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Gabriel Pellegrino, el presidente de Gimnasia: "No podíamos seguir así, debíamos sincerarnos"

El titular de la entidad platense se refirió a los dirigentes que lo antecedieron en el cargo: "Se optaba por lo más fácil y no se hacía lo que correspondía"; admitió que su sueño es tener un "club ordenado"

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PARA LA NACION
Miércoles 03 de mayo de 2017
Gabriel Pellegrino
Gabriel Pellegrino. Foto: LA NACION / Santiago Hafford
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LA PLATA.- Son casi las tres de la mañana y Gabriel Pellegrino sigue jugando a la PlayStation con uno de sus dos hijos. Mira la hora, sonríe y acepta un partido más. "Si me puedo dar el lujo de disfrutar de esos recreos es porque las cosas están bien", confiesa el actual presidente de Gimnasia y Esgrima La Plata quien, además, dirige su propia empresa. Siempre odió madrugar y ya no lo necesita: los días de repartidor de leche quedaron atrás. "Hoy, por suerte, manejo mis tiempos. Prefiero dormir hasta más tarde y después trabajar hasta la noche", afirma este platense, de 47 años. El mismo que tomó una decisión histórica para los destinos del Lobo: que el club pidiera la convocatoria de acreedores.

Pellegrino no esquiva el tema del concurso preventivo. Al contrario: lo baja al llano, para que todos comprendan de qué se trata: "Es un reordenamiento de la deuda. Es poner blanco sobre negro la situación financiera de la institución: qué debe, a quién le debe y determinar cómo se va a pagar".

De chico vivía en El Mondongo, un barrio bien tripero, a unas cuadras de la cancha. Cuando piensa en su infancia y en su adolescencia, se imagina en el Bosque viendo algún entrenamiento o alentando desde los tablones. "Hasta los 20 años, Gimnasia ocupó un gran lugar en mi vida, pero como hincha. A partir de esa edad empecé a prestarle más atención a lo institucional y me di cuenta de que muchas decisiones no me gustaban o, directamente, no me representaban", cuenta Pellegrino. En 2007 se decidió y se presentó como candidato a presidente, aunque perdió por apenas 16 votos. Esa derrota, exigua y dolorosa, no lo alejó ni desanimó: aportó ayuda financiera y soñó con un cambio que nunca se produjo. El año pasado fue por la revancha y la historia fue diferente.

-¿Por qué decidió ir otra vez por la presidencia?

-Nos dimos cuenta de que desde afuera se puede colaborar, pero no se puede educar y nosotros queremos cambiar la manera de gestionar. La ayuda no alcanzaba porque lo que debíamos modificar era el modelo de club. Los vicios y errores se repetían y comprendimos que no hay mejor ayuda que involucrarse, participar, pero desde adentro.

-¿Cómo encontró el club?

-Muy desordenado. Maltratado. Gimnasia tiene problemas económicos desde hace 20 años. No se pueden firmar cosas que sabés que no vas a poder pagar nunca; acá se hacía eso y el problema era para la comisión siguiente. Nuestra intención es que los que vengan encuentren un club prolijo y no que se tengan que ocupar de solucionar problemas. Que tenga la ventaja de encontrar una institución ordenada y la responsabilidad de superarnos. Aunque parezca mentira, en esta institución faltaba sentido común.

-¿En qué cuestiones?

-Se optaba por lo más fácil y no se hacía lo que correspondía. A los empleados, que son los que hacen que el club funcione, se les debía cuatro o cinco meses de sueldo y ahora están al día. El plantel estaba en una situación parecida y hoy estamos cerca del ideal. Gimnasia no era una institución confiable porque la palabra valía poco y eso tenía que cambiar. A veces, un llamado alcanza: aparecer y decir "no puedo" es mejor que nada.

-¿Pedir la convocatoria de acreedores tuvo que ver con reconocer la situación?

