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Gustavo Santaolalla: "Mi vida puede ser una road movie"

Quería ser cura, pero un regalo de Reyes -una guitarra- cambió su destino. Vive en Los Angeles, con mil proyectos de música y cine, pero siempre encuentra tiempo para meditar. Imagina un show que narre con canciones su historia y una sociedad mejor: "Se viene un mundo más justo"

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LA NACION
Domingo 14 de mayo de 2017
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"Su oído puede más que mi teoría", eso fue lo que le dijo la maestra de música a la madre de Gustavo Santaolalla luego de desistir con un categórico: "No puedo seguir enseñándole." Gustavo recuerda la anécdota y se permite un viaje en el tiempo, ese que lo trae desde su estudio de Los Angeles a Ciudad Jardín, el barrio de calles arboladas que lo vio crecer. Fueron aquellos años en los que repetía melodías con la guitarra sin necesidad de leer el pentagrama. Se dejaba llevar y quizá por eso, Orfelia Abatte, su mamá, se convenció de lo que una vez le habían dicho: "Su hijo lleva la música adentro". El tiempo le dio la razón a Orfelia. Gustavo exploró y abordó un sinfín de variables en el universo musical. "Creo que lo hice todo", confiesa entre risas el cantante, productor, compositor e instrumentista, y se anima a repasar buena parte de esas mixturas de rock, folk, pop, new wave, ritmos africanos y latinoamericanos que lo llevaron a crear un estilo bien definido, ese que comenzó en los años sesenta con su banda Arco Iris y que supo transitar a lo largo de su carrera. "Este año se reedita en vinilo el álbum rosa de Arco Iris. Si lo escuchás, te vas a dar cuenta de que ahí está toda mi carrera. Son esas canciones y esos sonidos los que seguí trabajando, explorando de diferentes maneras, acercándome a ellos con otras miradas. No hay duda de que ese disco es el blueprint de lo que siempre hice."

Santaolalla, el hombre que se alzó con dos Oscar, quince Latin Grammy, dos Baftas y un Globo de Oro, entre otros premios, se permite mirar al pasado, pero aclara que no lo hace para nutrirse de viejas historias, sino para revisitarlo, para encararlo desde otro lugar. "Son momentos de la vida -reconoce-. Sentí la necesidad, por situaciones personales, de recorrer mi vida a través de las canciones. Pero no desde el lugar nostálgico, sino desde ese lugar donde el pasado, el presente y el futuro se cruzan. He hecho tantas cosas, como producir y componer música para videojuegos, películas, series y bandas, pero si hay algo que hago desde muy chico, desde siempre, es la canción. Y pasó, por esa cosas de la vida, que saqué discos solistas, trabajos en los que no he tenido la oportunidad de tocar en vivo. Hablo de Ronroco [1998], Santaolalla [1982] y G.A.S. [1995]. Nunca armé una banda para tocarlos en vivo porque en ese entonces estaba ocupado en mi carrera de productor, en trabajar para otros artistas [produjo más de 100 álbumes]. De alguna manera el yo cantante, el frontman quedó postergado. Es cierto que con Bajofondo volví a los escenarios, pero la puesta fue siempre más instrumental. Esta vez, me dieron ganas de hacer algo más personal e introspectivo y volver a aquellas canciones, pero tocarlas y cantarlas desde el lugar de quien soy hoy."

¿Un volver al comienzo de todo?

De alguna manera siempre estamos volviendo. Sólo cambian las formas, la manera de ese reencuentro. No soy de mirar hacia atrás, pero cuando lo hice me di cuenta de todo lo que había hecho y lo diferente que era. Esta vez me permití hacer una revisión de aquellas canciones. Además, siento que estoy cantando mejor que nunca, amplié mi registro: canto más grave y también más agudo. Al revisar las canciones me encuentro con paradigmas totalmente válidos. Cuando toco canciones que compuse cuando tenía 18, 20 años, las encuentro modernas y lo que aún es más fuerte es que sigo pensando y sintiendo exactamente eso. Y es maravilloso, porque es como si el pasado, el presente y el futuro se encontrasen, como si el tiempo no existiera. Por todo esto me imagino en un futuro presentando un espectáculo en el que cuente mi vida a través de las canciones, en el que se entremezclen los recuerdos, los viajes. Mi nuevo disco, Raconto [que en junio lo editará Sony Music] tiene mucho de todo esto.

