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Una venganza que denotó osadía y un poder que busca impunidad

Policías en la fiscalía de La Plata
Policías en la fiscalía de La Plata. Foto: LA NACION / Santiago Hafford
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LA NACION
Jueves 04 de mayo de 2017
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El fiscal fu atado en su despacho
El fiscal fu atado en su despacho.

Fue mucho más que osadía extrema el ataque al fiscal Fernando Cartasegna en su propio despacho de uno de los principales edificios judiciales de La Plata: fue una muestra más del ejercicio del poder más oscuro, del que sabe que cuenta con recursos para salirse con la suya, para llevarse por delante la ley, para evadir controles, para consagrar su impunidad. Así actúan las mafias.

Dicen que fue uno solo. El que fue sabía que ya se habían ido los pocos jubilados penitenciarios contratados para prestar un apenas nominal servicio de custodia del edificio judicial de 7 entre 56 y 57, donde además de las fiscalías penales y especiales funcionan varias dependencias de Casación. Sabía que ningunos de los asistentes de Cartasegna (ocho, entre adjuntos, secretarios, instructores y auxiliares letrados) estaban en la fiscalía 4. Sabía que él estaba solo. Y que en la sede judicial ni siquiera hay cámaras. Hubo información y planificación.

Supera la osadía el haber elegido hacer el ataque ayer, cuando Cartasegna ya era noticia, justamente, por haber sido víctima, en actos casi simultáneos, de una panfleteada en la que se invitaba a "conocer al nuevo Nisman", y de una paliza callejera en la que dos hombres vestidos con viejos uniformes de la Bonaerense le dijeron que se imaginara a sus hijos marchando como las hijas del fiscal del caso AMIA hallado muerto en circunstancias aún no aclaradas en su departamento de la torre Le Parc de Puerto Madero. Es tanto el poder y la impunidad de quien actuó dándole otra puntada a este macabro bordado que, en la escalada intimidatoria, derramó azúcar en el suelo del despacho del fiscal agredido para escribir "Nisman". Cuesta, ahora, imaginar cuál será el nuevo límite.

El mensaje del primer ataque, la oportunidad y la escenificación del segundo, dan un punto de partida para la averiguación del origen de esta venganza contra Cartasegna. Habrá que sondear en las investigaciones previas del fiscal. Y habrá que preguntarse quién tiene tamaño poder como para animarse a tanto.

Policías en la fiscalía de La Plata
Policías en la fiscalía de La Plata. Foto: LA NACION / Santiago Hafford

En la Procuración provincial están seguros de que detrás están los perjudicados en los negocios que Cartasegna ha desbaratado. Uno es el de la trata con fines de explotación sexual en "privados" de La Plata; esa faena concluyó hace más de un año. Más acá en el tiempo el fiscal avanzó contra una red de pedófilos. Y ayer, cuando fue atacado, revisaba las transcripciones de las escuchas que sugieren la connivencia entre un comisario, un oficial y abogados corruptos en la fabricación de casos con fines extorsivos (lo que se conoce como "caranchear").

Quizá sólo la estructura de policías corruptos que aún subyace en la policía esté en condiciones de tener intereses en esos negocios ilegales (y en varios más...). La marca de los oficiales corruptos está detrás de varios sucesos opacos (como la intrusión al despacho de la gobernadora Vidal y a la casa de su ministro de Gobierno, Federico Salvai). Quizá por eso, y por la gravedad política de este nuevo ataque, sorprendió ayer que el ministro Cristian Ritondo (jefe de la policía) y el ministro Gustavo Ferrari (jefe de los penitenciarios y nexo del Poder Ejecutivo con el Judicial, hayan preferido el silencio en el caso.

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