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El futuro de Diego Simeone, en juego esta semana

Santiago Segurola

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PARA LA NACION
Lunes 08 de mayo de 2017
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Diego Simeone
Diego Simeone. Foto: AFP

Se anuncian días cruciales para el futuro de Diego Simeone, entrenador y líder máximo del Atlético de Madrid. Pocas veces se ha visto en el fútbol una relación más apasionada entre la hinchada y un técnico. A estas alturas, después de cinco años en el club, Simeone tiene garantizado la fidelidad incondicional de unos aficionados que le tienen por un mesías. Es la clase de relación que trasciende el fútbol. Hay tanta fe, tanta pasión, tanto agradecimiento, que en el Atlético de Madrid temen que se produzca una grieta irreparable en el estado de ánimo del entrenador argentino. Esa grieta podría abrirse si el Atlético sale malparado del duelo con el Real Madrid en la vuelta de las semifinales de la Copa de Europa.

El primer partido sorprendió por la enorme diferencia de goles y de juego. El Real Madrid, que atraviesa un periodo de felicidad, derrotó 3-0 al Atlético, sometido a repetidos tormentos en la Liga de Campeones. Perdió con el Real Madrid la final de 2014, después del gol de última hora que anotó Sergio Ramos. Dos años después, en Milán, el Atlético volvió a medirse con el Real Madrid. Estuvo cerca de la victoria, pero no lo consiguió. Perdió en la rueda de penales, añadiendo más dramatismo a la derrota.

Simeone, el optimista infatigable, cedió ante el clima de pesadumbre general. Abrió una rendija a la duda. Durante la primera parte del verano, la hinchada temió el final del ciclo Simeone, en medio del horror al vacío. La vinculación sentimental de los seguidores del Atlético con el técnico es tan estrecha que nadie es capaz de imaginarse a otro entrenador en el banquillo . Sin Simeone, el Atlético perdería mucho más que al más exitoso técnico de su historia. Perdería al motor que mueve el club, al presidente de facto y al mesías espiritual.

La respuesta de Simeone al golpazo del Bernabéu alivió la tremenda decepción de los colchoneros. Reconoció la superioridad del Real Madrid, desdeñó cualquier crítica a sus jugadores y calificó de casi imposible la remontada, "pero el fútbol es mágico y lo imposible no existe para el Atlético", declaró tras el partido. Fue una llamada categórica a la esperanza en el último partido europeo en el Vicente Calderón, el fortín del Atlético desde hace 50 años, un campo tan poco convencional -por debajo de la tribuna principal discurre una autopista- como el club, no sólo capaz de resistir la presión del gigantesco Real Madrid, sino de desafiarlo en los últimos años.

Sin embargo, hay razones para pensar en una herida abierta en el Atlético. Después de perder dos finales con el Real Madrid en los últimos tres años, la tercera derrota se interpretaría en términos desmoralizantes. En el universo colchonero comienza a interiorizarse el fatalismo que tanto daño le hizo al club durante casi 40 años. Durante ese larguísimo periodo, los dirigentes, los hinchas y hasta el periodismo utilizó el victimismo para justificar los peores episodios del club, calificado como El Pupas por Vicente Calderón, su presidente más conocido. Simeone acabó de un plumazo con las tentaciones masoquistas del Atlético y estableció un liderazgo sostenido por una fe mesiánica en él éxito.

¿Es posible mantener este ideario en caso de una nueva derrota frente al Real Madrid? Peor aún, ¿puede abandonar Simeone si el Atlético no responde en la vuelta de la semifinal? Este es el peor escenario posible para los hinchas. Simeone cumplió en enero cinco años como entrenador de un equipo que le ha seguido sin fisuras, por no decir con fanatismo. En este periodo, el Atlético ha pasado de la zona media del fútbol europeo a una posición de privilegio. Con Simeone, ha ganado sucesivamente la Europa League, la Copa de España y la Liga, además de varios títulos menores. Su presencia en dos finales de la Liga de Campeones le ha acreditado como uno de los cuatro o cinco mejores equipos de Europa en esta década.

Nada de esto hubiera sido posible sin Simeone. El problema surge cuando un personaje de proporciones míticas no logra escapar a la erosión de las frustraciones continuadas. El Atlético de Madrid se derrumbó en el Bernabéu. Nunca se le ha visto tan decaído, con tan poca energía y con un grado de resistencia tan bajo. No pareció jamás un equipo de Simeone. El Atlético se ha distinguido más por sus fanáticas convicciones que por la brillantez de su juego. Sin ese nivel de compromiso es un equipo cualquiera,

Esta temporada, el Atlético ha dado más indicios de flaqueza que en los cinco años anteriores. Sus pretorianos -Godin, Gabi, Tiago, Juanfran, Filipe Luis.- comienzan a dar señales de fatiga o declive. Griezmann escucha cada semana ofertas de los mejores equipos de Europa. Los nuevos no transmiten el mismo grado de fiereza competitiva que sus predecesores. Son varias las razones que mueven al Atlético a la duda. Un nuevo desplome -no la eliminación, sino un partido tan desastroso como el del Bernabéu- afectaría al futuro de Simeone en el club. Nada como esta posibilidad resulta más temible para sus hinchas.

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