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Inmigrantes en Estados Unidos: la antesala de un destino incierto

La fotógrafa Lucy Nicholson retrata la espera de personas que dependen de un juicio para ser deportadas o no en el Centro de Detención de Adelanto, el más grande de California

Los detenidos se ejercitan en una zona de recreo en el centro de detención de Adelanto
Los detenidos se ejercitan en una zona de recreo en el centro de detención de Adelanto. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Martes 02 de mayo de 2017 • 18:59
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Roberto Galán, de 33 años, le pagó 3000 dólares a un traficante de humanos para que lo hiciera ingresar por primera vez de contrabando a Estados Unidos desde El Salvador en 1997, cuando era un adolescente.

Desde entonces, ha sido deportado dos veces y volvió a ingresar en ambas oportunidades.

Ahora aguarda nuevamente los trámites de deportación en una celda del Centro de Detención de Adelanto, cerca de San Bernardino, California, junto a más de 1800 de inmigrantes que también esperan su audiencia o la deportación tras ser arrestados por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por su sigla en inglés).

Galán, condenado en California por venta de marihuana y posesión de arma de fuego, tiene asignado el uniforme rojo de Adelanto que lo identifica como un detenido de "alto riesgo": alguien que ha cometido un delito grave y ha pasado tiempo en una cárcel estatal o federal. Otros llevan uniforme azul, que implica que no tienen condenas graves en su haber o sólo por delitos menores, o uniforme anaranjado, que denota delitos más graves pero que no llegan a ser considerados un crimen.

"No quiero que me deporten. Quiero quedarme en Estados Unidos con mi familia", dice Galán desde el centro donde está detenido desde hace 20 meses. La madre, la esposa y los dos hijos pequeños de Galán son residentes legales en Estados Unidos. "Ellos están mal, porque queremos vivir juntos", expresa.

Galán está a la espera de una decisión sobre su última apelación, que debe resolverse este mes.

"Acá hay gente que pelea su caso durante dos, tres, cuatro años o más, y al final les niegan todo", dice Galán desde el mayor centro de detención de inmigrantes ilegales del estado de California.

Tras su asunción en el mes de enero, el presidente norteamericano Donald Trump firmó un decreto sobre seguridad fronteriza que, entre otras cosas, pide la deportación inmediata de los inmigrantes ilegales no bien son arrestados y que permanezcan detenidos hasta que se concrete su deportación.

Un alambrado concertina rodea el Centro de Detención de Adelanto, que es administrado por el Geo Group Inc., una empresa con sede en Florida que es propietaria, alquila o administra varios correccionales y centros de detención.

Algunos de los detenidos de Adelanto conversan durante la comida, frente a sus platos de arroz y porotos, mientras otros permanecen sentados solos en silencio. Dos hombres comparten un par de auriculares para ver televisión. Otros juegan al dominó.

Alrededor de 240 de los detenidos en Adelanto son mujeres. En uno de los dormitorios, una detenida se acurruca en su cama para leer una novela, mientras otra dobla ropa. Otras dos mujeres leen las noticias sobre una huelga de hambre en un centro de detención en Tacoma, estado de Washington, más de 1600 kilómetros al norte.

Los detenidos de Adelanto tienen acceso a una biblioteca legal online, una clínica médica, servicios religiosos, y un sector recreativo donde pueden jugar al fútbol y al básquet. En el sector de visitantes hay un inmenso mapamundi colgado en la pared.

El centro de detención también cuenta con seis salas judiciales, donde jueces federales de inmigración presiden las audiencias de deportación en persona o por videoconferencia.

David Marin, alto funcionario del ICE en Los Ángeles, dice que desde la asunción de Trump muy poco ha cambiado en el funcionamiento cotidiano de Adelanto.

"No se han producido cambios significativos desde el cambio de gobierno", dice Martin. "Seguimos enfocados en arrestar a los inmigrantes ilegales que han cometido delitos. Nuestro compromiso con la seguridad pública es ése", afirma.

Fotos de Lucy Nicholson/Reuters

Texto de Daniel Wallis/Reuters

Edición fotográfica de Dante Cosenza

Traducción de Jaime Arrambide

El inmigrante salvadoreño Roberto Galán, de 33 años
El inmigrante salvadoreño Roberto Galán, de 33 años. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Un detenido descansa sus manos en la ventana de su celda en el ala de segregación
Un detenido descansa sus manos en la ventana de su celda en el ala de segregación. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Un grupo de detenidos
Un grupo de detenidos. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Las posesiones de detenidos en el área de ingreso al centro de detención
Las posesiones de detenidos en el área de ingreso al centro de detención. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Las esposas aguardan en la entrada al centro de detención
Las esposas aguardan en la entrada al centro de detención. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Un planisferio se ve en la pared de la zona de visitas
Un planisferio se ve en la pared de la zona de visitas. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
La entrada al comedor del centro de detención
La entrada al comedor del centro de detención. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Un inmigrante lleva comida a una celda para los detenidos entrantes
Un inmigrante lleva comida a una celda para los detenidos entrantes. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Los detenidos pueden comunicarse a través de teléfonos públicos
Los detenidos pueden comunicarse a través de teléfonos públicos. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Una mujer detenida descansa en su celda
Una mujer detenida descansa en su celda. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
El consultorio médico para mujeres detenidas
El consultorio médico para mujeres detenidas. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Un detenido en su celda en el área de segregación
Un detenido en su celda en el área de segregación. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Una mujer detenida lee en su celda
Una mujer detenida lee en su celda. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
Un cerco de alambre de puas rodea el centro de detención
Un cerco de alambre de puas rodea el centro de detención. Foto: Reuters / Lucy Nicholson
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