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La ópera Bomarzo, del Teatro Real madrileño para todo el mundo

La obra de Alberto Ginastera basada en la novela de Manuel Mujica Lainez se presenta por estos días en la sala lírica española, como parte de los homenajes al músico argentino; mañana se podrá ver, en vivo y gratis, por streaming

Jueves 04 de mayo de 2017
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PARA LA NACION
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MADRID.- El jurado declaró un empate técnico. En 1964, dos argentinos recibían el premio John F. Kennedy: Julio Cortázar, por Rayuela, y Manuel Mujica Lainez, por Bomarzo. Este último le envió a su compañero de distinción una carta a París para felicitarlo. La respuesta de quien encontraba en el lenguaje un patio de juegos, no demoró en llegar. Cortázar lo invitó a publicar juntas ambas novelas y llamarlas Boyuela o Ramarzo. Desde entonces, así como Oliveira recorre el mundo con su cosidad ("ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo"), el duque de Orsini arrastra su angustia por el planeta. Estos alaridos emergen de las páginas de la novela para hacerse audibles en una ópera, gracias a la magia de Alberto Ginastera. Bomarzo se presenta en estos días en el Teatro Real Madrid, en coproducción con De Nationale Opera de Amsterdam, con la régie del joven alemán David Afkham.

"Manucho" Mujica Lainez viajaba por el mundo como cronista de LA NACION. En 1958 conoció un destino que lo perturbó: el sacro bosque de los Monstruos, en Bomarzo, Italia. En la provincia -curiosa coincidencia del topónimo con un nombre propio tan relevante para las letras argentinas- de Viterbo, este parque fue construido a mediados del siglo XVI por Pier Francisco Orsini, duque de Bomarzo. Las esculturas talladas en piedra, aún intactas, inquietan a sus visitantes. ¿Qué condujo a este noble renacentista a escapar a la estética de su época para poblar su jardín de monstruos, imágenes demoníacas, deidades y animales exóticos? Manucho escribió una monumental novela narrada en primera persona por el duque, nacido en 1512, para construir una tragedia sobre el destino (con la interpretación del horóscopo y el poder de los astros sobre nuestras elecciones), la ambición y la inmortalidad. Poco después de publicada, Ginastera quiso utilizar la historia para su segunda ópera (la primera, Don Rodrigo, había sido estrenada en Nueva York, con Plácido Domingo). El mismo Manucho escribiría el libreto.

Bomarzo, una ópera en dos actos, construida con quince cuadros, es un relato retrospectivo en la antesala de la muerte del duque (interpretado por el británico John Daszak), quien cree haber bebido una pócima para la inmortalidad. La palabra "siempre" emerge de modo reiterado, así como el sustantivo "angustia". En esos instantes previos a su muerte, la acción visita episodios clave que forjaron la vida del duque, el segundo de tres hermanos, un hombre marginado por su deformidad física, pero también perseguido por sus propios demonios a causa de sus errores y crueldad.

Bomarzo está impregnada de sexualidad. "El sexo es sólo utilizado para hablar de temas más graves", sostiene sobre esta versión la crítica del diario español El Mundo. Y así es: hay travestismo, se alude a la impotencia masculina o un padre arroja su hijo a una prostituta. El amor verdadero sólo aparece en los personajes secundarios, en forma de amor cortés. Así se destaca la soledad de un hombre que fue aislado por el mundo, huérfano, y que es sólo (mal) aconsejado por una abuela ajena de toda ternura.

El duque se siente, encerrado en su laberinto, hermanado con el Minotauro, y a él le canta en busca de respuestas. Nadie quiere, aun con su poder, ser Bomarzo. "No me cambio en la pobreza por el duque de Bomarzo", entona un madrigal un niño pastor al comienzo y final de un relato circular que invoca así también la eternidad. Ginastera escribió una partitura donde proliferan formas tradicionales y otras atonales. El coro, que no aparece jamás en escena, acecha al duque cuando adquiere el timbre de un eco fantasmal para luego convertirse en el magistral alarido con el que cierra el primer acto. Bomarzo es una pieza expresionista. Hay elementos de Edward Munch, con su famoso cuadro El grito, y también de Franz Kafka, con esos monstruos inclasificables que rondan el escenario. El director de escena Pierre Audi respeta la aparición de los siete hombres, presentados en el programa de mano como "siete edades", que simbolizan siete momentos de la vida -de la involución moral y de la degradación física- del duque.

El 19 de marzo de 1967 se estrenó Bomarzo en Washington, con la presencia del vicepresidente Hubert Humphrey y el senador Ted Kennedy. Esa misma temporada se presentaría en el Colón, pero el régimen de Juan Carlos Onganía la prohibió, en un acto torpe que se convirtió en un emblema de la censura de su gobierno. Mujica Lainez y Ginastera bromeaban con que el motivo de la prohibición recaería en la música, ya que la novela se continuaba vendiendo. En la Argentina recién se estrenaría en 1972, en una versión que fue televisada, y luego en 1984 y en 2003.

La imponente puesta de Bomarzo en Madrid traslada al espectador a una galaxia onírica y ni bien comienza la función cae en esa madriguera, tal como lo hace Alicia. Dos elementos atractivos y distintivos de esta versión le aportan un gran dinamismo a un relato complejo. El primero es el cuerpo de baile de hombres y mujeres. Los bailarines se transforman en pavos reales, en monstruos, fantasmas y máscaras, para aportarle, según el cuadro, sensualidad o una impronta grotesca. El segundo, un sofisticado diseño escenográfico construido con bloques que emergen y adquieren diferentes alturas. También existen diversas profundidades de la caja para recrear distintos ambientes y sitios, como un lúgubre bosque con relieve ondulado. Hay que destacar también la pantalla gigante que recrea geografías y atmósferas, con la proyección de imágenes abstractas, esotéricas, lúdicas (un logrado trabajo se realiza con el esqueleto que aterroriza al protagonista). El vestuario se distancia tanto del siglo de la acción como del momento de la composición de la ópera: un pantalón de cuero y un motoquero con casco en mano, quizá sean desaprobados por un purista.

Bomarzo es una pócima que perturba los sentidos, un mosaico de signos y símbolos que mantiene en vilo al espectador, un elixir de sonidos e imágenes que gritan y arañan un rasgo humano perenne: la soledad.

Los datos para acceder a la transmisión

Mañana, con ocasión de los European Opera Days, se emitirá Bomarzo en vivo, de modo gratuito, por streaming. Dada la diferencia horaria (en Madrid la función comienza a las 20), en la Argentina se verá a la 14.55 de mañana. Se podrá acceder a la transmisión por las plataformas de Palco Digital (palcodogital.com) y The Opera Platform (theoperaplatform.eu).

La realización de Bomarzo es sólo uno de los homenajes que brinda España a Alberto Ginastera, ya que en la Fundación Juan March se realizarán dos conciertos dedicados al músico argentino.

A su vez, la Biblioteca Nacional de España lleva a cabo la exposición Bomarzo: donde los monstruos no mueren, y en el Teatro Real se ofrece una muestra sobre manuscritos y grabaciones fonográficas de las primeras versiones de la ópera.

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