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La realidad del fútbol contra los profetas del “todo previsto”

Diego Latorre

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LA NACION
Domingo 07 de mayo de 2017
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El Cholo Simeone, DT de Atlético de Madrid
El Cholo Simeone, DT de Atlético de Madrid.

En tiempos donde los discursos marcan las pautas, la audiencia elige lo que prefiere escuchar. En el fútbol la inclinación parece clara: los profetas del esfuerzo y del todo organizado y previsto cautivan mucho más que quienes buscan el compromiso a partir de la pelota y el protagonismo. Hasta tal punto que su propuesta de juego queda eximida de valoración.

Pero en este deporte las verdades inamovibles son muy temporales y los ingredientes de un partido se encargan de desmoronar frases impuestas y preparaciones minuciosas para ofrecernos realidades desconcertantes. La última semana nos ofreció un buen puñado de evidencias al respecto.

El Atlético de Madrid, un conjunto que ha vivido estos años de la pasión y la intensidad, de pronto recibe un tremendo cachetazo sin demostrar pasión ni intensidad. El Racing del mismo Diego Cocca que armó un equipo solvente y seguro durante su primera etapa en el club aparece vulnerable y con cierta facilidad pare recibir goles. Gonzalo Higuaín, un delantero estigmatizado por fallar en finales y partidos decisivos, marca dos tantos en una semifinal de Champions League sin que le tiemble el pulso.

El caso del Atlético es singular. Ya sea por estrategia o por cierta psicología inversa que pretende que los demás crean una cosa cuando él de verdad piensa otra diferente, Diego Simeone comete una especie de estafa intelectual. Nos convenció –a sus propios jugadores antes que a nadie– de que tiene todo calculado, que su equipo es un ejército siempre preparado para ir a la guerra. Y sin embargo, en el Bernabéu quedó claro que a veces el fútbol toma carriles impensados y que la táctica entendida como ejercicio defensivo, concentración, neutralización del adversario y aprovechamiento de un par de oportunidades propias de pronto puede fallar: el rival se mueve, sale de su encierro, es más astuto, y el “ejército que iba a la guerra” acaba superado, desconcentrado, casi apático, mientras recibe goles infantiles.

El trabajo del Cholo en un club con tendencia a la fatalidad como el Atlético merece ser valorado. Él es consciente de su gran obra, pero desde su inalterable discurso pretende aparentar que solo lo deja satisfecho el resultado final. Le informo que, lamentablemente, eso no depende de él. Un entrenador debe estar dispuesto a aceptar que esto es así, y también transmitirlo para evitar confusiones.

Personalmente me aterra que se considere éxito a la frutilla del postre y no al postre mismo, pero mucho más me aterra que lo diga el propio protagonista, porque de esa manera el nivel de penetración y difusión en la sangre del universo futbolístico es incluso mayor. El éxito final a veces se da y otras no, pero quien habla obsesivamente de ganar endulza los oídos y logra instalar en el inconsciente colectivo la idea de que lucha más que el resto por conseguir la victoria y en consecuencia le duele más la derrota. El mensaje encriptado es que cuando gana, gana el doble; y cuando pierde, pierde la mitad.

Desde ya, se trata de una falacia. Primero, porque en el fútbol la derrota es solo una alternativa de juego. Pero también porque cualquier jugador tiene un gen competitivo que lleva educando desde la infancia. Es muy inocente creer que sólo algunos entrenan para ganar y levantar copas.

De Madrid a Avellaneda

Diego Cocca también aparenta estar rodeado de un caparazón por el cual hay cosas que no pueden sucederle. Es cierto que entre sus dos etapas en Racing ha habido cambios de futbolistas importantes y que no existen dos momentos iguales, pero cabe preguntarse cómo es posible que no pueda volver a inyectar a su grupo de la misma suficiencia y seguridad que impuso hace apenas un par de años en el mismo escenario.

Quizás sea bueno entender que se trata de fútbol, un juego indescifrable donde los absolutismos tales como tener planificado cada detalle, garantizar un resultado o catalogar a determinados protagonistas de “ganadores” y “perdedores” carece totalmente de sentido.

Un dato puede servir de resumen: Toni Kroos, el alemán del Real Madrid, registra un 97 por ciento de acierto en sus pases, ya sean sencillos o complejos. Sin embargo, fue él quien dejó a Higuaín mano a mano con Neuer en la final del Mundial 2014 con un mal pase. Como para que un técnico piense que puede controlarlo todo.ß

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