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Brigitte Macron, la mujer que despierta fascinación, busca su nuevo lugar

Emmanuel Macron, presidente electo de Francia, sugirió la posibilidad de institucionalizar la figura de la primera dama para que su esposa tenga su espacio

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LA NACION
Lunes 08 de mayo de 2017 • 20:59
Brigitte y Emmanuel Macron, la nueva pareja presidencial de Francia
Brigitte y Emmanuel Macron, la nueva pareja presidencial de Francia. Foto: AP

PARIS.- Mire con atención la foto que acompaña esta nota porque pocas veces habrá visto usted una mujer que represente tan a la perfección el "glamour a la francesa" como Brigitte Macron. Su elegancia, su estilo, sus rasgos devorados por una sonrisa luminosa son además testimonio de una auténtica felicidad. Pero la esposa del presidente electo de Francia no solo fascina por todo eso. La incondicional musa del nuevo meteoro de la política mundial tiene otras cualidades que explican ese deslumbramiento general. La primera de ellas: su coraje para ser libre.

"Sin ella, yo no sería yo", dijo Emmanuel Macron la noche de su triunfo en la primera vuelta. A su lado, cohibida por el homenaje, Brigitte, "Bibi", "BAM" o "Cocotte" -como la llaman sus íntimos- intentaba aceptar la idea de convertirse en primera dama de Francia a los 64 años para "acompañar" los sueños de ese hombre de apenas 39 que comparte su vida desde hace casi un cuarto de siglo.

Consciente de que la diferencia de edad despierta ironías e inspira caricaturas más o menos desagradables, Brigitte prefiere reír: "Es necesario que gane ahora. Porque en 2022 su problema será mi cara", bromeaba durante la campaña.

Quienes la conocen saben, sin embargo, que Brigitte Macron suele indignarse con esos comentarios: "Lamenta que se acepte en un hombre lo que se le niega a una mujer", dice su amigo, el periodista Philippe Besson.

Discreta pero siempre presente, la ex profesora de francés, latín y teatro es madre de tres hijos, abuela de siete nietos y, desde que Emmanuel Macron decidió lanzarse en política, su "coach personal".

"Brigitte está cerca suyo en forma permanente. Emmanuel no hace nada sin ella", reconocen los miembros de su equipo. Con ella el candidato ensaya sus discursos, decide sus puestas en escena, corrige la voz y retoca el nudo de una corbata. Y si algunos en el entorno de la pareja se sienten molestos con su omnipresencia, callan. Saben que ella es la parte no negociable de su vida.

Brigitte Macron, nacida Trogneux en el seno de una familia de acomodados chocolateros del norte de Francia, siempre fue así. Cálida, aparentemente tímida, pero dotada de una fuerza de voluntad capaz de mover montañas cuando se trata de responder a los llamados de la vida.

Perdidamente enamorada de su alumno, por entonces menor de edad, decidió hacer frente a la indignación de una burguesía de provincia escandalizada, renunciando a su trabajo y a una cómoda vida de esposa de banquero para viajar a París -cerca de él- y esperar que fuera mayor de edad para poder casarse.

Desde entonces, son inseparables. Es por eso quizás que el futuro presidente expresó no hace mucho su deseo de instaurar "un estatus de primera dama o de primer hombre", a fin de poner término a lo que considera "una enorme hipocresía".

Brigitte Macron, el día de las elecciones, en Francia
Brigitte Macron, el día de las elecciones, en Francia. Foto: AFP

"Quisiera poder definir un marco y solicitaré que haya una reflexión sobre la cuestión. Ella (Brigitte) podrá dar su opinión. Hay que terminar con la hipocresía. Es necesario que la persona que vive con el jefe del Estado pueda tener un papel, y que sea reconocida en ese papel", indicó.

En Francia, la actuación del cónyuge de un presidente ha sido siempre puramente simbólica. La constitución no prevé ningún estatus, porque el legislador consideró que el pueblo elige a su mandatario y no a quien lo acompaña en su vida personal. Por esa razón, ni el papel ni la función de una primera dama son definidos en las reglas o los protocolos escritos.

Con el tiempo, cada primera dama intentó hacerse su lugar con más o menos éxito contando, en todo caso, con un secretariado, un presupuesto y un equipo de seguridad.

El problema se planteó con intensidad en 2013 con Valérie Trierweiler, compañera sentimental François Hollande. Después de la separación de la pareja, un sondeo demostró que 54% de los franceses deseaban que el cónyuge del presidente no desempeñe ningún papel ni disponga de medios financieros particulares.

¿Acaso Emmanuel Macron piensa dar a su mujer un rol parecido al de la primera dama de Estados Unidos, que tampoco está reconocido por la constitución, pero nadie pone en tela de juicio? Las próximas semanas traerán la respuesta.

"Brigitte tendrá el papel que cumple a mi lado", asegura Macron. "Siempre me acompañó porque es mi equilibrio en la vida. Es así como funcionamos", advierte.

El futuro presidente agrega, sin embargo que, por esas funciones, la primera dama "no recibirá ningún salario de la república", advierte.

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