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El retiro de Allub, un luchador que torció el rumbo

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 04 de mayo de 2017
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En esas típicas compulsas que se hacen desde el periodismo, a la pregunta de cuál fue el try más importante en la historia del seleccionado argentino de rugby, la respuesta no sale de las palomitas de Marcelo Pascual a Junior Springboks (1965), de Diego Albanese a Irlanda (1999), de Juan Imhoff también a Irlanda (2015) y de la apilada de Lucas González Amorosino a Escocia (2011). Sin embargo, hubo un try que se recuerda poco y que sin embargo significó un punto de inflexión no sólo para los Pumas, sino para una camada grande de jugadores. Es aquel que Alejandro Allub le marcó a Samoa en Gales 1999 y que sirvió para ponerle fin a una racha de ocho derrotas consecutivas en Copas del Mundo.

En aquella tarde fría y lluviosa del 10 de octubre en el Stradey Park de Llanelli, los Pumas iban perdiendo y jugando muy mal el primer tiempo ante Samoa, en lo que significaba el choque determinante para aspirar a traspasar por primera vez la primera rueda. El rival había sido el verdugo en los Mundiales de 1991 y de 1995. En el entretiempo, un periodista galés nos miró a los pocos argentinos que estábamos allí y nos lanzó un lapidario: “Otra vez se vuelven a casa”. Pero el try de Allub, zambulléndose al ingoal tras un line, una genialidad de Agustín Pichot y una limpieza de ruck formidable de Gonzalo Camardón, empezó a abrir el camino a la victoria, que luego se completó con una tarea soberbia de Gonzalo Quesada con su pie.

Después, en el playoff en Lens, llegó el try de Albanese que aún hoy el rugby argentino guarda en sus retinas y, entonces, el de Allub quedó en otro plano, pero nada hubiese sido sin la conquista del segunda línea cordobés, quien, lejos de todas las luces de la posterior Puma-manía, construyó una carrera de rugbier ejemplar a la que le puso fin en la cancha el pasado fin de semana, a los 40 años y 5 meses de edad. Lo hizo vistiendo la camiseta con la que nació, la del Jockey Club de esa provincia.

La historia del Turco Allub es un ejemplo de ese lema del rugby de que éste es un juego en el que se aprende a superar todas las adversidades. En su punto máximo de jugador de la alta competencia, como titular indiscutido en el Perpignan francés y en el seleccionado nacional, Allub casi se muere jugando al rugby. En la noche helada de Christchurch, el 23 de junio de 2001 y tras ser goleados los Pumas por los All Blacks por un 67-19, el segunda línea se descompuso en el vestuario. Había sufrido un infarto en pleno partido.

Desde ese día, para Allub empezó otro test-match. Se refugió en su familia, amigos y en su profesión de médico cardiólogo. Y en el rugby, claro. Aunque no lo decía, siempre pensaba que iba a volver a jugar, desafiando toda la lógica y las recetas de sus colegas. De a poco se fue sintiendo mejor y entrenando cada vez un esfuerzo más, hasta que un sábado a la tarde de 2004 retornó a una cancha, firmando antes un certificado frente a un escribano de que se hacía responsable de la decisión que había tomado. Y allí se quedó, salvo otro paréntesis de dos años, hasta el sábado pasado. En el medio, fue campeón argentino con Córdoba. Para ello armó una rutina diaria que arrancaba a las 6 en el gimnasio y concluía a las 23 en el consultorio, con el último paciente.

Alejandro Allub, fanático del fútbol y de River y que el 1° de diciembre cumplirá 42 años, ha dejado el legado de ser una persona querida por todos. Ese es su try más importante; mayor que aquel de la fría y lluviosa tarde en Llanelli, el que torció para siempre el rumbo de los Pumas.ß

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