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Tres muertos tras un sangriento ajuste de cuentas entre bandas

Un crimen provocó una venganza que incluyó disparos y casas y autos quemados

Martes 09 de mayo de 2017
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LA NACION
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Uno de los autos incendiados
Uno de los autos incendiados. Foto: Mauro V. Rizzi

MAR DEL PLATA.- Rivalidad, cruentos ajustes de cuentas y, por sobre todo, violencia extrema. Entre balazos, cuchilladas y casas y autos incendiados, el límite entre los barrios Pueyrredón y El Martillo se convirtió durante la madrugada en escenario de un descomunal choque entre bandas que se disputan el control del territorio para el narcomenudeo. Ayer fueron tres homicidios, derivados, a su vez, de otro cometido hace una semana. Fue un enfrentamiento de más de cuatro horas, que incluyó disparos a patrulleros para evitar la intervención policial y de los bomberos, que no pudieron controlar el fuego intencional que arrasó varias viviendas.

Dos de los asesinados a tiros tenían 15 y 17 años. El tercero, de 25, fue señalado como el presunto autor de aquellos homicidios; lo pagó caro a manos de familiares y amigos de sus rivales: lo acorralaron en una casa, le prendieron fuego, le dispararon en la cabeza y, por último, lo degollaron. Además hubo cuatro heridos; uno está internado por la gravedad de las heridas.

Hasta anoche no había ningún detenido, aunque según las primeras informaciones se da por hecho que participaron no menos de 20 personas que incendiaron tres casas y otros tantos coches en un vecindario asustado por un tiroteo inédito por su duración y por la cantidad de vidas que se llevó.

El origen de lo sucedido se relaciona con grupos dedicados al comercio minorista de drogas en la zona que esta vez dejaron de lado los simples roces y escaramuzas para ir a un choque frontal. "Las peleas y los tiroteos son una cuestión cotidiana", reconocieron a LA NACION vecinos que ayer por la tarde seguían asustados. "Atiné a tirarme con los nenes debajo de la cama", confió angustiada una mujer, con hijos de 7, 5 y 2 años.

El cruce comenzó antenoche, cuando una bala dio en la cabeza de Francisco Chávez, un chico de 15 años que iba en un VW Gol conducido por Mariano Lescano, supuesto blanco del ataque. El autor del disparo, dicen los testigos, fue Nelson Alderete, que estaba seguro de que Lescano había tenido que ver en el homicidio de Matías Moyano, un convicto amigo de Alderete y con salidas transitorias que fue ejecutado el pasado 30 de abril.

Lescano dejó al menor herido en la guardia del Hospital Interzonal General de Agudos. Mientras, sus conocidos intentaban hacer justicia por mano propia. Alderete, escondido en la casa de su novia, los enfrentó y gatilló una y otra vez. Les dio a cuatro, entre ellos, a Brian Falcato, de 17, que murió casi en el acto, y a Lautaro Olivera, al que los médicos intentaban anoche salvarle la vida. También quedó internado José Heredia, de 47, apuñalado. "Todos tienen antecedentes penales", confiaron fuentes policiales.

La solitaria resistencia de Alderete no pudo contra la horda que lo rodeó. Le cerraron el paso con autos cruzados en la calle, que luego quemaron para impedirle el acceso a la policía. Para el asalto final incendiaron la casa en la que se guarecía y luego, otras viviendas vecinas. Cuando lo encontraron fueron feroces hasta lo inimaginable: lo quemaron, le dispararon en la cabeza y le cortaron el cuello.

Fuentes policiales confirmaron que en ese barrio hay de dos a tres grupos que chocan a menudo, en particular por venta de droga. "Son 12 manzanas que la policía ni puede pisar", dicen los vecinos.

La fiscal María Isabel Sánchez, a cargo de la causa, esperaba los resultados de los peritajes y de la autopsia. También pretendía sumar testimonios para identificar a participantes del tiroteo. Ya tendrían al menos cinco sospechosos, alguno de los cuales serían familiares de uno de los adolescentes asesinados por Alderete.

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