-Sí, por suerte la ley nos lo permitió. Si bien no es para festejar, es una herramienta para empezar a solucionar 20 años de maltratos. Gimnasia no podía seguir así, debía sincerarse. Hubiese sido mejor no tener que utilizarla, pero debemos pensar el club hacia adelante. Estábamos siempre pensando para atrás, tapando baches, y dijimos basta. Ahora, gracias a la convocatoria, estamos en cero y pagaremos las cuotas de la deuda sin generar un nuevo déficit. Apuntamos a una gestión ordenada, moderna y transparente. La vieja forma de gestionar nos llevó a esta situación y ni siquiera sirvió para crecer en otros aspectos: no conseguimos logros deportivos y las pocas obras que se hicieron fueron bancadas por los socios. Gimnasia tiene muchos ingresos, a diferencia de lo que se cree, pero ha tenido muy malas administraciones. Es increíble que hoy debamos aproximadamente 300 millones de pesos (NdeR: el número no es exacto porque restan las definiciones de algunos juicios).

-¿Cuál es el proyecto futbolístico?

-Apunta a que el equipo que juegue tenga ocho o nueve jugadores producto de las divisiones inferiores. Que los juveniles sean la base del plantel y que se busquen refuerzos puntuales, que sirvan para jerarquizar. Hay que dejar de traer por traer.

-¿Cómo ve al equipo en la actualidad?

-Bien. Los que están identificados con el club, casos Rinaudo, Licht, Lobos, Chirola Romero, están dando un plus; los refuerzos se adaptaron sin problemas; y los más chicos, que ya no son tan chicos, están acompañando, como Martín Arias, Guanini, Perdomo...

-El contrato de Alfaro termina en junio, ¿la idea es que siga al frente del proyecto?

-Sabemos que en el fútbol mandan los resultados, pero nuestra idea es ir más allá. Cuando llegue el momento charlaremos con él para ver si todas las partes estamos de acuerdo con el proyecto. Nosotros pensamos que Alfaro es un buen técnico y creemos que nuestro modelo de club le va a gustar.

Superación no es una simple palabra para Pellegrino, es la acción que el presidente intenta poner en funcionamiento en Gimnasia. Entonces, entre sus principales metas aparece llegar a los 50 mil socios activos, que las canchas de Estancia Chica tengan riego por aspersión, disponer de una cancha de fútbol de césped sintético, que el hockey tenga su alfombra y romper con el dogma de que el resto de las disciplinas que se practican en la institución son deficitarias. "Queremos que el club jerarquice sus disciplinas y, por qué no, que el día de mañana haya cinco o diez deportistas de nuestro club representando a la Argentina en los Juegos Olímpicos", dice y enciende el discurso, se le ilumina el rostro.

-¿Cuál es su sueño como presidente?

-Mi gran sueño es que Gimnasia sea una institución ordenada y respetada, que esté entre los siete u ocho clubes más importantes de la Argentina. Podría decirte que mi sueño es que salga campeón, pero eso tiene que ser una consecuencia de lo otro y no al revés. No es salir campeón y se terminó. Por supuesto que me gustaría ganar una Copa o ganar cinco clásicos seguidos, pero para llegar a eso se necesita trabajo. Mi sueño, resumiendo, es un club ordenado. Desde hace mucho que, dirigencialmente, en el club se cometen más errores que aciertos y así es muy difícil.

Una mirada positiva de la nueva AFA. "Es un cambio sustancial: una AFA abierta, representativa y que no tendrá problemas en pedir ayuda. Ya no tenemos un mandamás: se puede opinar".

La Argentina y el camino rumbo a Rusia 2018. "Lo que le pasa a la selección es producto de mucho tiempo de desorganización. De lo contrario, no se explica cómo todavía no se encaminó la clasificación al Mundial, teniendo a varios de los mejores jugadores del mundo. El desorden se paga en la cancha".

La violencia, un problema social que afecta al fútbol. "Hoy me parece imposible eliminar la violencia, porque la violencia está en la sociedad y no en el fútbol en particular. Para que cambie el fútbol debe evolucionar el país. Si hay pibes que no entienden que una vida vale más que un par de zapatillas es porque estamos lejísimos de vivir en paz".

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