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Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, en defensa de las letras

Afirmaron el poder de la literatura en tiempos de la imagen y reivindicaron la cultura como vía para desarrollar "el espíritu crítico"

Jueves 04 de mayo de 2017
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LA NACION
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Un Nobel y un Cervantes en una charla pública sobre la actualidad
Un Nobel y un Cervantes en una charla pública sobre la actualidad. Foto: Santiago Filipuzzi

La revolución de las comunicaciones, que hoy disemina pantallas por todos lados, no acabará con el libro papel. Están convencidos de ello dos hombres latinoamericanos octogenarios que saben tanto de literatura como de política porque cada uno de ellos tiene una vasta trayectoria tanto política como literaria. Se trata del premio Nobel de literatura, el peruano Mario Vargas Llosa (81), y el Premio Cervantes, el chileno Jorge Edwards (86). Reunidos anoche por la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y la Fundación Libertad, ambas figuras de la literatura compartieron con Alejandro Roemmers un panel sobre "La influencia de la literatura en los valores humanos".

"No soy pesimista; no creo que la revolución de las comunicaciones que estamos viviendo acabe con la literatura", dijo un Vargas Llosa sereno y entregado a la reflexión, distante de las declaraciones tajantes que lo caracterizan.

El autor de La tía Julia y el escribidor advirtió sobre el riesgo de la manipulación de lo que "llega a las pantallas". Dijo: "Me pregunto si en esta revolución de las comunicaciones que estamos viviendo no hay una amenaza profunda, la amenaza de la manipulación. En las últimas semanas hemos descubierto que los países pueden, con sus servicios de inteligencia, intervenir en los procesos electorales y mediatizarlos". Y abogó porque esta preocupación forme parte del debate educativo. "La educación prepara a las nuevas generaciones y la lectura va quedando cada vez más marginada".

Vargas Llosa explicó que "la literatura que se escribe para pantallas es diferente a la que se escribe para papel" y que las pantallas tienden a llegar a una mayor cantidad de público con la menor exigencia intelectual posible. Fue claro cuando afirmó que la lectura tiene un tipo de superioridad con respecto a la pantalla porque "lo que la imagen dice viene con la imagen. No hay esa operación que en la lectura nos lleva a transformar las palabras en imágenes".

En su tercer visita a la Feria del Libro después de haber recibido el Nobel, Vargas Llosa también abogó porque los programas de estudio "no sacrifiquen" las humanidades "como lo están haciendo en la mayor parte de los países". Describió la cultura, no sólo como un entretenimiento -"aunque también lo sea"-, sino como "un tipo de conocimiento que desarrolla el espíritu crítico y mantiene un denominador común" entre especialistas con actividades diferentes. "Todos los que fuimos deslumbrados por los libros podemos decir que ésas son experiencias únicas, en profundidad y riqueza." Admitió que algunos títulos, como Los miserables, Los poseídos, La guerra y la paz, el Quijote y otros se mantuvieron en su memoria, y enriquecieron su vida. "Es absolutamente importante que en las nuevas generaciones la lectura siga viva. Sin ella el mundo se empobrecería extraordinariamente. Es importante que el progreso técnico y científico venga acompañado con esa actitud dubitativa que traen el arte y la literatura. Porque el arte y la literatura nos hacen dudar", concluyó.

Edwards, amigo de Vargas Llosa desde que eran jóvenes, coincidió y dio un paso más: "Hoy hay una concepción política muy equivocada con respecto a la cultura. Para desarrollar un país hay que pensar bien y eso sólo se adquiere con la literatura y las artes". Edwards, a quien Fidel Castro echó en 1971 de Cuba, donde era embajador de Chile, tildándolo de "persona no grata", también admitió que profesa un "optimismo moderado" con respecto al futuro de las humanidades. "Los países mas desarrollados hoy son los que también se desarrollaron culturalmente", dijo. Y ejemplificó con datos al recordar que en Alemania, el país con más lectores en Europa, cada habitante lee 22 libros en promedio por año. El estadista, al que cada vez que viene al país alguien le dice que "la Argentina está en crisis", dijo percibir que "la división que analizaba Sarmiento entre civilización y barbarie es perfectamente actual". Agregó que "frente a la barbarie, la cultura y la lectura, la inteligencia y la reflexión son valores absolutamente esenciales que no podemos abandonar".

El panel fue coordinado por Martín Wullich, quien informó que había sido invitado también Esteban Bullrich, ministro de Educación de la Nación, pero que durante la tarde de ayer comunicó que no podría estar presente. Wullich destacó la figura de Alejandro Roemmers como un exitoso empresario, poeta y orador y afirmó que "es el escritor argentino más leído fuera de su país" con su obra El regreso del joven príncipe, traducido a más de treinta idiomas.

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