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Un cambio de cara: la política brasileña busca renovar su liderazgo

En plena tormenta por el Lava Jato, Lula aún es el más popular, pero ya asoman otros dirigentes con proyección

Domingo 07 de mayo de 2017
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LA NACION
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RÍO DE JANEIRO.- Después de desentrañar el esquema de corrupción en Petrobras, lograr acuerdos de delación premiada con ejecutivos de Odebrecht y otras grandes constructoras que pagaron sobornos, la operación Lava Jato impactó con fuerza sobre la política de Brasil: más de 200 políticos están hoy investigados por la justicia y una decena ya fueron presos. En medio de esta convulsión, muchos brasileños esperan que, como el chorro de agua en un lavadero de autos al que hacía alusión su premonitorio nombre, las investigaciones anticorrupción ayuden a limpiar el escenario político y traigan un nuevo liderazgo. Pero no será un proceso ni simple ni rápido.

"El Lava Jato abrió un escenario devastador para la élite política brasileña, pero no habrá una renovación de la noche a la mañana. Será un proceso gradual", dijo a LA NACION Mauricio Santoro, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), que confía más en ver los efectos de las investigaciones para las elecciones presidenciales de 2022 que para las de 2018. "La situación está muy indefinida ahora", resaltó.

Ese panorama de incertidumbre quedó demostrado en la más reciente encuesta de Datafolha, publicada el domingo pasado, sobre las intenciones de voto para los comicios del año próximo. Quien domina -por lejos, con el 30%- las preferencias es el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, histórico líder del Partido de los Trabajadores (PT), aunque está procesado en cinco causas judiciales relacionadas con el petrolão por corrupción, lavado de dinero, asociación ilícita, tráfico de influencias y obstrucción de la justicia. Si antes de las elecciones Lula fuera condenado en segunda instancia en alguno de esos casos, quedaría inhabilitado para competir.

Le siguen en popularidad -virtualmente empatados con alrededor de un 15% de apoyo- la ecologista Marina Silva (Red de Sustentabilidad), que ya fue candidata presidencial en 2010 y 2014, y el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro (Partido Social Cristiano), famoso por sus elogios a la dictadura militar, sus posturas conservadoras, machistas y homófobas. Ni Silva ni Bolsonaro fueron manchados por las acusaciones del Lava Jato, pero mientras la ambientalista permaneció prácticamente ajena al debate público, el legislador reforzó sus declaraciones a favor de la lucha anticorrupción y lanzó duras críticas contra el establishment (al que, sin embargo, pertenece como diputado desde 1991 y con dos de sus tres hijos también dedicados a la política).

Foto: LA NACION

La estrategia le dio frutos a Bolsonaro: es el presidenciable que más creció en los últimos tiempos, y empieza a generar preocupación entre los observadores.

"El riesgo que corremos es que como sanción del electorado a la «vieja política» se busquen salidas no muy democráticas, de corte autoritario", advirtió Flavia Biroli, del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Brasilia. "También puede suceder que se elijan candidatos de partidos chicos, sin base para gobernar, como sucedió con Fernando Collor de Mello en 1989", agregó.

El Lava Jato parece haber golpeado con fuerza al tradicional Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Sus tres regulares aspirantes a la presidencia -los senadores José Serra y Aécio Neves, y el gobernador del estado de San Pablo, Geraldo Alckmin- fueron mencionados por los ejecutivos de Odebrecht como beneficiarios de coimas y su respaldo popular hoy no supera el 8%, según el sondeo de Datafolha.

Sin embargo, una figura nueva, João Doria -alcalde de la ciudad de San Pablo y empresario multimillonario considerado un outsider de la política, pero vinculado al PSDB-, empieza a ser visto como la gran esperanza del partido, con un 11% de las preferencias. Ahijado político de Alckmin, que lo ayudó a obtener su histórico triunfo en primera vuelta el año pasado en la capital paulista, Doria se destacó como un gran comunicador gracias a su experiencia anterior como periodista y presentador televisivo de la versión brasileña de El Aprendiz, el reality show que encabezaba Donald Trump.