Con ese espíritu de cruzar caminos a través de las canciones aparece este acercamiento al que Gustavo decidió llamar Desandando el camino. La gira que lo traerá en junio nuevamente al país [el sábado 10 se presentará en el Teatro Coliseo] recorrerá temas que van desde Arco Iris hasta Bajofondo, pasando por sus bandas de sonidos de películas [Diarios de Motocicleta, Secreto en la montaña, Babel] y la música del videojuego The Last Of Us. Se trata de la misma puesta con la que debutó en el Teatro Colón en diciembre pasado, como parte del ciclo LN Cultura, y que el próximo sábado, a las 20, se verá por LN+. "Siempre me gustó rodearme de gente que toca mejor que yo", dice de la banda que lo acompaña, integrada por Barbarita Palacios (cantante y hermana de su mujer), Javier Casalla (violinista), Nicolás Rainone (guitarrista), Pablo González (baterista) y Andrés Beeuwsaert (pianista, vibráfono). "En el Colón hicimos nuestra primera fecha con esta gira. Fue tan emocionante. Lo mismo ocurrió después en la presentación en el Centro Cultural Kirchner, donde también se registró el especial Encuentro en la Cúpula [ciclo que conduce Lalo Mir]."

Santaolalla no para, el mundo lo sabe y a la larga lista de desafíos se siguen sumando trabajos de la talla de Before the Flood [Antes que sea tarde], el documental producido por Leonardo DiCaprio sobre el cambio climático. "Es un proyecto maravilloso que me permitió ser parte de este compromiso con el planeta; además pude trabajar con Trent Reznor y Atticus Ross", resalta orgulloso y menciona la producción del nuevo trabajo con Café Tacvba ("llevamos juntos 25 años") y el estreno en Boston, junto a la American Repertory Theater, de Arrabal, el espectáculo de danza basado en la música de Bajofondo, que cuenta la historia de una chica que quiere saber qué sucedió con su padre desaparecido durante la última dictadura militar (su primera presentación fue en Canadá, en 2014). "También estoy terminando la música del videojuego The Last of Us 2, que se conocerá en 2018. Con la música de la primera entrega llegué a nuevas generaciones, a pibes de 14, 15 años. También estoy con la segunda temporada de la serie de Netflix Making a Murderer y con el musical El laberinto del Fauno, que Guillermo del Toro está preparando con la gente del Cirque du Soleil y que se estrenará en Londres, en 2019."

Hoy trabaja en un documental sobre Clapton, convocado por el inglés
Hoy trabaja en un documental sobre Clapton, convocado por el inglés.

Falta que hables nada menos de Eric Clapton. Te convocó para que trabajes en la banda de sonido de la película sobre su vida.

[Risas] Cuando me lo propuso no lo podía creer. Él mismo lo sugirió. El encuentro fue en Londres. No sólo me conocía por las películas, sabía de mi carrera como cantante, de mis bandas. Es muy grosso. Crecí escuchando Cream, seguí siempre su carrera y ahora.. Que un músico como Clapton te convoque es maravilloso. La película viene muy lenta, pero estamos avanzando mucho.

La vida es un viaje

De manos de su abuela recibió a los cinco años su primera guitarra. La misma con la que hizo sus actuaciones en la parroquia del barrio y con la que creó su primera composición: una chacarera dedicada al cura de su escuela. En ese entonces tenía bien en claro que quería ser cura y también músico. Con el tiempo cambiarían sus prioridades y algo de eso tuvieron que ver los Reyes Magos. Fueron ellos los que le regalaron la guitarra eléctrica y lo invitaron a meterse en otros mundos. Por esos años, compró G.I. Blues, de Elvis Presley, el primer disco de Los Teen Tops y al tiempo descubrió a los Beatles. "Mi entrada en el mundo del rock estaba marcada para siempre." Confeso admirador de George Martin, el productor del cuarteto de Liverpool ("de él aprendí casi todo"), Santaolalla se alejó de la iglesia y abrazó a la música por sobre todas las cosas. "Armé mi banda y firmé mi primer contrato a los 16 años con RCA. Lo firmé como artista y productor."

