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El extraño mundo de los premios amateur

Un viaje con el cineasta Néstor Frenkel hacia el reencuentro con Jorge Mario, personaje fetiche de sus documentales y uno de los protagonistas de Los ganadores, obra que retrata un microcosmos de pequeños grandes éxitos

Frenkel mira desde atrás la toma con Mario, que sostiene el rifle durante el rodaje de Amateur (2011)
Frenkel mira desde atrás la toma con Mario, que sostiene el rifle durante el rodaje de Amateur (2011).
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PARA LA NACION
Domingo 07 de mayo de 2017
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Jorge Mario no matiza su enojo. Como todos los viernes desde hace veinticinco años, empieza su programa Encuentro cinematográfico, en una FM de Concordia, Entre Ríos, con la lectura de los auspiciantes. De fondo, suena un patchwork de canciones que el mismo editó, entre las que se encuentra Footloose. Inmediatamente, despliega un arsenal de quejas frente a lo que cree que son actitudes prosaicas: "Fueron muy mal vestidos a recibir su premio. Pienso que los ganadores no tienen respeto a ni a sí mismos ni tampoco a una ceremonia tan magna del cine nacional en un premio como el Sur, que se precia de ser como el Oscar de la Academia de Hollywood."

***

El reloj marca las 14:20. Está desincronizado, como sucede en la mayoría de los ómnibus de larga distancia. Es mediodía, todavía quedan al menos dos horas de viaje. La ruta va liviana, apenas pasan unos pocos camiones, ninguno con las clásicas inscripciones familiares. El cineasta Néstor Frenkel alterna la mirada entre el paisaje, que le es familiar, y la pantalla de su celular, a la espera de tener señal para hacer una videollamada con su hija. Luego de pasar por Concepción del Uruguay, comenta: "Acá casi nos matamos". Fue en 2006. Iban junto a su esposa, Sofía Mora, también cineasta, a filmar Construcción de una ciudad. Como el auto venía sobrecargado por los equipos, una de las ruedas tocó una chapa y los arrastró hasta el otro carril. La ruta 14 todavía no era autovía. Frenkel hizo una maniobra, sin apretar el freno, y por un suspiro, se salvaron de chocarse de frente contra un camión. "Fue un volantazo del destino", dice.

Dos años antes, había exhibido su primer largometraje, Vida en Marte, en un Bafici Itinerante en Santa Fe. Acababa de terminar Buscando a Reynolds, así que aprovechó y se tomó unos días de descanso en el Litoral. Un poco por su carácter inquieto y otro tanto por una sensibilidad inconsciente, alerta a la búsqueda de nuevos escenarios, escuchó la historia de Federación y supo que ahí había algo. En 1978, con la excusa de la construcción de la represa de Salto Grande, el gobierno militar sumergió la ciudad de Federación y diagramó una nueva a tres kilómetros. Frenkel siguió la pista de filmaciones de ese tiempo que permitieran, junto a los testimonios, reconstruir los acontecimientos.

Jorge Mario tuvo en Construcción de una ciudad una participación breve. Allí se lo ve narrar, desde un sillón, sus grabaciones en Super-8. Las notas y afiches, a propósito del estreno, daban cuenta de la galería de personajes que, en pantalla, expresaban nostalgia frente a la dislocación de su territorio. No aparecía Mario, que después se transformará en el personaje insigne de Amateur (2011) y semilla de Los ganadores, el documental que acaba de estrenarse en Malba y Gaumont. "En algún punto, Mario me cambió la vida", dice Frenkel, antes de bajar del ómnibus.

Jorge Mario luce orgulloso el premio Estampa de oro. El film de Frenkel muestra la tierna trastienda de concursos desconocidos para la gran mayoría
Jorge Mario luce orgulloso el premio Estampa de oro. El film de Frenkel muestra la tierna trastienda de concursos desconocidos para la gran mayoría.

En Concordia, al igual que en Federación, discurre una órbita turística alrededor de las termas. Fuera del período vacacional o de los feriados, rezuma quietud. Mario acaba de levantarse de la siesta, enérgico. En sus setenta, luce atlético. Lo primero que hace es disculparse porque mandó a retapizar los asientos. Lo que sugiere, entre líneas, es que ha modificado la escenografía de Amateur, con aquellos sillones en las que miraba y presentaba el western Winchester Martin, una de sus veintiséis grabaciones en Super-8. Acaba de proyectarse una retrospectiva de Frenkel en Canal Encuentro y Mario cuenta que lo reconocen en la calle y lo paran para saludarlo. Hace una pausa y lo mira, un poco desconfiado. Hace casi dos años que no se ven. Todavía no se imagina el porqué de la visita. De todas maneras, lo fagocita, nuevamente, a su universo.

