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Divorcios porteños: entre los 35 y los 44, la edad más crítica

La mayoría de las rupturas se produce tras diez años de pareja

Sábado 06 de mayo de 2017
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LA NACION
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Pasaron casi cinco años desde que Juan, de 43 años, se divorció de la madre de sus dos hijos. Dentro de tres meses volverá a casarse. Mientras abraza a su futura esposa, cuenta que era muy joven cuando contrajo su primer matrimonio y que el amor se desgastó a los 11 años de convivencia. Está convencido de que el divorcio fue un nuevo comienzo en su vida y que siempre está la oportunidad de empezar de cero y ser feliz.

El caso de Juan se ajusta al promedio. Según cifras publicadas por la Dirección General de Estadística y Censos del gobierno porteño, analizadas y clasificadas por LA NACIÓN Data, el mayor número de divorcios en la ciudad de Buenos Aires se produce cuando el cónyuge tiene entre 35 y 44 años, y cuando el matrimonio tiene una duración de 10 años en adelante.

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Pedro Herscovici, médico psiquiatra especializado en terapia familiar y de pareja, explicó que la causa de este fenómeno no tiene que ver con lo que algunos llaman la crisis de los 40, sino más precisamente con que la gente tiende a separarse cuando se casa joven porque el crecimiento en paralelo está menos asegurado.

"Indudablemente hay más tendencia a divorciarse porque hay etapas evolutivas que se desarrollan de forma dispareja", dijo Herscovici, que es miembro de la Asociación de Psicoterapia Sistémica de Buenos Aires.

La edad de los porteños a la hora de contraer matrimonio, sin embargo, aumentó un 19% respecto de 1990. En la actualidad las mujeres se casan en promedio a los 33 años, mientras que los hombres lo hacen a los 34. En ese sentido, Sonia Kleiman, psicóloga y directora de la maestría en vínculos, familias y diversidad sociocultural del Hospital Italiano, manifestó: "Eso habla muy bien de la paridad de género que se está construyendo en la Argentina. Hay un espectro amplio de proyectos además de formar familia; muchos jóvenes primero quieren estudiar, trabajar y vivir solos. Casarse era el eje central del siglo pasado, no de éste".

En 2015, el último año publicado por la Dirección General de Estadística y Censos del gobierno porteño, hubo un total de 5642 divorcios, de los cuales 95 no especificaron su edad. Del total, 1002 se dieron en personas de entre 40 y 44 años; 951 entre los 35 y 39, y 901 entre los 45 y 49.

En cuanto a los factores socioeconómicos que influyen en la decisión de casarse, el número récord de divorcios y matrimonios ocurrió en 1988, el año posterior a la sanción de la ley que permitió a los cónyuges separados de hecho, conseguir el divorcio vincular y volver a contraer nupcias.

Por otro lado, hace 13 años que la mitad de los que se casan se divorcia. Esto equivale a un total de 15 divorcios por día. "Es que vivimos en una época vertiginosa, apenas aparecen los conflictos que requieren trabajo, disolvemos la situación para no enfrentarla. Ya no es hasta que las muerte los separe: las personas procuran elegir más, eligen con quién vivir y cómo", dijo Kleiman.

¿Otra fecha significativa? El 2002 fue el año con menor cantidad de separaciones legales. "Después de épocas de crisis económicas, la gente no tiende a separarse porque tiene que resolver cuestiones en conjunto. Las parejas se divorcian cuando consiguen cierta autonomía económica que se los permite", remarcó Herscovici. En contraste, el año con el número más bajo de matrimonios fue 2014.

"Las personas que viven en un buen matrimonio viven también más, mejor y más sanos en comparación con aquellos que terminan infelices matrimonialmente o que generan un mal divorcio -agregó Herscovici-. En los matrimonios con alto nivel de hostilidad latente o manifiesta los que también sufren las consecuencias negativas son los hijos."

Matrimonio igualitario

La aprobación del matrimonio igualitario en 2010 modificó la radiografía. En 2016 los matrimonios entre mujeres aumentaron un 17% y un 5% en el caso de los hombres, respecto de 2015. Mientras que los matrimonios heterosexuales disminuyeron un 1,1 por ciento.

La licenciada Kleiman dijo que al haber tanto prejuicio y rechazo para aceptar que la heterosexualidad normativa era algo impuesto y creado por un dispositivo sexual o religioso, ahora el matrimonio igualitario es vivido como un logro. Y añadió: "Es lógico, el matrimonio tiende a legitimar a nivel pareja y a nivel social".

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