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La vida dulce y melancólica de una familia sin pies ni cabeza

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LA NACION
Domingo 07 de mayo de 2017
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Todas las noches, el mismo ritual: ante la mirada absorta de su hijo, una pareja embriagada de amor se para frente a la cómoda del living y enciende un precioso tocadiscos viejo en el que siempre suena el mismo vinilo de Nina Simone y la misma canción: la dulce y melancólica Mr. Bojangles. Éste es apenas uno de los recuerdos de infancia del hijo (otros: el peinado con raya al medio de su padre en su intento por parecerse a un antiguo oficial prusiano o la grulla damisela que su madre pasea con correa por la calle) y, aunque la rutina familiar se organice como una fiesta perpetua, el final triste se intuye inevitable. Si es cierto que las extravagancias llenan la vida, la novela Esperando a míster Bojangles desborda vitalidad y es el pequeño fenómeno literario de la temporada: una fábula de los días en que la mañana se transforma en noche y la excentricidad se convierte en locura.

"Esa canción estaba en mi iPod y me pareció que la voz era muy cálida, melancólica, pero también con puntos de alegría. Era mi compañera, la escuchaba en loop": así explicó Olivier Bourdeaut la decisión de elegir una canción de Nina Simone para titular su primer libro, una novela que tardó sólo siete semanas en escribir, que ganó casi todos los premios literarios en Francia y que llegó a ser la más vendida de ese país el año pasado, con trescientos mil ejemplares despachados.

A los 36 años, Bourdeaut se creía condenado al fracaso tal como la sociedad de hoy lo entiende: sin talento especial para ninguna cosa, había sido fumigador de departamentos, plomero en un hospital y recolector de escamas de sal. Pero un exilio autoimpuesto en una playa de Alicante inspiró el eureka íntimo: si en su propia vida se había visto encerrado en el callejón sin salida de la mitomanía, por qué no escribir la historia de una familia en la cual la mentira conduce a una forma inconsciente y feliz de disimular la realidad.

Recién llegado al círculo rojo de las letras francesas ("no soy un intelectual, por favor", repite) a Bourdeaut ya lo comparan con Blake Edwards y Boris Vian y ahora que se anuncia la adaptación cinematográfica de la novela no se puede pensar más que en una cruza actualizada de Los excéntricos Tenenbaum con Capitán fantástico. Y aunque el lector cínico se resista a la emoción fácil, lo desafío a terminar el libro sin un nudo en la garganta: en esa madre, que es un Quijote con faldas y que es rebautizada todos los días por su marido con un nombre diferente, se conjugan las distintas maneras posibles del amor y la locura porque se puede perder la cabeza aun cuando la parte visible siga sobre los hombros pero no se sepa adónde va el resto.

Con un sentido precario de la realidad y una afición delirante por las mentiras, los excéntricos amantes seguirán esperando que suene Mr. Bojangles aunque la medicina normalizadora quiera domesticar la extravagancia y encerrarla en un lugar adonde pueda ser controlada. Pero en el desvío siempre existe un anhelo de libertad, como se interpreta de las palabras de Charles Bukowski que inauguran el libro: "Hay gente que nunca pierde la cabeza. Qué horrible debe ser su vida".

Las cinco mejores canciones de Nina Simone

For All We Know

Según el ranking de la revista New York, un clásico norteamericano en el que la cantante demuestra su voz balsámica y su destreza al piano.

Li'l Liza Jane

Interpretada durante la gira que la llevó a participar del festival Newport Jazz de 1960, una evidencia de su afición por el folk y las baladas.

Strange Fruit

Comprometida con los derechos civiles, Nina hizo propio este tema escrito para Billie Holiday que es un tributo para las víctimas del racismo en EE. UU.

Mississippi Goddam

Una canción conmovedora escrita por ella misma después de la bomba detonada en una iglesia de Alabama y el asesinato de un líder afroamericano.

Trouble in Mind

Con una voz profunda y cavernosa, Nina se ubica en el linaje de las grandes damas de la canción norteamericana, entre Big Mama Thornton y Koko Taylor.

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