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La marcha del clima alimenta la resistencia a Trump

Una masiva manifestación en Washington contra el cambio climático sumó reclamos contra el presidente

Domingo 30 de abril de 2017
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LA NACION
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Miles de manifestantes, ayer, en Washington en contra del cambio climático
Miles de manifestantes, ayer, en Washington en contra del cambio climático. Foto: Reuters / Mike Theiler

WASHINGTON.- Joyce Lindley, una mujer que aparenta unos 70 años, se subió a un ómnibus en Rochester, Nueva York, anteayer, un rato antes de la medianoche, para viajar hasta la Marcha del Clima, en Washington, donde caminó bajo un calor abrasador.

"Estoy muy vieja para esto, pero todavía estoy acá. He estado acá desde Vietnam", dijo.

Decenas de miles de personas colmaron las calles de Washington para la tercera protesta en dos semanas contra Donald Trump, quien voló en el avión presidencial a Harrisburg, en Pensilvania, para celebrar sus primeros 100 días de gobierno con un acto calcado a los de su campaña.

La Marcha del Clima fue la mayor manifestación contra la presidencia de Trump desde la Marcha de las Mujeres, un día después de su asunción. Cerró una seguidilla de tres protestas que mostraron este mes el músculo de "La Resistencia", y mantuvieron la presión sobre Trump en tres temas calientes: su decisión de ocultar su declaración jurada; su bajo respaldo a las ciencias, y la última, ayer, por su ofensiva para desmantelar el andamiaje montado por Barack Obama para combatir el cambio climático, proteger el medio ambiente y reducir el uso de combustibles fósiles.

"El clima es uno de los temas más importantes. Y cualquier cosa que llame la atención de este hombre horrendo, no voy a decir su nombre, que se robó la elección, estoy ahí. Sé que no le gustan las marchas", afirmó Lindley.

La manifestación convocó a unas 200.000 personas en Washington y tuvo "marchas hermanas" en 370 ciudades de Estados Unidos, según los organizadores. Leonardo Di Caprio marchó a la cabeza de la protesta, como lo había hecho en 2014, en Nueva York, en la movilización más grande de la historia para reclamar por la preservación del planeta.

El motivo fue el calentamiento global, pero los muñecos, las pancartas y los mensajes dejaron en claro que en realidad era una marcha contra Trump.

La Marcha del Clima mostró el colorido, la producción y la diversidad que suelen caracterizar a las manifestaciones en Estados Unidos. No hubo incidentes, y se vieron pocos policías que acompañaron con su mirada el lento andar de la columna que se movió desde el National Mall por la avenida Pensilvania -cubierta de punta a punta- hasta la Casa Blanca.

Jacinta Stewart, una artista de 51 años, preparó un vestido del que colgaban enredaderas artificiales, que combinó con una corona de flores y hojas de plástico. Se levantó a las 4 de la mañana para pintarse lágrimas en la cara. Al mediodía estaba en el Mall junto a su par, Leonardo Cox. Llevaban una pancarta: "La Tierra llora".

"El calor está convirtiendo las lágrimas de mentira en lágrimas de verdad", bromeó. "Cada voz importa, y nosotros estamos llorando con la Tierra. Cuando la gente se vuelve silenciosa, se terminó. Siempre hay esperanza en las voces", agregó.

Un grupo de nueve jóvenes se había tomado el trabajo de estampar en unas remeras imágenes con la temperatura de la Tierra para nueve años entre 1880 y 2010 tomadas por la NASA para demostrar, desde el celeste inicial al anarajando final, el calentamiento global. Otros dos se disfrazaron de dinosaurio, y marcharon con un cartel que decía: "No hay Planeta B".

Las manifestaciones tuvieron su centro en las ciudades del país, enclaves cosmopolitas, donde el rechazo a las políticas de Trump vuela alto: el 65% de la gente que vive en ciudades desaprueba su gestión, según una encuesta de Gallup. Por el contrario, el 64% de la "clase blanca trabajadora" y el 54% de la "clase media rural" lo respalda.

Esa polarización quedó al descubierto, otra vez, ayer: mientras las ciudades marchaban contra Trump, decenas de miles hacían fila en Harrisburg, un pueblo de Pensilvania, para escuchar a la persona en la cual depositaron sus esperanzas.

Al pasar frente al Trump Hotel, sobre la avenida Pensilvania, la multitud empezó a gritar "¡vergüenza!, ¡vergüenza!" Unos segundos después, cambiaron el canto: "¡Trump apesta! ¡Trump apesta!"

Un hombre vestido con bermudas, musculosa blanca, gorra y anteojos oscuros miraba a la multitud parado, recostado en una valla, con unos policías parados cerca suyo. Sostenía un cártel escrito en letras mayúsculas: "Fuck Trump".

Varias organizaciones indígenas se sumaron a la protesta. Una de las decisiones más criticadas de Trump fue la luz verde al oleoducto Dakota Access, que cruza la reserva Sioux Standing Rock en Dakota del Norte. Un grupo de mexicanos, del grupo de danza azteca Anahuac, viajó desde Filadelfia, en Pensilvania, para marchar y bailar con vestimentas ceremoniales aztecas.

"Trump sólo quiere guerrear, él está peleando a favor del petróleo y el carbón. Es una cosa estúpida. No quiere luchar para que el agua no esté contaminada, no quiere respetar lugares sagrados de los indígenas. Esto sirve, mirá cuánta gente hay acá", dijo Javier Santamaría, 40 años, antes de ponerse su corona de plumas.

Al salir para Harrisburg, la ciudad que eligió para su propio acto, enclavada en el "país del carbón", un periodista le preguntó a Trump cuál era su mensaje para los manifestantes: "Disfruten el día. Y el clima", respondió.

Advertencia a Pyongyang

Durante una entrevista con la cadena CNN, el presidente norteamericano, Donald Trump, afirmó ayer que un nuevo test nuclear del régimen de Corea del Norte no lo haría feliz. "No me haría feliz que él (Kim Jong-un) haga una nueva prueba nuclear", dijo Trump. "¿Eso significa acciones militares?", preguntó el periodista de la CNN. "No lo sé; ya veremos", respondió el jefe de la Casa Blanca horas después de un nuevo lanzamiento fallido de un misil norcoreano.

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