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Luis Brandoni: un defensor de la dramaturgia nacional

El actor ahora dirige la obra que protagonizó en 2005: Justo en lo mejor de mi vida, de Alicia Muñoz; pide que se repare en el teatro argentino, en ese repertorio al que nadie acude

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PARA LA NACION
Lunes 08 de mayo de 2017
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"Lo ideal en el teatro es que la obra no termine cuando baja el telón", la frase que el maestro Antonio Cunill Cabanellas solía repetirle a sus alumnos en el viejo Conservatorio Nacional de Arte Dramático se mantiene muy viva en la memoria del actor Luis Brandoni. Y la trae a cuento porque reconoce que comprobó que es así después de interpretar en teatro notables éxitos, sobre todo de la dramaturgia nacional. Es la que más le interesa, disfruta y hasta lamenta que se frecuente poco.

Uno de esos motivos es el que lo llevó a recuperar un material que protagonizó en 2005, Justo en lo mejor de mi vida, de Alicia Muñoz, pero ahora la dirección correrá por su cuenta. No es la primera vez que ocupa ese rol. En 1996 dirigió Siempre que llovió paró, de Marcelo Ramos, pero ahí tenía el doble rol de actor y director. La pieza puede verse en el teatro Picadilly.

El proyecto se lo propuso Miguel Ángel Rodríguez hace dos años en Mar del Plata en un encuentro casual, y a Brandoni le interesó volver a un texto que estrenó en 2005 y que le valió muchas satisfacciones y con el que logró realizar cerca de ochocientas funciones. Él lo compara con dos producciones de las que también fue protagonista, Made in Lanús, de Nelly Fernández Triscornia, en la década del 80, y la última, Parque Lezama que, después de cuatro años en cartel, bajó el año pasado.

Foto: Fernando Massobrio

Luis Brandoni reparte su tiempo hoy entre el teatro y la grabación de una serie televisiva mientras espera que comience un proyecto en cine. El protagonista de éxitos televisivos como Buscavidas (Canal 13) o El hombre de tu vida (Telefe), mantiene intacta su militancia política. El ex diputado nacional por la UCR y dos veces secretario general de la Asociación Argentina de Actores continúa siendo un profundo analista de la realidad social argentina. Hoy extraña ciertas costumbres del mundo artístico de otros tiempos y también le impacta vivir en una ciudad a la que denomina "el piquetódromo nacional".

"La gente va acumulando rencor, crispación. Personalmente eso lo padezco mucho", dice con preocupación.

-Pero te refugiás en el teatro y con una pieza local.

-Vengo sosteniendo hace mucho tiempo que hay un repertorio de teatro nacional al que nadie acude. Prefieren el catálogo que tienen Masllorens y del Pino (traductores, adaptadores y agentes literarios), obras de hace cincuenta años. Nadie revisa el teatro argentino y ahí hay muchas piezas que pueden ser exitosas en el teatro comercial actual. En las décadas del 60, 70, 80, las obras más populares eran de autores nuestros como Sergio De Cecco, Julio Mauricio, Ricardo Talesnik. No sé por qué razón no se reponen. Por eso me da mucho gusto recuperar esta obra de Alicia Muñoz, una comedia dramática que tiene una estructura magnífica. Y es un buen momento. En Buenos Aires se han estrenado un montón de espectáculos. Es llamativo. Y voy a verme por primera vez como director.

-¿Por qué te resulta llamativo que se estrenen tantas producciones?

Porque hubo un runrún de que el teatro estaba mal porque el Gobierno estaba mal. El año pasado fue duro. Pero este año tenemos una cartelera muy atractiva, con muchas figuras. También hay que ver qué se le ofrece al espectador, con qué se lo atrae. A veces los momentos importantes del teatro no siempre coinciden con la vida social o económica del país. El récord histórico de espectadores en Mar del Plata fue en el verano de 1987. En ese momento todo estaba mal, al gobierno de Raúl Alfonsín le hicieron trece paros generales y asistieron al teatro 877.000 espectadores. Aparentemente era una contradicción. La gente va a volver al teatro. Buenos Aires sigue siendo una ciudad muy importante en materia de espectáculos. Que en esta temporada se hayan estrenado tantas obras habla de que el empresariado está muy comprometido con la actividad y sigue arriesgando.

-Sos muy optimista en una época que pareciera muy compleja.