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar, parafraseó Lalo Mir en el momento de hablar de Santaolalla, un hombre que lleva la palabra camino grabada en lo más profundo de su ser. "Mi vida pueda ser una road movie -bromea-. La fiebre por el camino la tengo desde que soy muy chico. La vida es un viaje." Esa misma fiebre fue la que lo llevó junto a León Gieco a hacer el emblemático recorrido que dieron a conocer como De Ushuaia a La Quiaca y que de alguna manera Santaolalla continuó en Qhapaq Ñan, desandando el camino, miniserie que recorrió la ruta preincaica que se extiende por 6 mil kilómetros desde la Argentina hasta el sur de Colombia. "Para mí fue muy importante producir y narrar esa serie documental. Todo lo que hice tiene una cualidad sensorial, corporal y al mismo tiempo muy espiritual. Está muy relacionado con la búsqueda interior que uno hace. Recorrer estos caminos te llevan a conocerte a vos mismo, pero no como si fueras una isla, sino con todo lo que te rodea. Es clave la relación que se entabla con la naturaleza, con nuestro ADN. Fue muy potente."

El show en el Teatro Colón organizado por LN Cultura, en diciembre último, se emitirá el próximo sábado, a las 20, por LN+
El show en el Teatro Colón organizado por LN Cultura, en diciembre último, se emitirá el próximo sábado, a las 20, por LN+.

Identidad es otra de las palabras que te define.

Sin duda, siempre intento estar atento a la búsqueda de nuestras raíces, las que definen nuestra identidad, nuestro ADN.

A fines de los 70, en plena dictadura, emigró a Los Angeles y junto a su amigo Aníbal Kerpel armó Wet Pinic, una banda new wave en la era postpunk. El sueño de vivir como músico de rock parecía imposible de alcanzar, estaba cada vez más lejos. Para sobrevivir en aquellas tierras comenzó a componer jingles y soundtracks publicitarios. "Nunca bajé los brazos."

Aún hoy vive en Los Angeles, la segunda ciudad más poblada de los Estados Unidos. Instalado a una cuadra de su estudio de grabación comparte su día a día con la fotógrafa Alejandra Palacios, su mujer, y los hijos adolescentes de ambos, Luna y Juan Nahuel. Cerca de allí también echaron raíces Mónica Campins, su ex mujer, y Ana, su hija mayor. "Debo ser uno de los pocos hombres que mantiene una buena relación con su mujer y su ex. ¿Sabías que mi ex ayudó en el parto de Luna? -pregunta-. Le sostuvo todo el tiempo la mano a Alejandra. Sin duda, tiene que ver con lo que uno da, con lo que uno siembra en el otro."

Volviendo a la búsquedas de nuestras raíces. ¿Cómo vivís la actual situación política y social en los Estados Unidos, donde se puso en jaque el ADN latino y el resto de los migrantes?

Vivo en un lugar muy diferente al resto de los Estados Unidos, de hecho hay quienes quieren separar el estado de California del país. El ADN de los Estados Unidos se ha modificado y no es algo de ahora, sino de años, y buena parte de ese ADN es latino. Lo ves en el arte, en la música, en el cine, en el teatro, está metido en todo. Estamos atravesando un momento muy particular a nivel mundial. Mirá lo que pasa en Europa, las amenazas de Corea del Norte, el ISIS. Lo que nos pasa como seres humanos. Todos formamos parte de una gran cosa, estamos en un proceso de transformación, de un cambio. Creo en el hombre. Tengo un pensamiento positivo, intento que así sea.

