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El príncipe Felipe sale de escena en la lenta transición de la monarquía británica

El marido de Isabel II se retirará de la vida pública en junio, al cumplir 96 años; se anunció también que la reina continuará con sus compromisos habituales

Viernes 05 de mayo de 2017
Felipe, ayer, junto a la reina Isabel II
Felipe, ayer, junto a la reina Isabel II. Foto: AP / John Stillwell
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LONDRES.- Al cumplir 96 años, en junio próximo, el príncipe Felipe se jubilará y se retirará de la vida pública, con lo que la reina Isabel quedará un poco más sola, en un proceso que parece otro paso hacia la lenta transición de la monarquía británica hacia el futuro.

El anuncio de la salida de escena del príncipe consorte en el otoño (boreal) fue hecho ayer por el Palacio de Buckingham. La señal de que algo podía suceder la dio una reunión inusual del equipo de todas las residencias reales convocada por Isabel II, sin aviso previo, en la mañana de ayer.

La reacción de los diarios fue inmediata, lo que dio pie a varias conjeturas. El comunicado oficial aclaró que no existen problemas de salud, aparte de los achaques normales de la edad, y tampoco habrá pasaje de cargos institucionales. Pero es una noticia, a su modo, de final de época.

El duque de Edimburgo, compañero de vida de Isabel desde 1947 (en noviembre cumplen 70 años de matrimonio) y su brazo derecho en 65 años de reinado, dará un paso al costado. Con "el apoyo pleno de la reina", como afirma la nota del palacio, cede el peso de las obligaciones a las generaciones jóvenes.

Ya había reducido sus compromisos recientemente, junto a la monarca, en beneficio de su hijo Carlos y de los nietos Guillermo y Harry . Ahora, para el anciano oficial de la armada real llegará el retiro definitivo, aunque no desaparecerá del todo de escena. Él mismo lo confirmó, con el espíritu jovial de siempre, que lo ha hecho popular en décadas de frases y gaffes.

"No me mantengo más en pie", bromeó pocas horas después en el Palacio St. James, al entregar una condecoración al matemático Michael Atiyah. Sin embargo, no parece ser tan así, visto su temperamento en cada una de sus apariciones. De todas maneras, cuando cumplió 90 años, y antes de una operación del corazón, había confesado: "Pienso haber hecho mi parte".

En esos mismos días, en un raro reconocimiento público, la reina le había rendido un homenaje definiéndolo bíblicamente como "mi fuerza y mi sostén".

Los memoriosos cuentan que desde que la monarca asumió el trono él participó nada menos que en 22.191 actos públicos. Eso sí, sin morderse la lengua.

"¡Parece un budín de ciruela!", exclamó cuando vio por primera vez a su hijo recién nacido, el príncipe Carlos. Y es que si por algo es famoso el duque de Edimburgo es por su incorrección política y sus sonadas metidas de pata, que contrastan con la seriedad de su esposa. Muchos recuerdan su legendaria advertencia a un grupo de estudiantes británicos durante una visita de Estado a China en 1986: "Si siguen aquí más tiempo, acabarán con los ojos rasgados", les espetó.

Siempre estuvo un paso detrás de ella, dirigiendo unas 800 organizaciones caritativas o sociales.

Con todo, pese a las crisis como los divorcios de tres de sus cuatro hijos o la muerte de la princesa Diana, su matrimonio se considera ejemplar, y afirman que a la reina le siguen brillando los ojos cuando él aparece.

La política británica, arrinconada por la campaña electoral y las polémicas por el Brexit, parece haber terminado de impulsar la decisión del duque de Edimburgo.

La premier conservadora, Theresa May, expresó ayer "la profunda gratitud del país" hacia él, y hasta el líder laborista Jeremy Corbyn, viejo militante socialista y republicano, le elogió "el sentido del deber público" y "el espíritu de servicio".

Agencia DPA y ANSA

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