Estoy viviendo este presente con mucha expectativa. Por momentos no entiendo la actitud de muchos colegas que están haciendo realmente el ridículo. Creo que las cosas se van a encaminar hacia un país más normal. Y hay algunos indicios que vale la pena tener en cuenta, síntomas de recuperación. Hay mucho para hacer y hay cosas que se pueden hacer más o menos rápido, otras con tiempos relativamente deseables y otras que van a llevar décadas. Yo ya no las voy a ver. Recuperar la educación de este país no es lo mismo que tener tres buenas cosechas de soja. El humor social, el maltrato y la crispación que hay en la Argentina no se resuelve rápidamente. El concepto de que lo público es de todos y no de nadie no se recupera de un día para el otro. Teniendo en cuenta las leyes de la convivencia, estoy convencido de que van a cambiar cosas que necesitamos recobrar.

-Recordabas momentos exitosos de otras décadas. De otro Buenos Aires. ¿Te sentís extraño en este tiempo?

Me pasaron muchas cosas... No me siento raro para nada. Lamento que se hayan modificado algunos hábitos. Tengo recuerdos felices, inolvidables de lo que era Buenos Aires en los 70, 80. Había un espíritu de cuerpo en el ambiente, una solidaridad, una asociación de actores presente y había, desgraciadamente, algo que nos aglutinaba, un enemigo común que era la dictadura. Cuando vino la democracia eso desapareció. Entonces, en alguna medida, buscamos los enemigos entre nosotros. Es una pena.

-¿Eso se fue agudizando?

Porque se agravaron situaciones complejas por las que pasó este país antes del kirchnerismo y después creo que se agudizaron. Hay que volver a la actitud cultural de que la vida se gana trabajando, por ejemplo. Pero bueno, estoy muy esperanzado. Lo que tengo es menos tiempo. El acento hay que ponerlo ahí, donde está el futuro. Yo puedo hacer lo que hago, soy militante político, no tengo responsabilidades, no tengo cargos ni me interesa tenerlos pero hay cosas que son prioritarias y son las que van a llevar más tiempo. Mientras tanto hay que poner buena voluntad. Hay un sector de la población que está reaccionando y es quien va a ayudar a normalizar este país. En lo personal creo que la manifestación del 1° de abril fue un episodio importante, que se va a recordar. Un acontecimiento trascendente que no tiene antecedentes en la historia argentina. Fue muy grande y se dio en todo el país.

-En lo cultural, las últimas semanas han estado movidas. Tanto la situación que se produjo en el Incaa como ciertos discursos en la inauguración de la Feria del Libro provocaron duras polémicas. ¿Cómo analizás esto?

La actividad en Buenos Aires es cada vez más generosa y este señor (Martín Gremmelspacher, presidente de la Fundación El Libro) dice en la inauguración de la Feria que lo único que falta es el tiro de gracia a la industria editorial, en la ciudad que más librerías tiene en el mundo. ¿Qué les pasa? El papelón del cine con ese argumento de que se acaba el cine argentino. Es todo falso. Tienen que darse cuenta de que perdieron las elecciones y que las van a volver a perder y aprender a perder como aprendimos militantes de otros partidos. Así vamos a poder ponernos de acuerdo. Esto no se dio nunca. Fui dirigente gremial desde el 72 al 83. Esto no existía. En la Asociación Argentina de Actores había gente que pensaba de manera muy distinta. Pero teníamos una responsabilidad. Hoy estoy muy apenado.

En busca de la emoción

A través de su puesta de Justo en lo mejor de mi vida, de Alicia Muñoz, que interpretan Miguel Ángel Rodríguez, Julia Calvo, Diego Pérez, Pepe Monje y Yoyi Francella, Luis Brandoni intenta rescatar muchos aspectos del trabajo que realizó en su momento con la dirección de Julio Baccaro. "Estoy trabajando con Gabriel Gómez -explica-, que fue asistente de aquella producción y nos acompañó durante cinco años. Estamos viendo de modificar algunas cosas y otras reproducirlas porque fueron muy eficaces para el espectáculo. Quiero cuidar mucho la relación de los personajes. La emoción en general no está muy bien vista. Parece que no es de buen gusto. Estoy convencido de que se marca una diferencia muy grande cuando dos actores dicen simplemente un texto y otros que se miran a los ojos y dicen en consecuencia. En este sentido, el elenco tiene una actitud admirable."

Aunque está muy atrapado por la dirección teatral, Brandoni continúa grabando la serie televisiva Un gallo para Esculapio junto con Peter Lanzani, que próximamente se emitirá por Telefé, con la dirección de Bruno Stagnaro, y se prepara para filmar Mi amigo Bruno, una nueva película de Cohn y Duprat que protagonizará Guillermo Francella.

Justo en lo mejor de mi vida

Teatro Picadilly, Av. Corrientes 1524

Funciones, miércoles a viernes, a las 20.30; sábados, a las 21; domingos, a las 19

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