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El liderazgo, según Ferguson: Tevez, Verón, su estilo de conducción y ser padre y DT

Domingo 07 de mayo de 2017
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LA NACION
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La tapa del libro
La tapa del libro. Foto: Archivo

Alex Ferguson marcó una era en Manchester United: dirigió al equipo en 1500 partidos y ganó 35 títulos. Dejó su sello en Inglaterra, aunque su mayor logro fue la cantidad de años (27) que estuvo en el cargo en una profesión cada vez más exigente. Ese legado perdura hoy en cada rincón del mundo. Se les pregunta a los DT si sueñan con ser el "Ferguson de tal o cual club". Ya retirado de la actividad, sigue sin faltar a ningún partido del United. Es un embajador de honor donde, en cada palco, simula cabezazos defensivos u ofensivos (según cómo venga la jugada) para hacer fuerza por su querido Manchester. En el libro "Liderazgo" (Rocaeditorial) cuenta su relación con Carlos Tevez ("Lo pudimos haber comprado a West Ham por 25,5 millones de libras, pero dudé... y cuando me decidí ya lo había adquirido el City en 47 millones") y por qué los hinchas le criticaron la incorporación de Juan Sebastián Verón ("me cuestionaron que lo compramos en 24 millones de libras y lo vendimos en 15").

Utilizaba todo tipo de situaciones para recalcarles a los jugadores las ventajas del trabajo en equipo, sobre todo en los más jóvenes. "En la oficina del campo de entrenamiento de Carrington tenía una fotografía en blanco y negro de gran tamaño de la década del 30, en la que aparecían 11 trabajadores de Nueva York sentados sobre una viga de acero a cientos de metros del suelo durante la construcción del Rockefeller Center. Me pone los pelos de punta. Se les ve con gorras de paño, sin arneses de seguridad y uno de ellos está encendiendo un cigarrillo. Solía explicar a los jugadores que si uno de esos trabajadores hubiera tenido un problema, sus compañeros habrían intentado salvarlo. "Ese es el espíritu de equipo, les decía, dar la vida por alguien. Nadie en el club gana sin los demás". Por supuesto, algunos de los jóvenes no lo entendían. Una vez le pregunté a uno: "¿Qué te dice esa foto?". Y su respuesta fue: "Que todos llevan gorra".

Explica que en un "mundo ideal" habría compuesto cada alineación con 11 jugadores que tuvieran tanta determinación como talento. "Pero la vida real no es así y si tenía que elegir entre personas con mucho talento pero sin decisión y deseo, y otras que sólo eran buenas, pero tenían determinación y empuje, siempre elegía a estas últimas".

Una experiencia curiosa que le tocó vivir fue la de dirigir a uno de sus hijos mellizos, Darren. "Nunca me había planteado ficharlo para el United porque pensé que los dos nos sentiríamos muy incómodos. Hubo que tomar una decisión cuando Darren estuvo a punto de firmar con Nottingham Forest en 1990. Lo hablé con mi esposa Cathy y ella sugirió que lo dejemos decidir a él. Y ahí fue cuando Darren me dijo que quería jugar con su viejo. Debutó como titular ese mismo año en el United y ganó su primer título en 1993. Conmigo jugó 16 partidos y tuvo mala suerte porque sufrió una lesión de ligamentos en un partido con la selección Sub 21 de Escocia. Cuando pudo volver, ya se habían recuperado de sus lesiones Paul Ince y Bryan Robson y, al verano siguiente, pensé como DT y fiché a Roy Keane (tenía 21 años), para reforzar el medio campo. Eso fue una tragedia para Darren y me pidió que lo traspasara. Le ayudé a que entrara en el Wolverhampton Wanderers. Mientras estuvo en el United, Darren comprendió que yo era su DT, no su padre, tal como descubrí cuando intentaba sacarle información sobre el estilo de vida de un par de jugadores. No hubo forma que me dijera nada de sus compañeros. Cathy jamás me perdonó cuando cedí a Darren a Wolves. De vez en cuando, mi esposa me lo recuerda diciéndome: "Vendiste a tu propio hijo".

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