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Jockey casi por azar, premiado por ser el mejor aprendiz y ahora protagonista de la fiesta del 1° de mayo en Palermo

Un caballo de andar dolorido fue el punto de partida del camino que llevó a Gustavo Nicolás Villalba, de 20 años, a obtener el premio Pellegrini al mejor novato de 2016, ganar clásicos y ser una de las figuras de la gran del República Argentina

Domingo 30 de abril de 2017 • 00:14
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Con la distinción Carlos Pellegrini al mejor jockey aprendiz de 2016.
Con la distinción Carlos Pellegrini al mejor jockey aprendiz de 2016.. Foto: Gentileza Jockey Club

Se llama Gustavo pero le dicen Nico, por su segundo nombre. Para la tribuna, en el momento de los gritos que enciende un final, es simplemente "Villalba" o "¡Villalba viejo nomás!". Tiene 20 años y ya es jockey. Una ráfaga de triunfos lo llevó de 0 a 120 carreras ganadas, con lo que se graduó en cinco meses y medio.

El chico de San Pedro monta caballos de carrera desde los 15 y tendrá su bautismo en una gran jornada cuando salga a correr a la potranca Giuliet Seattle en el Gran Premio Jorge de Atucha, el primero de los cinco clásicos de Grupo 1 que el turf se acostumbró a ofrecer cada 1° de mayo a una multitud que excede los márgenes burreros. Casi la única actividad deportiva de la fecha. "Es una potranca de Carlos Bani. Debutamos ganando hace un mes, bien, y ahora tenemos todas las expectativas. Los pronósticos la dan de enemiga. Trabajo con Bani desde que estaba en la escuela y ahora más que nunca", relata este morocho de 1,60m ("hace mucho que no me mido") en el Paddock de Palermo, el hipódromo que vivirá su gran fiesta.

Pero Villalba está curtido, en un curso acelerado que incluye triunfos en las categorías más altas y, sobre todo, por el hecho de haber sido elegido Aprendiz del Año en 2016, la máxima distinción en las carreras. "El Pellegrini fue una alegría; estuve en la terna con dos compañeros que salieron conmigo, Cristian Montoya y Emiliano Siniani. Todos pensaban que iba a ganarlo yo", comenta, sin petulancia.

Hace cinco años, un hecho fortuito le había apurado el destino: "Mi familia tiene caballos de andar, de trabajo, yo ni conocía los de carrera. Se dio que teníamos que curar a uno y no conseguíamos el medicamento, entonces fui al stud de Horacio Armendáriz y le pregunté si podía tratarlo; con él empecé a relacionarme con los puros. Tenía 10 años, pero recién a los 15 me dejaron montarlos. El cuidador [Armendáriz] siempre me enseñaba y me decía que me anotara en la escuela. Él mismo me inscribió, me trajo y me dejó en el stud de Luis Fragale, que me dio trabajo. Vivía en el stud. Al otro día de entrar en la escuela cumplí los 16."

Un vértigo como el del caballo que alcanza los 60 km/h también se mete en ese aprendizaje de Villalba. "Estuve dos años en la escuela, porque nunca había corrido y en mi camada había chicos más adelantados, Iván Monasterolo, Diego Acuña, que ya tenían estadísticas ganadas afuera. La escuela te manda a correr al interior los domingos, Azul, Tandil y Entre Ríos, traés el video y en clase te corrigen. A medida que vas evolucionando te van dando chances y cuando estás listo salís. En el interior es una competencia sacrificada, muy riesgosa, se corre con más pica. Acá más prolijo, más profesional; aquí todos tienen sus cosas [habla de las mañas], pero hay mucha calidad. Gané varias carreras en el interior".

Héctor Libré, director de la Escuela de Aprendices de San Isidro, le soltó las alas y otra vez lo inesperado. "Iba a debutar con una yegua de Armendáriz en Palermo y vine un rato antes con mi familia; era la 8ª carrera. Pero en la 6ª faltó el jockey para un caballo de La Plata de Edgardo Mondazzi, que venía corriendo poco. Mondazzi, que ni me conocía, me preguntó si ya había corrido y le respondí que debutaba en la 8ª. «Bueno, cambiate y corré al mío», me dijo. Te imaginás la emoción, llegaba la hora". El cuento puede cerrar así, el estreno se anticipó una hora. Pero no. "Ese caballo terminó ganando y con la yegua de Armendáriz entré segundo después. Se llama Lord Voldemort -cómo olvidarlo-". El epílogo de la historia es casi de guión para el cine. "Al final gané la primera con Mondazzi. y me recibí de jockey con un caballo de él, en La Plata", revela Nico. La victoria 1 y la 120, las más importantes de su vida, tienen a un mismo entrenador como hilo conductor. Un cuidador que conoció en el hipódromo y que cinco meses y medio más tarde ya se parecía a un padre.

