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Enrique Arturo Diemecke: "The show must go on, mi trabajo es buscar reemplazo"

El director artístico del Teatro Colón confirma la baja del tenor Marcelo Álvarez como parte del elenco de Andrea Chénier

Viernes 05 de mayo de 2017
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LA NACION
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Después del rumor, la confirmación oficial: Marcelo Álvarez no será parte de la producción de Andrea Chénier, la ópera de Umberto Giordano que, con puesta de Lucrecia Martel, cerrará en diciembre la temporada lírica del Teatro Colón. Más allá de este último caso puntual, Enrique Arturo Diemecke, director de programación y producción artística de la sala, pasa en limpio las incertidumbres de estas últimas semanas. "En la forma en que se ha llevado a cabo la gestión en los últimos años sólo existen cartas de compromiso -apunta, sin nombrar, a la administración de Darío Lopérfido, ex director artístico del teatro-. No hay contratos. En ese contexto, el artista o su agente son los que deciden mantener ese compromiso o no. Esta gestión, encabezada por María Victoria Alcaraz como directora general del Colón, quiere cambiar esa modalidad para no depender de una carta de compromiso o un acuerdo de palabra; necesitamos contratos como sucede en todas las casas de ópera en el mundo. De ese modo, podríamos estar tranquilos y seguros. Como no ha sido así, ustedes muchas veces ven que no llega alguien y es porque el agente decidió tomar otro rumbo."

Foto: Hernán Zenteno

-Sin embargo, no recordamos tantas modificaciones en temporadas pasadas.

-Ha habido, pero menos visibles.

-Este año se perdieron varios de los highlights de la temporada: la soprano Angela Gheorghiu, el propio Álvarez, el cambio de La Traviata de la puesta de Sofia Coppola por la de Franco Zeffirelli, y la reprogramación para 2018 de Tres hermanas, de Peter Eötvös. ¿Todos los casos se debieron a falta de contratos o hubo una decisión artística?

-Sencillamente se debió a que, ya fueran los artistas o sus agentes, sintieron que, al no haber contratos, podían tomar otras decisiones. En la transición algunos agentes interpretaron lo que ellos quisieron interpretar.

-En este caso la transición no fue total. Desde diciembre de 2015 la dirección general del Colón está a cargo de la misma persona.

-Pero las decisiones se estaban tomando por otro lado... A mí, como director artístico, lo que me toca es acomodar y hablar con los agentes para que no se bajen los artistas. Si ellos tomaron una decisión, nosotros tenemos que tomar otras. The show must go on. Mi trabajo es buscar un reemplazo.

-¿Y cómo fue el caso puntual de la desvinculación de Marcelo Álvarez?

-Hablé con él varias veces y él tomó la decisión de no hacer Andrea Chénier, y escribió lo que escribió en Facebook, sobre lo cual no quiero opinar porque respeto su opinión. Como les decía, ahora a nosotros nos toca buscar un reemplazo.

-Supuestamente, el Colón le habría pedido que llegara a Buenos Aires antes de lo acordado. ¿Fue así?

-Sí y no. La carta de intención tenía la fecha de llegada, pero aparentemente hubo una plática verbal en la que se le permitía llegar más tarde. Se le pidió entonces que viniera antes y él contestó que no porque ya tenía otros compromisos.

-Desde una perspectiva artística, ¿cómo le cayeron a usted todos estos cambios?

-Artísticamente es una programación fabulosa. Los grandes nombres, las grandes producciones. Es algo soñado.

-La reprogramación de Tres hermanas para el año próximo generó un déficit en el flanco contemporáneo. De acá para adelante, ¿cómo será esto?

-Soy un defensor de la música de los compositores actuales, de compositores vivos. El ciclo Colón Contemporáneo apunta mucho a esa dirección. Lo mismo el CETC.

-¿Qué quedará del perfil actual, entonces, en la próxima programación?

-El Colón es un teatro de producción. Vamos a partir de un calendario bien definido para llegar a tiempo con los ensayos generales. La Filarmónica nos pide sus 20 conciertos, la Estable también quiere tener su participación, el Ballet necesita un mínimo de 46 presentaciones, hay que definir el número adecuado de títulos de ópera, más las orquestas invitadas.

-Más las fechas de alquiler de sala, tema que generó varias polémicas la temporada pasada.

-Eso no le corresponde a mi área. Lo cierto es que, hasta el momento, no hubo ninguna.

-¿Cuántos títulos de ópera serían los ideales?

-En el calendario de ocho meses caben ocho títulos de ópera, cinco de ballet y alrededor de 20 conciertos. No sé si es lo ideal, pero es lo que permite el calendario. Lo importante es hacerlo bien: con su producción necesaria y cumpliendo los tiempos del montaje y desmontaje.

-Supuestamente, los problemas con el desmontaje de La Traviata, según Coppola, fueron los que motivaron el cambio.

-Sí, debíamos devolver la escenografía a Italia en muy poco tiempo. Y ni el Teatro de Ópera de Roma ni nosotros quisimos correr ese riesgo.

-Con ese cambio veremos una puesta que tiene 35 años, una puesta contemporánea, frente a una puesta actual.

-Verdi es Verdi. La propuesta de Coppola es interesante, muy bonita y muy actual. Pero frente al problema de desmontaje, ellos nos propusieron traer la puesta de Zeffirelli. La que veremos es la que él mismo, personalmente, hizo en 2008. El cineasta nunca estuvo en la Argentina y le da mucha ilusión poder mostrar acá esa producción. Si su salud se lo permite, vendrá. Es una puesta muy alegórica, como una pintura al estilo Botticcelli.

-A su reciente viaje a Roma fue acompañado por Martín Boschet [ex director ejecutivo del Colón que debió renunciar al poco tiempo de haber asumido]. ¿Qué rol cumple?

-Es asesor de la dirección general. Fue a Roma a revisar los números cuando yo estaba pendiente de otros aspectos.

-Hasta el día de ayer [por anteayer] seguía figurando en la página oficial del Colón que Marcelo Álvarez es parte de la producción de Andrea Chénier.

-Cuando tengamos el reemplazo lo vamos a anunciar. Tenemos que estar seguro de la parte contractual.

-¿Queda algún otro territorio en conflicto?

-Cruzando los dedos, diría que está todo bien...

Por las dudas, Diemecke cruza los dedos.

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