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Un amor contra viento y marea

Cuando eran adolescentes perdieron un embarazo y vivieron un romance a escondidas que los marcó de por vida. Diez años más tarde se encontraron para cerrar esa historia. Lo que sucedió fue todo lo contrario.

Señorita Heart

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PARA LA NACION
Viernes 05 de mayo de 2017 • 00:11

Hay personas que nos marcan a fuego, situaciones que vivimos de chicos que guían el curso de toda nuestra historia. Eso le pasó a Daiana, que con sólo 15 años sabía que Renzo, de 17, era el hombre de su vida.

Durante un año vivieron un noviazgo maravilloso. Soñaban con viajar, casarse, tener hijos. Querían comerse el mundo y tenían todo para lograrlo.

Con el primer aniversario llegó la gran noticia: iban a tener un hijo.

Los padres de Renzo habían adoptado a Daiana como una hija más y festejaron la llegada de su primer nieto con mucha alegría. Los de ella, en cambio, eran más escépticos a este amor adolescente, y en cuanto se enteraron del embarazo decidieron que lo mejor para su hija era alejarse de ese hombre.

Duelo en soledad

Poder verse se convirtió en una odisea. Al principio, se dejaban cartas a última hora dentro del gabinete de gas, en la casa de ella. Con el paso de las semanas Daiana empezó a mostrarle el crecimiento de la panza a través de una ventana, y ya sobre el final una vecina, cómplice del amor, era la encargada de acercarle a ella los regalos que Renzo y su familia le compraban al bebé.

Después de varios meses Daiana convenció a sus padres para que su novio pudiera presenciar una ecografía. Estaban emocionados y expectantes. Era la primera vez en tanto tiempo que iban a poder ver juntos a su hijo, escuchar su corazón, ver los movimientos. Esa tarde sentían que podían enfrentar al mundo entero. Pero la alegría y la ilusión fueron fugaces al lado de tanto dolor: el bebé no tenía latidos. Un eco-doppler confirmó que su corazón se había detenido. Y los corazones de Daiana y Renzo se detuvieron en ese mismo instante.

El duelo lo vivieron por separado. Estaban destrozados y la familia de Daiana seguía sin dejar que se vieran. Lejos el uno del otro no podían entender por qué la vida los golpeaba de esa manera.

El tiempo no siempre cura las heridas

Nunca más se volvieron a ver. Durante años Daiana no logró sacárselo de la cabeza: ¿Por qué él se había alejado de su vida? ¿Por qué no había luchado por ese amor? ¿Él también pensaba en su bebé a diario?

Una mañana, después de conseguir su número de teléfono, le mandó un mensaje. Renzo respondió con frialdad que era papá de una nena y que venía otra en camino.

Dos años más tarde Daiana volvió a escribirle. ¿La respuesta? Otra nena en camino. ¿Ella? Destrozada. Creía que alguien más le había dado lo que el tanto deseaba y ella no había podido darle. Una vez más decidió alejarse y no interferir en su felicidad.

Una segunda oportunidad

Doce años después de la ruptura, Daiana logró rehacer su vida. Tenía una pareja estable y estaba a pocos meses de casarse. Sin embargo, el amor por Renzo seguía intacto en alguna parte de su corazón. Tenía que sacarse todos los interrogantes antes de dar un paso tan importante en su vida: "Tenía que saber por qué me dejo sola, si se olvidó de su bebe, cómo hizo para seguir mientras yo estaba estancada en un duelo interminable, tratado de responder miles de interrogantes, con terapia de hacia años".

Al final decidió agregarlo a Facebook y mandarle un mensaje. Ese día pasaron horas escribiéndose. Ella le contó que estaba próxima a casarse y él le dijo que estaba esperando los papeles de su divorcio. Nuevamente el destino les jugaba una mala pasada. Pese a todo, decidieron juntarse y cerrar la historia de una vez por todas.

La noche del encuentro se vieron tan distintos. Adultos, maduros, aunque con el mismo brillo en los ojos que cuando eran adolescentes y se besaban a escondidas. Se vieron, se abrazaron y lloraron. Luego de horas de charlar la historia empezó a cerrar.

Él, sumido en una gran depresión por la pérdida de su bebe, había recibido la visita de una persona que iba en nombre de la familia de Daiana a comunicarle que ni ella ni sus padres querían volver a verlo, que debía alejarse y dejarla ser feliz. Él había acatado el pedido y buscado refugio en su ex esposa, que le llenó el alma regalándole tres hermosas hijas.

El amor después del dolor

Volver a reconstruir esa parte de la historia que ninguno de los dos había logrado cerrar, los hizo tan cercanos, como hacía tanto tiempo atrás.

Una tarde, Renzo le preguntó a Daiana si era feliz y ella empezó a llorar. Él le dijo que el hombre con el que se casaba era muy afortunado porque se llevaba una gran mujer. La charla terminó y Daiana se fue convencida de que tenía que terminar su noviazgo, que lo que sentía por Renzo seguía intacto.

Así fue como Daiana y Renzo decidieron vivir su amor. Ambos se reencontraron con la familia del otro, se perdonaron y aceptaron barajar y dar de nuevo.

Algunos, dicen que fue el destino el que quiso volver a unirlos. Ellos están convencidos de que su hijo, desde el cielo, hizo su mejor jugada para volver a unirlos.

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