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El caso Messi: la segunda mano de Dios y una siesta catalana

En el entorno del capitán de la selección miraron con desconfianza todo lo que pasó en la AFA

Viernes 05 de mayo de 2017 • 13:18
LA NACION
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Foto: Archivo

Desde que Guardiola llegó a su vida, Lionel Messi modificó algunos de sus hábitos cotidianos. Si su vida puede dividirse en un antes y después de Pep, en el pasado se verá mucha carne y en el presente, pescado y verduras; atrás, largas siestas y meriendas con dulce de leche y ahora, no más de dos horas de descanso post almuerzo y frutas listas para saciar el hambre del despertar.

Cuando este viernes sonaron las alarmas en Zúrich y el mundo se enteró de que la sanción de la FIFA se había evaporado, en Barcelona eran las tres de la tarde. Hora de dormir, sí, en la mansión de Casteldefels que habitan el mejor futbolistas del mundo, su mujer y sus dos hijos. Una especulación, claro, apoyada en la rutina que Messi respeta cada día después del entrenamiento matutino en el club y el almuerzo en su casa. Pero si por alguna razón se hubiera saltado ese precepto, no habría sido por lo que ocurría a 850 kilómetros de allí, en la suntuosa sede de la FIFA: desde el 28 de marzo, cuando se conoció la sanción de cuatro fechas por los insultos a un árbitro asistente en el Argentina-Chile del Monumental hasta hoy mismo, la participación del protagonista en las estrategias de defensa de la AFA fue moderada.

En esta historia de idas y vueltas, el factor Messi no fue el central. En el entorno del capitán de la selección miraron con desconfianza todo lo que pasó en la AFA desde que él empezó a purgar la sanción, encerrado en un viejo vestuario del estadio Hernando Siles de La Paz, mientras sus compañeros perdían adentro de la cancha contra Bolivia. La eyección de Marcelo Tinelli, alguien cercano a él, y la declaración pública de Chiqui Tapia respecto de la conveniencia de que el sancionado se presentara en Zúrich lo alejaron un poco más, si eso fuera posible, de la dirigencia argentina.

Por eso, de los cuatro abogados que el jueves hicieron el descargo en la FIFA, ninguno era de los que habitualmente intervienen en las cuestiones legales de Messi: el 10 eligió que la defensa la llevara adelante la AFA. Esa tarea, entonces, la encabezó un letrado español, que llevaba una invocación en su nombre: se llama Dios. Juan de Dios Crespo, para decirlo con todas las letras. Y para que quede claro que la nueva AFA y la nueva FIFA son todavía promesas lanzadas al viento, alcanza con leer la nómina de la Comisión de Apelación de la FIFA que resolvió la cuestión; allí se podrá leer que el vicepresidente del organismo es Fernando Mitjans, el mismo que aquí conduce el Tribunal de Disciplina de la AFA. El mismo que desde ese cargo le aseguró una vez por teléfono a Daniel Angelici que iba a diluir una sanción contra Boca, más puesto en el rol de hincha y sirviente que de autoridad competente. En este caso, por ser argentino, Mitjans no podía participar activamente de la decisión final sobre Messi. Hacer lobby, claro que sí.

No puede pasar de hoy que los voceros de Tapia le atribuyan este “triunfo” al novel presidente. Será mirarse demasiado el ombligo: con Messi sancionado y la clasificación de la Argentina en riesgo, también a la FIFA puede hacerle cosquillas el peligro de que la cara mundial de Adidas, uno de sus principales sponsors, se quede fuera del Mundial.

Ah, y para evitarle problemas de financiamiento de su próxima boda con Antonella, además le devolvieron los 10 mil francos suizos de la multa. Conste en actas.

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