De aprendiz con 0 victorias a jockey graduado después de 120 primeros puestos, en cinco meses y medio
De aprendiz con 0 victorias a jockey graduado después de 120 primeros puestos, en cinco meses y medio. Foto: Carlos Lares

"Pudo ser en menos tiempo [la graduación], porque estuve cinco días en un campeonato de aprendices en Brasil (fue 3° en una de las carreras) y diez días después me llevaron a Dubai, para seguir el torneo en Abu Dhabi, con caballos árabes; ahí sólo participamos", desmenuza sin magnificar el dato, sin sentirse un elegido; no un elegido de los dioses, al menos, sino por gente más terrenal. "Teníamos que ir al campeonato uno de los cuatro que egresamos juntos, Montoya, Siniani y [la jocketa] Luján Ascogna. Se hizo una votación entre los chicos de la escuela. Hubo otra etapa en Italia pero no pude ir por compromisos acá y fue Lucas Berticcelli".

Con Dulce Sam, Villalba ganó el Clásico Partícula, aún en tiempos de aprendiz, y con Euzko Bilbaíno, al que entrena Bani, se llevó el Clásico Laffue, en San Luis, y varios handicaps en Palermo. Hoy, vive a dos cuadras del hipódromo de San Isidro. Sus padres quedaron en San Pedro. "Mi mamá, Natalia, es ama de casa, y mi papá, Gustavo, trabaja en albañilería y como pintor. Tengo dos hermanas, Eliana, la mayor, y Sol, de 13. Ellos están contentos, me felicitan cuando gano. y cuando no gano también, porque quieren saber cómo estoy. Todos los días me dicen que me cuide. Siempre tengo conmigo una virgencita, al Gauchito Gil y le pido a Dios antes de salir a correr y cuando volvemos también. Hay que hacer sacrificios a esta edad pero uno debe saber cuándo puede darse algún gusto". Entre las cosas que Nico posterga está el estudio, aunque su sonrisa sugiere que ese sacrificio no es tan grande como el de privarse de salir a bailar. "Empecé el secundario en San Pedro, abandoné en cuarto año. Por ahora no puedo seguir. A mis amigos de San Pedro los veo, vamos a comer cuando estoy allá. Van a la agencia de carreras a verme, me escriben, me llaman; algunos conocían las carreras y otros se están metiendo por mí".

Ocurre que el trabajo es de todos los días, a la mañana en los ensayos y a la tarde frente a las tribunas. "Los lunes vengo a Palermo a trabajar caballos de Antonio Marsiglia, Miguel Gallina, y los martes voy a San Isidro, principalmente para los caballos de Bani. Trabajo doce o trece caballos cada mañana", desmenuza. La rutina de los jockeys, que se acentúa cuando uno ya se hizo ver.

Y como todos, a Villalba le toca vivir ahora el momento en que se tiene menos demanda, una vez que deja de contar con la ventaja de descargar kilos, que tenía como aprendiz. "Y sí, bajan las montas de golpe; antes tenía muchas y ahora hay semanas de 30 caballos y otras de 10". Un bache inevitable en la campaña, pero que no le va a impedir ponerse las botas, los breeches, la chaquetilla y el casco, para ser uno de los protagonistas de la gran tarde de Palermo.


DATOS ÚTILES

Dónde. Hipódromo Argentino de Palermo. Av. del Libertador y Dorrego, Ciudad de Buenos Aires. Entrada gratuita. Desde las 12.40 hasta las 21.30.

Grandes Premios. República Argentina (12a carrera, a las 18.20), Criadores (7a, 15.45), De las Américas (9a, 18.45), Jorge de Atucha (3a, 13.45) y Montevideo (5a, 14.45).

Además. Jugadas con pozos adicionales por más de 8 millones de pesos en toda la jornada.

Para todo público. Gastronomía: "Apetito, Festival Gourmet". Arte: "Turf y Moda", muestra fotográfica de Gustavo Di Mario, que junto con diseñadores de indumentaria presentarán creaciones inspiradas en la vestimenta de los jockeys.

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