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Trump quedó bajo mayor presión por el Rusiagate

El ex consejero de seguridad nacional Flynn podría haber sido extorsionado por el Kremlin

Martes 09 de mayo de 2017
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LA NACION
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WASHINGTON.- La Casa Blanca quedó bajo mayor presión por el Rusiagate tras confirmarse que Donald Trump y su gobierno sabían que Michael Flynn, su primer asesor de seguridad nacional, estaba "comprometido" y podía llegar a ser "chantajeado" por el Kremlin.

A esa revelación se sumó otra: Barack Obama le recomendó a Trump, en el primer encuentro entre ambos en el Salón Oval, que dejara a Flynn afuera de su nuevo gobierno. En 2014, Obama había despedido a Flynn, que estaba al frente de la Agencia de Inteligencia de Defensa. Trump se deshizo de Flynn recién cuando la prensa divulgó que había mentido.

Sally Yates, que quedó al frente del Departamento de Justicia tras el cambio de gobierno y fue despedida por Trump cuando se negó a defender su veto migratorio, declaró ayer ante un comité del Senado que el 26 de enero informó al abogado de la Casa Blanca, Donald McGahn, que Flynn había mentido al vicepresidente, Mike Pence, sobre una conversación con el embajador ruso, algo que podía ser utilizado por el Kremlin.

Trump quedó bajo mayor presión por el Rusiagate
Trump quedó bajo mayor presión por el Rusiagate. Foto: Archivo

Pese a esa advertencia, Flynn permaneció en su puesto 18 días más: recién presentó su renuncia el 13 de febrero, luego de que el Washington Post reveló la reunión entre Yates y McGahn, que Yates describió ayer al testificar ante el Senado.

"Lo primero que hicimos fue explicarle al señor McGahn que la conducta subyacente en la que el general Flynn había participado era problemática en sí misma", dijo Yates. Los rusos, explicó la ex funcionaria, sabían que Flynn le había mentido a Pence sobre su conversación telefónica con el embajador de Vladimir Putin en Estados Unidos, Sergei Kislyak, antes de la asunción de Trump, en la cual hablaron sobre las sanciones de Washington a Moscú. Eso, dijo, creaba una "situación comprometida" por la cual Flynn podía ser "chantajeado".

"Y, para decir lo obvio, uno no quiere un asesor de seguridad nacional comprometido con los rusos", afirmó la ex funcionaria.

Tal como ha sucedido con el Rusiagate, la sensación reinante que dejó el testimonio de Yates fue que lo mejor permanecía sin revelar: Yates dijo que no podía revelar los motivos por los cuales la "conducta subyacente" de Flynn era "problemática" porque era información clasificada.

El testimonio de Yates era esperado con muchísima expectativa en Washington. El propio Trump había intentado torcer la historia a su favor con dos mensajes en Twitter, uno en el que intentó despegarse de Flynn y otro con el que intentó vincular a Yates con las filtraciones de información a la prensa.

"El general Flynn recibió la mayor autorización de seguridad de la administración Obama, pero a «Noticias Falsas» le gusta poco hablar de eso", escribió Trump, antes de la audiencia de Yates.

Un rato después, la cadena NBC reveló que Obama, quien despidió a Flynn en 2014, le había recomendado a Trump que lo dejara afuera de su equipo. Al rato, y antes de la audiencia de Yates, el secretario de Prensa, Sean Spicer, se encontró (otra vez) ante la difícil misión de defender ante la prensa un mensaje en Twitter de su jefe.

"¿Por qué ignoró esa advertencia?", fue la primera pregunta. "Bueno, yo... yo... el presidente no divulga detalles de las reuniones que ha tenido, que, en este caso, fue una reunión de una hora. Pero es cierto que el presidente Obama le hizo saber que no era exactamente un fan de Flynn", respondió Spicer.

Trump también le envió un mensaje a los senadores republicanos a través de Twitter: pidió preguntarle a Yates cómo el Washington Post se enteró de la reunión. El senador Lindsey Graham le preguntó a Yates y a James Clapper, ex director Nacional de Inteligencia, que testificó con ella, si habían filtrado la información. Ambos respondieron que no.

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