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¿Sorbete? No, gracias

Las pajitas son el nuevo blanco de concientización acerca del uso racional del plástico; GPS para entender las estrategias de batalla

Viernes 05 de mayo de 2017 • 12:54
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LA NACION
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Foto: Shutterstock

A las pajitas también les llegó la hora de lo políticamente correcto, no sólo por la absurda costumbre de reemplazar el término por sorbete –como si todos fuéramos unos malpensados- sino porque después de la batalla bien ganada a las bolsas de plástico ahora parecen ser las pajitas el nuevo blanco al que apuntar en términos ambientales. Pero ojo, que no todo forma parte del terreno de la insensatez. Antes conviene, justamente, separar la paja del trigo. El supuesto enfrentamiento entre pajita y sorbete no pasa de lo nominal y, en definitiva, en cuestión de realidades, no tiene la menor importancia. Ahora bien, si se estima que las pajitas son el cuarto residuo más común de la basura total que hay en los océanos después de las colillas de cigarrillos, de los envoltorios de comida y de las tapitas de botellas, el asunto toma otra densidad. La cifra surge de un estudio realizado por la organización Ocean Conservancy, con base en Washington D.C., que en 2015 publicó un informe con datos sobre la basura que fue recogida en playas de todo el mundo.

Lo cierto es que meditando la cruzada en contra las pajitas descubrimos que sí tiene consistencia. Otro dato que sostiene la batalla: se estima que sólo en Estados Unidos se usan unas 500 millones de pajitas al día. En primer lugar, pensemos en cuán útil es el uso de una bombilla cuando podríamos tomar directa y perfectamente del vaso. Salvo en el caso de niños o de personas con determinadas discapacidades físicas, la mayoría podría prescindir de un sorbete de plástico que sólo se usa por una vez, por unos quince minutos y para una sola bebida. Para más argumentos, María Ana Ventura, consultora en sustentabilidad, explica que “las pajitas son un residuo completamente innecesario: las usamos por un minuto y tardan en descomponerse hasta mil años. Y el impacto ambiental es más grave aún cuando van a parar al mar y son ingeridas por las especies marinas. Se estima que el 90% de ellas ha ingerido plástico”.

Foto: Shutterstock

Al respecto, en 2015, circuló el video de una tortuga marina a la que le extraían una pajita de diez centímetros de uno de los orificios de su nariz. Bastan tres minutos de pantalla de sufrimiento del animal y de lo desagradable del procedimiento como para decidir evitar para siempre el uso de pajitas.

En Argentina el tema parece no estar en agenda. Las cifras de la Cámara Argentina del Plástico no dan cuenta de cuántas bombillas se producen y se consumen en nuestro país debido a que la clasificación de los informes se hace por material y no por producto, aunque sí podemos decir que el polipropileno (plástico reciclable con el que se fabrican las pajitas) se lleva el 45% de la torta de los plásticos que se fabrican en nuestro país. Consultado para esta nota, desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad aseguran que están trabajando en la reducción de uso de plásticos, que ya lo vienen haciendo con las bolsas y que la idea es continuar con distintos materiales reciclables. De la misma manera, desde Mcdonald's dicen que hasta el momento no se encuentran vinculados con el tema del reciclado de pajitas.

En el mundo, el tema ya tiene unos cuantos de miles de activistas que apuntan no tanto al reciclado, sino a la concientización respecto de su uso. ¿Por qué? Porque debido a su tamaño y a su peso, muy pocas pajitas llegan a reciclarse y la mayoría termina, antes o después, en el mar. José Luis Picone, director ejecutivo de la Cámara Argentina de la Industria del Reciclado Plástico, asegura que “dentro de la multiplicidad de productos plásticos que se acumulan, los que se reciclan son los que son muy grandes o los que llegan en cantidades enormes. Pensar en juntar cien toneladas de pajitas es hoy inviable. En ninguna planta de reciclado de residuos se clasifican pajitas”. En este sentido, Ventura señala que “las campañas en contra de las pajitas llaman al consumo responsable y a evitar el derroche de recursos en la producción de productos efímeros que no agregan valor y de los que podemos prescindir sin problemas”.

Las campañas que se han iniciado en países como Estados Unidos, Colombia, Inglaterra y Australia, entre otros, prefieren no advertir sobre el reciclado, sino ir directo a la fuente del problema y erradicar el uso indiscriminado de pajitas. En sus mensajes llaman a que ni en bares ni en restaurantes se pongan pajitas por defecto al alcance de todos, sino que sólo se ofrezcan si el cliente las solicita. Es decir, que el hecho de usar o no una sea una elección personal y consciente.

Los sorbetes en datos

Son el cuarto residuo más común de la basura total que hay en los océanos

Sólo en Estados Unidos se usan unas 500 millones de pajitas al día

El polipropileno (plástico reciclable con el que se fabrican las pajitas) se lleva el 45% de la torta de los plásticos que se fabrican en nuestro país

Algunas de las iniciativas internacionales

-The Last Straw – www.plasticfreejuly.org - es una iniciativa de la organización australiana Plastic Free July –que convoca al desafío de no usar plástico durante los julios de todos los años- que alienta a bares y restaurantes a eliminar las pajitas de la barra y darlas sólo a quienes las pidan.

-En 2011, un niño de nueve años norteamericano llamado Milo creó el movimiento Be Straw Free para alertar acerca del uso irracional de pajitas. Inspirados en su iniciativa, StrawFree – www.strawfree.org - es otra institución que desalienta su uso y que promueve las bombillas de bambú.

-Con una interesante galería de fotos de cientos de productos de plástico descartados continuamente, la página There is no way – www.thereisnoway.net- incluye la campaña Straws Upon Request que no es otra cosa que sólo ofrecer pajitas a quienes lo soliciten.

-The Last Plastic Straw – www.thelastplasticstraw.org - promueve el uso consciente de las pajitas y ofrece un directorio de lugares ubicados en la costa oeste de Estados Unidos que ya son parte del movimiento.

-Una comunidad asentada en Londres alienta, bajo el nombre de Straw Wars – www.strawwars.org -, a no utilizar pajitas y actualiza a diario un mapa de espacios gastronómicos donde se promueve la revolución.

-Mejor sin pitillo – facebook.com/mejorsinpitillo - es el slogan de la campaña iniciada en Medellín, Colombia, que actúa haciendo lobby en bares y restaurantes para desalentar el uso de pajitas. La iniciativa ha llegado también a España.

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