- ¡Ahora te vas a caer de espaldas!

Mario es un coleccionista peculiar, de esos apasionados por la filatelia, los recuerdos y los galardones, que parecen de otro tiempo. De una carpeta saca dos diplomas: el primero, de su vida, una mención por una crónica que escribió sobre un stand sobre ferrocarriles, en tiempos de escuela primaria, y el último, una felicitación por haber cumplido cincuenta años como profesional. Por esas vinculaciones cósmicas, el certificado está rubricado con la firma de una doctora de apellido Frenkel. Mario no dosifica su vitalidad: se pone a buscar las fotos tomadas en la emisión N°1000 de Encuentro cinematográfico. Tiene abierto una ficha técnica de La bella y la bestia en una suerte de IMBD casero que completa cada vez que ve una película. Mientras tanto, Frenkel hace un travelling visual por la oficina, en busca de alguna novedad. Abre una repisa que desprende un profundo olor a azufre. Allí Mario atesora su colección de Super-8, cuya materialidad está destinada a la desintegración. En dos repisas están todos los premios. Una fila le es desconocida: unos pequeños boy scouts del grupo Comodoro Piesterregui. En Amateur, Frenkel pudo capturar a Mario como Maestro Explorador de esa tropa, justo cuando estaba por retirarse.

-¿Me lo puedo llevar de recuerdo, doctor? Mire que soy un mini explorador para usted -pregunta Frenkel.

Mario no responde, sigue concentrado en su computadora. El cineasta aprovecha el mutismo y susurra: "Me vuelven loco estos premios."

Supercampeones

-El otro día pasaron de nuevo Amateur y fue un boom acá -cuenta Mario-. Amateur es un semidocumental; en cambio, El gran simulador es un documental, porque lo único que hace el tipo [René Lavand] es contar. Yo actúo, llevo una parte argumental dentro de la película. Siempre cuento que en Construcción de una ciudad nos conocimos. Ya vamos dos películas juntos.

-Tres, doctor, mire.

Frenkel le acerca el celular a Mario, que es odontólogo, con el tráiler de Los ganadores, su nueva producción. Mario dosifica el entusiasmo, hasta que nota, primero, una de sus medallas y luego se ve en el escenario ovacionado por el público. Si en Amateur los premios eran parte del arsenal archivístico, en Los ganadores, las estatuillas cobran vitalidad. Mario es la punta de ovillo por medio de la cual Frenkel intenta descubrir un submundo con lógicas bien definidas. La película capta el funcionamiento de distintos premios municipales y regionales sobre radio y televisión, muchos de ellos desconocidos, como Río de los pájaros, Antena VIP o Ancla Dorada, donde se construye un star system que funciona con inscripciones previas, algunas aranceladas, y galas que intentan replicar a las grandes entregas. Los ganadores, que en el Festival de Mar del Plata obtuvo el premio DAC a mejor director argentino, muestra, sin animosidad, la tesitura de distintos personajes inmersos en la búsqueda de éxitos efímeros.

"Siempre busco algo que me conmueva, que me dé curiosidad, que me haga dudar, algo de lo que no tenga una opinión cerrada y contundente", dice Frenkel a La Nación revista. Me resulta más interesante que el documental sea un camino de conocimiento, aunque suene ampuloso, sobre el otro, sobre mí y sobre el hecho de hacer documentales. La duda está en todos los niveles. Los documentales demuestran cómo una cámara puesta en el mundo transforma todo en un hecho nuevo."

Uno de los primeros acercamientos que tuvo Frenkel al mundo cinematográfico fue como sonidista, en la película Silvia Prieto (1998), de Martín Rejtman, que casualmente se filmó en su casa. La preocupación molecular por el sonido, sigue presente en sus trabajos. Concibe al documental como un nuevo plano de la realidad, que se construye primero con un oído afinado y luego con una edición que se compromete con la belleza, que no busca la verdad y no se propone cotejar las versiones de los entrevistados con la realidad.