Al igual que el ahora presidente de Estados Unidos, el magnate brasileño ama llamar la atención, se enorgullece de no ser un político de raza e impulsa una gestión empresarial en la administración pública.

"La fuerza de gravedad en el PSDB empuja hacia Doria, y él está haciendo esfuerzos por nacionalizar su nombre, a pesar de la oposición de algunos dirigentes históricos del partido", resaltó Marco Antonio Teixeira, politólogo de la Fundación Getulio Vargas en San Pablo.

Escenarios

"Habrá que ver cómo queda el escenario para 2018 y qué pasa con Lula. Puede haber lugar para un aspirante nuevo, como Doria o Bolsonaro, en un ballottage, pero dudo que haya espacio para los dos", afirmó Teixeira, que llamó a no perder de vista a políticos asociados a las iglesias evangélicas, como el alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella (Partido Republicano Brasileño), que buscarán ocupar vacíos dejados por la "vieja política".

Dentro de la resistencia en el PSDB a Doria (liderada por Aécio Neves), hay quienes empezaron a testear la posibilidad de candidatear al popular presentador televisivo Luciano Huck, esposo de la muy querida animadora y ex cantante Angélica. Ya en la encuesta de Datafolha, Huck aparecía con un 3% de apoyo.

También son considerados como eventuales candidatos centristas los jueces Joaquim Barbosa y Sergio Moro. Ex presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Barbosa se convirtió en una personalidad muy respetada tras el juicio del mensalão (2012), por compra de votos en el Congreso durante el primer gobierno de Lula, y que llevó a la cárcel a la antigua cúpula del PT aún cuando el propio magistrado había sido nombrado en la Corte por Lula.

Juez federal en Curitiba, desde donde lleva adelante la causa del petrolão, Moro es hoy sinónimo internacional de combate a la corrupción. Si bien ambos jueces han dicho que no tienen ambiciones políticas (y tampoco están afiliados a ningún partido), contarían con una gran cantidad de votos. Y, de acuerdo con las encuestas, en una eventual segunda vuelta, sólo Moro y Marina Silva tendrían posibilidades de derrotar a Lula.

Del destino del ex presidente -si llega a ser candidato o no- dependerá la suerte de varias otras figuras de la izquierda, como el ex gobernador del estado de Ceará Ciro Gomes (Partido Democrático Laborista; PDT); el ex alcalde de la ciudad de San Pablo Fernando Haddad (PT), y los ascendentes políticos del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) Luciana Genro y Marcelo Freixo.

El PT y sus aliados quedaron muy debilitados por el trauma del impeachment a Dilma Rousseff el año pasado, pero ante la lenta reactivación económica y la impopularidad del gobierno del presidente Michel Temer (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), muchos brasileños -sobre todo de los sectores más empobrecidos- añoran la "época dorada" de Lula, en la que el país atravesó un boom económico y hubo reducción de las desigualdades sociales.

Lula enfrenta una semana judicial clave

El destino judicial del ex presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva empezará a sellarse el próximo miércoles en Curitiba, cuando vaya a declarar ante el juez federal Sergio Moro en una de las cinco causas en las que está procesado, vinculadas al esquema de sobornos que existió en la empresa estatal Petrobras.

Se trata del caso de un departamento en el balneario de Guarujá (San Pablo) que el ex mandatario habría recibido a cambio de favores a la constructora OAS, una de las involucradas en el petrolão. El propio ex presidente de la compañía, Leo Pinheiro, ya afirmó a Moro que el inmueble fue dado a Lula, aunque el líder del Partido de los Trabajadores (PT) niega que sea de su propiedad.

El viernes pasado, Lula quedó aún más comprometido ante la justicia brasileña luego de que el ex director de Ingeniería y Servicios de Petrobras, Renato Duque, señalara que el ex presidente tenía "pleno conocimiento y comando" de la red de corrupción montada en la petrolera estatal.

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