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Montenegro, un sorpresivo desafío para el Kremlin

El ingreso a la OTAN del pequeño país balcánico, rechazado por Rusia, es estratégico para los aliados del organismo

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El País
Miércoles 03 de mayo de 2017
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MADRID.- El ingreso de Montenegro a la OTAN, que se formalizará a fin de mes, fue aprobado el viernes pasado en el Parlamento por 46 de los 81 diputados, la mayoría del partido en el poder. El grueso de la oposición, que exigía un referéndum, intentó boicotear la votación y organizó una protesta, apoyada sobre todo por los partidos prorrusos y proserbios.

Los manifestantes quemaron banderas de la OTAN y tildaron a los aliados de "organización terrorista" que había atacado a su país.

El aporte militar de Montenegro a sus nuevos aliados no es gran cosa (tiene 2000 militares). Sin embargo, con el mapa en la mano, se trata de un golpe maestro. Los aliados pasan a controlar toda la costa del mar Adriático, desde Eslovenia hasta Grecia, lo que tiene implicaciones importantes sobre la seguridad en el Mediterráneo y el sur de Europa. Además, suman el puerto de Kotor, el principal del país, un antiguo anhelo ruso por su privilegiada situación para controlar el tráfico marítimo.

Como era de esperar, Rusia lamentó la decisión. La vocera de la cancillería, Maria Zajarova, dijo que se trata de "un ingreso artificial" que alerta de la situación política y militar en Europa. "Se llevó a cabo sin considerar la opinión de los ciudadanos", lamentó. Hay quien considera que el gobierno de Vladimir Putin intentó alterar el rumbo de Montenegro (13.000 km2) con algo más que palabras. En noviembre pasado, el fiscal Milvoje Katnic dijo haber abortado, con la detención de unas 20 personas, un intento de golpe de Estado que incluía el asesinato del primer ministro, Milo Dukanovic.

El fiscal sostuvo que dos nacionalistas rusos lo habían planeado todo, aunque eso no demuestra necesariamente que Moscú estuviera detrás de lo ocurrido. La revelación, sea cierta en parte o en su totalidad, demostró más bien la inestabilidad del país.

Foto: LA NACION

El analista en asuntos balcánicos Tim Judah sostiene que la decisión de Montenegro responde a la necesidad de blindarse de una injerencia extranjera -en este caso de Serbia, no de Rusia-. También señala que un buen número de los que se oponen a la entrada en la OTAN son nacionalistas serbios, los mismos que rechazaron en 2006 la independencia. "No quieren que les pase como a Ucrania con Rusia. Ahora Serbia no es una amenaza para ellos, pero quién sabe si lo será en 10 años", añade Judah.

De todos modos, Rusia no cortará de raíz sus relaciones con Montenegro. Los rusos no necesitan visado y veranean masivamente en sus playas, donde hicieron grandes inversiones inmobiliarias. Borja Lasheras, director en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, dice que la estrategia rusa pasa por magnificar la decadencia de Europa y revolver las discrepancias de la guerra, pero si los líderes balcánicos decidieran unirse a Occidente, el plan cambiaría. "Los rusos seguirán manteniendo lazos importantes con las elites de estos países, como Montenegro, e intentarán influir en Europa desde dentro del sistema, como un caballo de Troya", concluye.

El País, SL

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