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Experimento: Venecia, punta de lanza para limitar el turismo

La alcaldía de la ciudad instalará puestos de "cuentapersonas" en los sitios icónicos que se vean desbordados por los visitantes

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LA NACION
Sábado 06 de mayo de 2017
El agua y la tierra de Venecia, invadidos por turistas
El agua y la tierra de Venecia, invadidos por turistas. Foto: Shutterstock
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ROMA.- Venecia intenta decirle "basta" a la invasión turística. Para no ser ahogada por el aluvión de visitantes que, cada vez en mayor número, toman por asalto la bellísima ciudad de los canales, su junta comunal decidió poner en marcha un sistema "cuentapersonas" en sus puntos estratégicos. La medida, sin precedente, podría ser imitada por otras ciudades joyas del arte, entre ellas, Florencia y esta capital, también desbordadas por la llegada de legiones de "bárbaros".

Según se anunció la semana pasada, en Venecia comenzará a funcionar, en vía experimental, un mecanismo para contabilizar, minuto a minuto, la cantidad de personas presentes en determinados sitios clave. Serán instalados sistemas "cuentapersonas" en zonas tan estratégicas como el famoso puente de Calatrava, cerca de la estación de tren, y otros puntos "calientes" de la ciudad de las góndolas.

"Se trata de una disposición muy esperada, con la que la administración comunal le da respuestas concretas al problema de la gestión de los flujos turísticos", explicó el alcalde de Venecia, Luigi Brugnaro. "Como había sido pedido también por el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, hemos logrado identificar una serie de acciones para regular los flujos turísticos y hacerlos compatibles con la vida cotidiana de los ciudadanos residentes, al margen de promover el inicio de una campaña internacional de sensibilización vinculada con la salvaguardia de todo lo específico veneciano", agregó.

En agosto pasado, Brugnaro -empresario que llegó a la alcaldía en 2015 de la mano de la centroderecha- había anticipado que iba a emprender una política de mano dura, más restrictiva, para controlar las mareas de visitantes. Como quedó inmortalizado en imágenes que dieron la vuelta al mundo, durante el verano pasado Venecia sufrió una verdadera humillación: hubo turistas que, semidesnudos, comieron pizza acampados en la Plaza San Marcos, orinaron detrás de antiguos monumentos o se dieron un chapuzón tirándose, borrachos, al agua, desde el puente de Rialto. La mala educación de los "bárbaros" llevó a los cada vez menos residentes de la ciudad de la laguna -que así como va poblándose de B&B va despoblándose (tiene apenas 56.000 vecinos en su centro)- a reaccionar con afiches antituristas.

Ahora, al margen de poner en marcha un sistema "cuentapersonas", la junta comunal aprobó otras iniciativas para prevenir comportamientos impropios. Serán identificadas nuevas áreas para que los turistas puedan comer o ir al baño, que serán insertadas en un mapa temático. Además se incrementará el personal de policía local y se revisará el reglamento relativo a la tutela del decoro, con probables multas a quienes decidan zambullirse en el Canal Grande o hacer un picnic en áreas monumentales.

Los problemas de Venecia -que recibe unos 10 millones de turistas por año-, en verdad son los mismos que tienen ciudades-joya como Florencia y esta capital. En estos días volvieron aquí las polémicas después de que algunos turistas se zambulleron en la Fontana di Trevi, al mejor estilo Anita Ekberg en La dolce vita, de Federico Fellini. Sin contar que hubo una familia extranjera que quedó inmortalizada comiendo "spaghetti" en platos de plástico en la escalinata de la Piazza di Spagna.

Algunos sectores propusieron poner un "ticket" de entrada a las ciudades tomadas por asalto por el cada vez más voraz turismo de masa. Una bendición para los ingresos de la península, pero también un veneno.

En medio de un debate siempre actual, Dario Franceschini, ministro de Bienes Culturales, excluyó la idea de la imposición de "tickets" de entrada a las principales metas. Pero sí admitió que, como ya hizo Venecia, otras ciudades podrán imponer sistemas "cuentapersonas" para manejar los ríos de gente, si es que sus alcaldes así lo deciden.

"Estoy en contra del «ticket» porque no se puede hacer pagar una entrada de acceso a un centro histórico o a una plaza: las ciudades deben mantenerse abiertas, libres", dijo Franceschini. "Pero creo que los lugares artísticos que ya hoy tienen un problema de congestión y que son de por sí frágiles, no pueden recibir a un número cualquiera de visitadores. La Fontana di Trevi (Roma), la Plaza San Marcos (Venecia), el Ponte Vecchio (Florencia), deben ser protegidos."

Franceschini consideró los "cuentapersonas" o reguladores de acceso un "instrumento útil". "Cuando se superan ciertos números no se deja entrar más a las personas, hasta que quien está adentro no haya salido", explicó. Y destacó que ya utiliza este sistema la pequeña ciudad de Dubrovnik, en la costa de Croacia.

Italia, imán para el turismo internacional con sus bellezas artísticas, superó los 55 millones de turistas por año. "El país es tan atractivo que si no se ponen en marcha ciertas medidas será arrasado por un turismo «touch and go» que no deja riqueza", advirtió Franceschini, que llamó a apuntar hacia un "turismo sustentable, culto, que trae riqueza y respeta el ambiente".

¿Será posible? Habrá que esperar los resultados del sistema "cuentapersonas" para saberlo.

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