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Feria del Libro: Javier Cercas presenta su última novela, El monarca de las sombras

El escritor español investigó y desnudó allí el pasado franquista de su propia familia; hoy, a las 18, dialogará en el stand de La Nación con Nicolás Cassese

Sábado 29 de abril de 2017
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LA NACION
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Foto: Diego Spivacow AFV

Como buen aficionado al tenis, el escritor español Javier Cercas divide al mundo entre aquellos con las características de Rafael Nadal -tozudos, esforzados, máquinas programadas para no rendirse nunca- y los que salieron con el don de Roger Federer, elegantes y talentosos al punto de ganar sin despeinarse. "Yo soy como Nadal, de dar pelea, pero la escritura que me gusta es la que es como el tenis de Federer, la que parece fácil", dice durante una entrevista antes de la presentación que tendrá hoy, a las 18, en el stand de La Nación en la Feria del Libro i.

Esa "literatura que parece fácil, que no suena a literatura" es la que admira en Adolfo Bioy Casares, uno de los tantos escritores argentinos que Cercas leyó con atención y, además, otro fanático del tenis.

La metáfora tenística es pertinente. Cercas jugó torneos serios en su juventud y alguna vez escribió que recién cuando abandonó el sueño de ser tenista se "resignó" a ser escritor. De aquel pasado le quedó el recuerdo de la buena derecha que, dice, supo tener y el valor de la disciplina. "El tenis es una disciplina que sirve para todo, y la escritura también es una disciplina. Solo sabes hasta donde puedes llegar cuando aplicas esa disciplina. Yo aprendí mucho del tenis. Siempre cito a (Albert) Camus que decía que todo lo que sabía de moral lo había aprendido jugando al fútbol. Todo lo que yo sé sobre moral lo aprendí jugando al tenis", explica.

Esa disciplina es la que, en épocas de escritura, lo empuja a levantarse temprano para cumplir con su rutina: luego de salir a correr, se encierra doce horas en su escritorio, de 8.30 de la mañana a 8.30 de la noche, y escribe. Dice que allí hay jornadas frustrantes, infiernos en que las palabras no salen, pero también, días eufóricos.

"Escribir -explica- es a veces un sufrimiento y a veces diversión. Es una pasión y la pasión te da momentos de euforia, orgásmicos, y te da momentos de furia. Es una forma de vivir más compleja y más intensa. Escribir es vivir más. Vivir a través de los personajes, de una vida que vas creando. Un escritor que está encerrado en su despacho no está aislado, está metido en el mundo. Es más, siento que el mundo verdadero es ese. El yo de verdad es el yo del libro. El otro es un impostor. El que está dando esta entrevista, por ejemplo, soy yo, pero es un yo menos yo que el del libro."

De esa máquina de producción que es Cercas, de ese Nadal de las letras, salieron ocho novelas. Una de ellas, Soldados de Salamina, se publicó en 2001, cuando Cercas ya estaba por cruzar el umbral de los 40 años, y le cambió la vida. La elogió Mario Vargas Llosa, fue un éxito inesperado y Cercas pudo dejar su carrera como profesor de literatura española para dedicarse a aquello que su carencia de éxito en el tenis lo había empujado a elegir: la escritura.

Siempre con el trasfondo de la historia española reciente y una presencia activa del narrador que a veces es el propio Cercas y otras veces se le parece bastante, tuvo otro hito en Anatomía de un instante, un libraco de 500 páginas donde disecciona con lupa de entomólogo el fallido golpe de Estado que el 23 de febrero de 1981 casi acaba con la naciente democracia española. Aquel libro terminó siendo un hipnótico diálogo de Cercas con su propio padre.

Ahora, en El monarca de las sombras, su última obra, le tocó a su madre. Cercas sale detrás de la pista de Manuel Mena, un tío abuelo suyo que se alistó en las tropas franquistas y murió en un combate de la Guerra Civil española cuando apenas tenía 19 años. Mena era muy cercano, casi un hermano mayor, de la madre de Cercas y el escritor creció escuchando los cuentos que en su casa circulaban sobre el héroe familiar. Pero, como hombre de izquierda, había algo de ese relato heroico que a Cercas no le cerraba, que incluso lo avergonzaba, y esa fue la intriga que impulso su investigación.

"La pregunta -dice- era muy simple: ¿Por qué un chico como Manuel Mena se alista en una guerra injusta y muere del lado equivocado? ¿Y por qué mi madre me hablaba tanto de él? Para ella era un héroe. Un hombre valiente que había salido a defender, la patria la familia, la religión. Era su primer muerto."

-Hay que ser valiente para hurgar en el pasado franquista de tu propia familia

-Es que escritor cobarde debería ser un oxímoron. Un escritor que no corre riesgos no es un escritor, es un escribano. El escritor es un torero, se la tiene que jugar. La literatura es un juego, pero es un juego donde uno se lo juega todo. Como el torero, tiene que arrimarse y a veces te pillan.

-¿Puede ser que en tus libros haya un elogio del antihéroe, de aquellos que, en lugar de una muerte heroica, eligen negociar con la vida y llegar a viejos?

-Ojalá lo hubiera. También hay una paradoja en mis libros: por un lado hay una exploración de los héroes, pero sueño con una vida política aburrida. Yo soy partidario del aburrimiento máximo. Fanático, de un aburrimiento suizo, o como mínimo escandinavo. La pasión y la diversión no tienen que venir de la vida pública, tienen que venir de la privada. Del amor, de los libros. Cuando metes las pasiones en la vida pública hay problemas. Me encanta la política prosaica, lo más aburrida posible. Lo que pasa que a la hora de la verdad, cuando las cosas vienen mal dadas, alguien tiene que decir que no. Y en el momento en que alguien dice que no, empieza el momento de los héroes. Está esa maldición china que dice que ojalá te toque vivir tiempos interesantes. Yo quiero vivir tiempos nada interesantes, pero me fascinan los tiempos interesantes. Quizás porque la literatura puede prepararnos para vivirlos. Soy de estos ingenuos que creen que la literatura es útil.

-¿Para qué?

-Es un depósito de experiencia, y eso es útil. Tener la experiencia de Madame Bovary o del rey Lear es muy útil.

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