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Los favores y trampas de la naturaleza en la vida en la altura

Jueves 04 de mayo de 2017
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Natalia tiene oxígeno y tiene agua. En eso, básico en cualquier supervivencia, la naturaleza sí la asiste.

En el resto, en la amenaza constante de avalanchas, en el frío que paraliza más allá de lo imaginable, en el viento que lacera, en la nieve que cae tan copiosamente que parece una pared viviente, no. No la ayuda nada.

Pero para eso, para lidiar con la incertidumbre del caprichoso clima de montaña, para no dejarse intimidar por una inmensidad que puede ser tan fascinante como atemorizante, para evitar que la soledad pase de ser su mejor a su peor amiga y, muy por sobre todo lo otro, para saber sujetar su carpa contra las ráfagas y deslizamientos, está su experiencia.

La carpa y la experiencia son, en estas horas, el castillo de Natalia contra la naturaleza, que lejos está de ser su enemiga.

Los sismos y las avalanchas la encerraron en el Monte Logan, claro. Sin embargo, lo hicieron sólo a los 3000 metros; allí el oxígeno todavía abunda en la atmósfera y en la sangre. Moverse genera, a lo sumo, cierta agitación, tal vez ninguna en una montañista avezada como Natalia.

Diferente hubiese sido que la naturaleza la atrapara más arriba, más cerca de la cumbre. Después de los 5500 metros de altura, la atmósfera "se afina" y el aire parece pedir permiso para poder llegar a los pulmones. Respirar se transforma en un trabajo.

Si Natalia ya está cansada por varios días de aislamiento en los 3000, allá arriba estaría extenuada. Y lo más simple de la vida diaria -moverse por necesidades fisiológicas o para hacer circular la sangre- demandaría energía que tiene que guardar para otra tarea básica de supervivencia: palear la nieve que amenaza con sepultarla a ella y a su carpa.

La nieve tampoco es su enemiga; paradójicamente, la acecha pero también la hidrata. Natalia apenas tiene que trasladarse hoy para juntar nieve para derretir y beber.

Esa agua presenta una "trampa", un desafío que, como sucede con la montaña y la naturaleza mismas, nos llama a enfrentarla con respeto, no con miedo ni arrogancia. No tiene minerales, incluso menos en un macizo de nieve como el Monte Logan. Hidrata, pero también puede generar problemas gastrointestinales.

Guía de montaña, Natalia sabe, seguramente, que los medicamentos son tan importantes como los alimentos en toda mochila. Lo mismo que una bolsa de dormir que cuide el descanso del frío extremo que permea hasta la más avanzada de las carpas cuando hay afuera -40 grados de sensación térmica, como allá arriba donde está Natalia ahora.

Ella lo sabe también, porque conoce la montaña, sus trampas y sus favores; la respeta.

Sus familiares dicen que está tranquila pese al peligro de las avalanchas y al aislamiento. No perdió la paciencia, como los millones que ayer bramaron al sentirse "aislados" por la caída de WhatsApp.

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