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Christopher Garman: "A Temer lo salva el reconocimiento de que él es el puente para llegar a 2018"

El experto en Brasil de Eurasia Group señaló que el presidente se ve favorecido por el miedo colectivo de toda la clase política

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PARA LA NACION
Domingo 07 de mayo de 2017
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En momentos en que su popularidad está por el piso -sólo 9% de imagen positiva-, el presidente brasileño, Michel Temer , lanzó una batería de reformas económicas que son consideradas las más ambiciosas desde el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002). ¿Por qué lo puede hacer? "Hay un sentimiento colectivo de miedo en toda la clase política. Los dirigentes ven como única solución [a la crisis] aprobar una serie de leyes que, aunque vayan en contra de la voluntad de sus votantes, sienten las condiciones para una recuperación económica. Porque si la economía no arranca, no habrá futuro para la administración de Temer y todos los dirigentes caerían", explica a LA NACION el brasileño Christopher Garman, analista político de la consultora Eurasia Group.

Brasil pasó por la peor recesión económica de su historia. Su PBI se contrajo 3,8% en 2015 y 3,5% en 2016. Para este año, sin embargo, los analistas esperan que el país crezca entre 0,5 y 0,7%. La mínima posibilidad de una recuperación genera esperanzas dentro de un Congreso golpeado por los escándalos de corrupción que destapó la operación Lava Jato.

-¿Cómo logró el gobierno de Temer, con tan baja imagen positiva, aprobar una serie de normas sumamente impopulares?

-Generalmente se toman estas medidas cuando el presidente apenas asume al poder. El apoyo popular es alto y se generan las condiciones necesarias, para que cuando termine su administración, la economía esté en alza. Con Temer eso no pudo ser porque no hay suficiente tiempo para que la economía se recupere y, además, él no es popular. Lo que explica todo esto es el miedo. Es un sentimiento colectivo de supervivencia del Congreso y de los políticos. Si sos un político en Brasilia, y mirás hacia 2018, te da mucho miedo.

-¿Por qué?

-Por el Lava Jato, la investigación que amenaza a gran parte de la clase política. Los brasileños están muy enojados con sus dirigentes. Muchos legisladores llegaron a la conclusión de que la única chance que tienen de sobrevivir -de ser reelectos en 2018 y mantener su inmunidad- es lograr un shock importante de confianza en la economía con las reformas que propone Temer. El sentimiento colectivo de miedo es lo que mantiene al presidente en el poder.

-¿Cree que Temer culminará su mandato?

-Creo que sí, porque la justicia sabe que si Temer fuera destituido, el país podría entrar en otra crisis de confianza y de incertidumbre.

-¿Qué tan complicada está la fórmula Dilma Rousseff-Temer por la acusación de financiamiento ilícito durante la campaña de 2014?

-Hay mucha evidencia de que hubo financiamiento ilícito. Hay una base legal sustentable para decidir inhabilitarla. Si eso sucede, el Congreso debería elegir un nuevo presidente en 30 días. Pero no hay ni siquiera una legislación para saber cómo se hace eso. No hay reglas todavía, se entraría totalmente a lo desconocido. Y el Tribunal Superior Electoral (TSE) sabe sobre las repercusiones de anular la fórmula y tener que forzar al Congreso a elegir un nuevo presidente.

-¿Cuál es la estrategia del TSE, entonces?

-El juego es atrasar el caso. Comprar tiempo. Empujar el problema más para el fin del mandato y buscar una solución donde se enfrenta la situación, pero no se tira al país dentro de una nueva crisis. Lo que está salvando al presidente Temer del TSE es el reconocimiento de que él es el puente para llegar a 2018.

-¿Es optimista respecto del futuro de la economía brasileña?

-Creo que está en un punto de inflexión. Están en proceso de aprobar las reformas estructurales más ambiciosas de las últimas décadas, como no se hacía desde el primer año del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, en 1995. Están promulgando una batería de leyes que harán más atractivas las inversiones.

-¿A quiénes ve como candidatos para las elecciones de 2018?

-Todos los líderes políticos tienen un grado de rechazo superior al 50%. Luiz Inacio Lula da Silva es el que mejor está posicionado en las encuestas, pero a la vez tiene un 66% de imagen negativa. Si logra postularse, seguramente llegue a segunda vuelta, pero sería difícil que gane. A su vez, Lula es el que está más complicado desde el punto de vista legal. Su estrategia defensiva más fuerte es ser candidato en 2018. Nosotros seguimos de cerca al alcalde de San Pablo, João Doria. Es visto como una figura del antiestablishment, muy carismático y amigo de los mercados financieros.

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