Gran parte del rodaje de Los ganadores se situó en la trastienda del Premio Estampa, cuya ceremonia se lleva a cabo en Villa Devoto y dura ocho horas. Mario solía ir directo desde Concordia junto a Ofelia, se cambiaba en el mismo recinto y luego, con sus logros encima, emprendía el regreso. Este año probablemente no se presente: en 2016 ganó el Estampa de oro, el máximo broche posible. Frenkel filmó la entrega en 2014. Con una estética dialógica, cercana a los últimos films del brasileño Eduardo Coutinho, pidió una sala aparte para que los ganadores cuenten sus sensaciones. No explotó las fibras sensibles, priorizó que se expresaran con fluidez y libertad. En algunos casos intervino brevemente, incluso, como hizo Coutinho en As Canções (2011), les propuso cantar. Esa microscopía ya lo había explorado en Construcción de una ciudad: el retrato de personajes periféricos que esperan su lugar. Así como en su primer documental, un solitario diógenes cree que "el desasosiego está dentro de uno", en Los ganadores, un peluquero cuyo programa presenta "el antes y después" y le hace la nota al cliente, desborda de emoción: "Ojalá todo el mundo esté tan contento como yo estoy en este momento". Y Néstor lo estaba, no sólo por la riqueza de los testimonios, sino porque durante la grabación supo que iba a ser padre por segunda vez.

"En el documental -dice Frenkel- se establece una relación con lo que uno mira, tiene una energía propia donde vos sabés que en ese mismo plano que ves conviven diversas decisiones del director y una cantidad de cosas que no las gobernó él, la vida misma y sus expresiones. Ahí me parece que tiene una capa más de sentido, que le da una potencia mayor que la ficción, o al menos me resulta más rico, más creativo, más vivencial, porque te preguntás todo el tiempo, estás replanteándote tu lugar y tu relación con el mundo."

Las vibraciones del vínculo

Al principio casi no miraba documentales. Ahora, con siete películas y una en producción, lo estimulan algunos directores como Alan Berliner y Errol Morris, que también han estructurado algunos de sus trabajos a partir de conversaciones. Frenkel apuesta a una composición lúdica, con distintos artificios que cuestionan la linealidad: "El humorismo es un medio, un estilo en la vida de acercarme a las cosas y también de alejarme, me protejo. Busco el ritmo de la comedia, los efectos, pero no mato por un chiste. Si no me lleva a un lugar más, no me interesa. Sé que a veces genera cierta incomodidad, pero es parte del juego. Meto los pies en el barro y a veces puedo resbalar o salpicar. Si algo detesto de la especie humana es la ñoñez. Si provoco a un ñoño, bienvenido sea. Donde hay solemnidad no vibra nada."

Mario pide un momento para cambiarse la remera, intuye que va a ser filmado. La conversación sigue el cauce de las bondades de Uruguay, pero esta vez en relación al cantante Gustavo Pena, El príncipe. Vuelve Mario con una chomba a cuadros. Resuena, internamente, uno de los versos de la canción Mandolín: "Tiene una mirada ebria de palabras y poesías, bajo un cielo claro de un pueblito por ahí. Un mundo imaginario hecho de ilusiones coloridas, y el amor monta en un caballo y es feliz." La toma es cortita. Mario cuenta que una persona de su confianza le comentó la historia de un contador que sigue los rastros del Coronel Malarín, una especie de héroe regional de San Salvador, a 50 km. de Concordia. No sólo recopiló material, sino que al parecer habría robado su cruz del cementerio. Frenkel no se muestra muy entusiasmado. Mario empieza a hablar en tercera persona y vira el tono, physique du rol de un garante de un relato auspicioso. En algún punto, Mario y Frenkel se siguen el juego dentro de un isomorfismo narrativo.

-Como me gustó la temática, lo contacté con Frenkel para que se conozcan. Tal vez de eso sale una nueva película.

-Conmigo. ¿Algo debe haber, no?

-Es como el médico que escucha hablar al paciente y de todo lo que dice, con pinzas, va sacando lo que realmente le interese para dar su diagnóstico. Yo capté tres o cuatros cositas buenas de esa historia.

Las conversaciones con Mario pueden ser eternas. Pero es tiempo de regresar. Mario apaga el switcher anecdotario y le entrega una pequeña caja a su amigo. Néstor la recibe con sorpresa, saca los pedacitos de cinta y ve al pequeño scout, inmaculado. Los pómulos de la estatuilla relucen, es el brillo que adquiere un premio de tal magnitud.

Fotos: gentileza Vamos viendo cine / Belén Poviña

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