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Mejor celebrar la democracia

LA NACION
Miércoles 03 de mayo de 2017
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Desde 2006, el 24 de marzo es un feriado nacional por iniciativa del entonces presidente Néstor Kirchner. Su intención fue conmemorar el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, en honor a las víctimas del proceso iniciado en esa fecha en 1976. Mantener vivo el recuerdo es esencial. El problema es que esta fecha invisibiliza muchas víctimas. En el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado figuran, además de 7300 muertes a partir del 24 de marzo de 1976, otras 1271 muertes durante el gobierno democrático previo, sumando 8571 víctimas mortales identificadas hasta ahora.

Si queremos fijar una fecha para el inicio del plan de represión ilegal, podría ser el 25 de septiembre de 1973. Ese día fue asesinado el dirigente sindical José Ignacio Rucci a manos de Montoneros, solo dos días después de la aplastante victoria de Juan Domingo Perón en las elecciones presidenciales. Hugo Gambini cuenta que Perón se enfureció y decidió responder con un "somatén" (esta palabra de origen catalán se refiere a un cuerpo de gente armada no perteneciente al ejército). Las fuerzas paramilitares de la triple A comenzaron a operar en octubre de 1973. Luego de la muerte de Perón, el 1º de julio de 1974, no sólo continuó la acción de la triple A, sino que el gobierno de Isabel involucró a las Fuerzas Armadas, delegándoles la tarea de aniquilar la acción terrorista al margen de todo control judicial.

El 24 de marzo es tóxico porque ese día de 1976 un golpe de Estado tiró abajo una democracia joven, inexperta y conflictuada. En lugar de eso, podemos conmemorar el 10 de diciembre. Ese día del 83 la democracia argentina renació de sus cenizas cuando asumieron los representantes nacionales, provinciales y municipales ungidos por el voto popular.

Ese 10 de diciembre recuperamos también la Constitución nacional como base del Estado de Derecho, con su garantía del debido proceso que desapareció durante la espantosa represión ilegal de los 70: "Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. (...) Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes". Como señala además Pablo Sirvén, ese día en 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Estos derechos tienen rango constitucional desde 1994.

La década del 70 es aleccionadora porque muestra los horrores a los que podemos descender cuando los fusiles y la lucha armada reemplazan el diálogo y la democracia como forma de solución de conflictos. El maximalismo de dirigentes que no supieron llegar a compromisos con los que pensaban distinto llevó a toda la sociedad a hundirse en el infierno. Mucha gente valiosa murió antes de tiempo: a las víctimas de la represión ilegal del Estado se suman unas 750 víctimas mortales de las organizaciones guerrilleras. Estas heridas siguen abiertas. Pero tanto sufrimiento ha servido, al menos, para que la sociedad argentina se mire al espejo y diga que nunca más quiere volver a eso. En su recuerdo, conmemorar el 10 de diciembre puede ayudar a unirnos sin distinción de partidos tras nuestro querido proyecto en común, la República Argentina.

Consejero académico del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal) y profesor en la Universidad del CEMA

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