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Estudiantes-Boca: la locura salvaje de Vivas se llevó los flashes de un choque demasiado caliente entre Estudiantes y Boca

El equipo de Guillermo Barros Schelotto empató 0-0 ante el Pincha

Sábado 06 de mayo de 2017 • 17:31
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Estudiantes-Boca. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

LA PLATA.- Hace algunos meses, Nelson Vivas le confesó a la nacion que en su interior habitaban dos personalidades. Una es tranquila y reposada, y la enseña la mayor parte del tiempo. La otra es irascible, volcánica, surge cuando menos se la espera, y aunque asegure que intenta controlarla, la saca a pasear cada tanto. Como aquella tarde en Quilmes, cuando se peleó con un plateísta, en un hecho que acabó constándole el puesto en la entidad cervecera.

Es difícil saber qué pasó exactamente por la cabeza y el alma del técnico de Estudiantes a los 27 minutos del primer tiempo. Agustín Rossi acababa de remedar al alemán Neuer contra Higuaín en la final del Mundial 2014. Salió con la fuerza necesaria a cortar un centro desde la derecha y se llevó por delante la pelota y a Cavallaro. Puede discutirse si fue o no penal (y habrá tantas opiniones como en aquella acción del Maracaná), pero lo que siguió fue una secuencia destinada a la viralización mundial, a los memes, a la consulta urgente con el terapeuta, a la crítica sin ambages y a una sanción que sirva de ejemplo.

Vivas enloqueció. Primero inició una catarata de protestas ante el cuarto árbitro y cuando el dubitativo Silvio Trucco lo expulsó, salió a relucir su lado más histriónico: se arrancó los botones de la camisa de un tirón, pateó un micrófono, el segundo tirón lo dejó en cueros con las venas marcadas al mejor estilo Hulk, mientras maldecía camino de los vestuarios y con su estallido terminó de echar nafta a un estadio que ya venía encendido desde la primera jugada del partido.

En tiempos de violencia a flor de piel, semejante actitud no debería ser pasada por alto. Antes que nadie por la directiva del propio Estudiantes, más aún si Juan Sebastián Verón pretende ser una de las imágenes salientes de una AFA diferente. Y después, por todos los organismos que corresponden.

El arranque de furia de Vivas fue la guinda de un encuentro en el que la temperatura ambiente excedió en varios grados los límites del termostato normal, y cuando eso sucede el fútbol se esconde en un rincón para dejar su puesto a otros atributos que pueden formar parte del juego, pero no son, y nunca pueden ser, el juego en sí mismo.

Estudiantes, después del 1-4 en Colombia por la Libertadores y un andar lleno de altibajos en el último mes, decidió vestirse como aquel de otros tiempos, de los duelos de Copa donde la pierna fuerte mandaba sobre cualquier otra virtud. Y Boca no supo salir del encierro al que lo sometió el Pincha.

Fernando Gago suma un enorme cúmulo de valores positivos en su fútbol, pero en su debe carga con el sambenito de no aparecer en los encuentros de hacha y tiza. De hecho, los Superclásicos cuentan entre sus déficits más notables. Y justo una semana antes de un Boca-River que puede ser decisivo para el título, el Nº 5 que maneja los ritmos del equipo volvió a fallar y, con él, el puntero quedó lejos del juego que pretende y logra lucir de vez en cuando.

El conjunto de los Mellizos necesita la pelota para progresar, el movimiento de los delanteros para generar huecos, la agresividad de los laterales para ensanchar la cancha y ser profundo, la capacidad de Centurión y Benedetto para cambiar de posiciones por el centro y quitarle referencias a los defensores rivales. Muy poco de esto se vio anoche ante el granítico planteo de Estudiantes. Apenas la sapiencia de Pablo Pérez para encontrar los espacios vacíos y los compañeros bien ubicados.

Silvio Trucco, un árbitro que ayudó poco y nada a que el juego fluyera con cierta continuidad, jugó en ese sentido en favor del local, más allá de que la hinchada platense le protestara cada decisión (varias con razón). Para este tipo de partidos hace falta, antes que nada, imponer autoridad, y eso no significa necesariamente repartir tarjetas sino establecer un criterio claro.

No lo hizo el hombre del silbato y no lo tuvo prácticamente nunca el partido, que viajó de la tensión a la medianía y de un área a otra sin orden ni control. Los jugadores no desentonaron respecto de Trucco en los groseros errores cometidos, desde rechazos sin sentido hasta el gran blooper final de Andújar, que a dos minutos de los 90 quiso gambetear a Bentancur y la perdió. El uruguayo completó el recital de desaciertos terminando mal la acción y asegurando el lógico 0-0 definitivo, que parecía sellado hacía rato.

Aunque nada, ni nadie, se equivocó más que Nelson Vivas. De él se hablará en los próximos días. De él y de lo que decidan Estudiantes y la AFA. Como para ir sabiendo hasta dónde es cierto eso de los "nuevos tiempos".

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