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Dos actores juglares recrean la vida de San Francisco de Asís

Lunes 08 de mayo de 2017
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PARA LA NACION
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Patricio Paz y, como lobo, José Toccalino
Patricio Paz y, como lobo, José Toccalino.

Pobrecito / Autor y director: Mariano Moro / Elenco: Patricio Paz y José Toccalino / Dirección de arte y vestuario: Silvina Zorzolli / Escenografía: Matías Ledesma / Iluminación: Sebastián Crasso / Stage manager: Lucas Torres Antunes / Funciones: jueves, a las 20 / Sala: El Tinglado, Mario Bravo 948 / Duración: 100 minutos / Nuestra opinión: buena

Francisco nunca pasa de moda. Antes, durante y seguramente después del papa argentino, cine y teatro eligen periódicamente al santo de Asís, entre otras hagiografías posibles, quizá porque bajo su pureza inofensiva y apta para todo público anidan las mismas preguntas que siguen sin respuesta.

Algunas de estas cuestiones deben de preocupar al marplatense Mariano Moro, autor y director de Pobrecito, sobre el fundador de la orden franciscana, y Teresa, sobre Santa Teresa de Ávila, las dos obras que tiene en cartel en el off porteño. Interés que tiene el antecedente de Jesucristo, el unipersonal con Mariano Mazzei que estrenó en 2010, siempre con la intención de mostrar estos personajes como seres que sufren y sueñan hasta las últimas consecuencias.

En Pobrecito, ese objetivo está logrado con una puesta que rememora los usos y las costumbres de los trovadores y juglares medievales que contaban sus fábulas al pueblo. Porque ¿cómo se muestra un milagro en escena sin el riesgo enorme de caer en el ridículo? Moro lo resuelve con el humor como lo harían las compañías que giraban por las ciudades y mercados frente a gente con ganas de divertirse un rato. Para ese fin, cuenta con dos intérpretes ideales: Patricio Paz transmite la inocencia juguetona del personaje Francisco, un adolescente eterno con algo de payaso y de loco, y Juan Toccalino, actor y músico que le pone cuerpo y voz al resto de los personajes, del padre de Francisco al lobo, de una dama aristocrática al papa, al leproso y al sultán. En un escenario ascético, con un fresco renacentista de fondo, los cambios de vestuario de Toccalino otorgan colorido y juego a la escena, y como un capocómico, interpela al público incluyéndolo desde el principio.

El lenguaje está adaptado a la actualidad, sin giros idiomáticos arcaicos ni barrocos. No hay duda de que Moro estudió en profundidad la literatura franciscana. Sin embargo, la obra resulta un poco larga: son demasiados los personajes que interpreta Toccalino sin sumar nada más que exigencia de velocidad para el actor. El recitado final "Cantico delle creature", texto escrito por Francisco en protoitaliano que se reparte entre los espectadores al llegar, también ganaría eficacia en la condensación o en otra forma expresiva (por ejemplo, es de una gran belleza el momento en que Paz canta "L'amour de moy", un tema tradicional provenzal). Pero la intención participativa sin fronteras, propia del personaje central, impregna la sala y los espectadores festejan cuando son invitados por unos instantes a formar parte de la escena. A diferencia de la quietud conventual de la obra Teresa, en Pobrecito, Moro no traicionó las bienaventuranzas de Francisco y lo dejó reírse a sus anchas de la banalidad del mundo.

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