a minuto, a la visita de 27 horas de Francisco.

Cuando el Papa recibió el año pasado en el Vaticano a El-Tayeb -un clérigo moderado con quien se encuentra en sintonía y ha establecido una relación personal fluida- explicó que la reunión en sí había sido el mensaje. La visita, de hecho, marcó un hito diplomático para el Vaticano. Al-Azhar había cortado relaciones con la Santa Sede en 2011, cuando Benedicto XVI -que en 2006 asoció el islam con la violencia- exigió a Egipto que protegiera más a su minoría cristiana, luego de un ataque a una iglesia.

Ayer, la presencia en Al-Azhar de Francisco también fue el mensaje. Pese al temor por su seguridad, el máximo líder de los católicos había aceptado una invitación del mayor centro cultural del islam sunnita a una conferencia de paz organizada por ellos. Un mensaje directo tanto a los extremistas como a los cristianos, que en los últimos años han debido escapar de esta zona del mundo al verse el blanco de una persecución.

"El islam no es una religión de terrorismo, porque una minoría que ha interpretado mal algunas leyes haya empezado a matar a la gente y aterrorizar a los inocentes", aseguró El-Tayeb en su discurso. La máxima autoridad de Al-Azhar, centro que instruye a miles de imanes, significativamente coincidió con Francisco en señalar la necesidad de ver de dónde provienen los fondos que alimentan a los fundamentalistas. Aunque ninguno lo dijo, se sabe que Arabia Saudita, cuyo régimen promueve la doctrina wahabbita, base del extremismo, es quien más aporta dinero.

Desde el inicio de su pontificado, Francisco llamó al diálogo y a una "cultura del encuentro" para superar cualquier conflicto. Su apuesta ahora, seguramente arriesgada, es ayudar a los musulmanes moderados. Hay quien cree, como Samir Khalil, un jesuita egipcio y reconocido islamólogo, que Francisco es ingenuo porque el islam sigue siendo "una religión de la espada", que no se ha modernizado. Es más, algunos acusan a Al-Azhar de ser cuna de algunos imanes radicales.

Hay quien cree que Francisco se está metiendo en una interna musulmana peligrosa. En el explosivo rompecabezas también juegan el presidente Al-Sisi, otro moderado, enemigo declarado del grupo de los Hermanos Musulmanes, muy fuerte en Egipto. Su líder, el ex presidente Mohamed Morsi, fue destituido en un golpe en 2013.

Pero a Francisco, quien ha ganado credibilidad entre los musulmanes, le gusta jugarse en persona, arriesgarse.

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