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Alan Pauls: "Lo genial de Capote es cómo convierte lo real en otra cosa"

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LA NACION
Viernes 05 de mayo de 2017
Pablo Gianera entrevistó ayer a Pauls en el stand de LA NACION de la Feria Internacional del Libro
Pablo Gianera entrevistó ayer a Pauls en el stand de LA NACION de la Feria Internacional del Libro. Foto: LA NACION / Daniel Jayo
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Si se pensara en la relación de Alan Pauls con la traducción, lo primero que vendría a la cabeza sería uno de los personajes de su novela El pasado, ese que se droga para traducir, o más probablemente traduce para drogarse. Considerada de esta manera, la traducción es también una droga. Pero hay otras razones para detenerse en la relación entre uno y otra (Pauls y la traducción). En lugar de imaginar un personaje, es ahora el propio Pauls quien es traductor. Son suyas las versiones de Los primeros cuentos (Lumen), la serie de relatos hasta ahora inéditos que Truman Capote escribió muy joven, cuando todavía no era Capote. Y no lo era, pero, en cierto modo, lo era ya, según Pauls, de una manera prácticamente definitiva. "Capote es un escritor que me gusta mucho. Esos textos son del momento en que empezó a escribir, a los 17 o los 18 años. Son cuentos hipermaduros. Parecen escritos por alguien que iba a talleres literarios, pero no era el caso de Capote", dijo ayer, en una entrevista en el stand de LA NACIÓN. "Están escritos como se escribe un cuento tradicional americano; son cuentos muy sureños. A partir de ahí, Capote empieza a ser Capote."

-¿Hay algo que hayas tomado de Capote para tu trabajo? Pienso, por un lado, en el libro Temas lentos, con tus crónicas y colaboraciones periodísticas y, por el otro, en la novela. El periodismo y la ficción parecen en tu caso dos campos bien diferenciados, no así en Capote.

-Después de leer Color local, en una época en la que me dedicaba al periodismo más que ahora, intenté poner en práctica cierto "capotismo". Hay en Temas lentos un artículo en el que traté de explicar cómo llegó El beso de la mujer araña, de Puig, a convertirse en la película de [Héctor] Babenco. Fue un ejercicio deliberado de "capotizarme". No creo que haya dado muy buenos frutos... Algo muy genial de Capote es cómo toma el material real, la matanza de A sangre fría, por ejemplo, y lo convierte en otra cosa. Si se lo compara con Emmanuel Carrère, ahí se advierte la política de cada uno sobre cómo gestionar su propia figura dentro del texto. Eso es extraordinario en Capote. Es narcisista y exhibicionista como Carrère, pero en Capote se advierte cierto pudor que le viene de haber leído la literatura clásica.

-Decías que Capote tenía claro a los 17 años qué quería hacer con su escritura. ¿Vos tenías eso claro a esa misma edad?

-No. Casi nadie lo tiene claro. El de Capote es un libro original, de alguien que no aspira a la perfección y la conquista igual, pero después la deja atrás para buscar otro tipo de perfección. A mí nunca me pasó ni va a pasarme.

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