En un momento de la charla te referiste a esta idea de que el tiempo no existe. ¿Este pensamiento está relacionado con la física cuántica, con esa creencia de que todos tenemos un doble cuántico? [Teoría basada en el desdoblamiento del tiempo y el espacio, de Jean Pierre Garnier Malet]

Totalmente. Es un tema que me apasiona. La revolución de la física cuántica vino a explicar muchas cuestiones que antes no tenían explicación. La física cuántica habla de universos paralelos y de otras dimensiones. En nosotros residen dos personas: el ser físico y el doble cuántico. Eso es lo que sostiene Malet. El ser físico se maneja dentro de la ecuación del tiempo y el espacio que conocemos; el otro yo, el energético es una convención en la que el tiempo no existe. El cuántico viaja a velocidades superiores a la de la luz. Es capaz de viajar al pasado y traer información y viajar al futuro. Y esto es lo que hoy hago con mi música, con mis canciones. Todo es energía y vibración. La música es energía, tiene el poder de transformar y curar. ¿No te pasó eso de sentir que esto ya lo habías vivido? Por eso trato de no dejarme llevar por las cosas negativas e intento conectarme con todo aquello que nos permita transformarnos y transformar nuestra realidad. Estoy muy entusiasmado, muy metido en todo esto. Me apasiona. Después de la muerte, lo único que persiste es la energía. No creo en las casualidades, todo pasa por algo. Me interesa y leo mucho acerca del paradigma del hombre frente al universo y cómo ser de este planeta.

¿Creés en Dios? Alguna vez dijiste que las religiones dividen al hombre.

Creo que Dios está en todo, en cada partícula al mismo tiempo. Creo en el hombre, en los cambios de conciencia que se avecinan y que nos llevarán a una nueva realidad. Se vienen grandes cambios en nuestra sociedad. Confío, aunque muchos vaticinen algo diferente y a pesar de que todo lo vean con ojos negativos. Se viene un mundo más justo y armónico. Estamos en un momento de transición, ya lo dijeron los mayas. Tenemos que tener en claro que todo lo que hacemos afecta a los demás.

¿Siempre estuvo presente esta búsqueda espiritual?

De chico quería ser cura, después con Arco Iris la búsqueda fue diferente, comencé a recorrer un camino entre el budismo zen y las culturas milenarias americanas, porque todo está ligado de alguna manera.

El pensamiento del japonés Shrunryu Suzuki, introductor del budismo zen en América, y el del filósofo indio Jiddu Krishnamurti se convirtieron en dos autores claves en la vida de Santaolalla; lo ayudaron a domar el ego y a poner foco en la verdadera atención, ésa que exige "escuchar, haciendo a un lado las distracciones y actuar con la inocencia del que recién se inicia -destaca-. Y esa inocencia e ingenuidad es la que me lleva muchas veces a jugar con lo desconocido, como animarme a tocar instrumentos que no sabía tocar [en Babel tocó el oud, sólo por nombrar alguna de las experiencias]. Me gusta aventurarme en cosas que no he hecho antes."

¿Meditás?

Siempre encuentro el momento y el lugar para hacerlo. No ocupa lugar [bromea]. Me tomo el tiempo que necesito y me conecto conmigo mismo.

No hay momento en la charla en la que no bromee o nombre alguna experiencia, algún proyecto que lo tendrá ocupado en los próximos días, o comparta la alegría de disfrutar cada instante que le brinda la vida: "Soy abuelo, es maravilloso. Es mágico. Posee una energía única", dice con la voz en la que se reconoce a un típico abuelo, ésos que vienen con babero incluido.

1951

Nace el 19 de agosto en El Palomar. Es hijo único

1967

Firma su primer contrato como productor y compositor. Funda el grupo Arco Iris

1978

Se instala en Los Angeles, California. En 1985, editará el primer volumen De Ushuaia a La Quiaca

1990

En esta década comienza a definir su carrera como productor: Café Tacvba, Divididos, Molotov, Julieta Venegas, Jorge Drexler y La Vela Puerca, entre otros

2006

Gana el Oscar por la banda de sonido de Secreto en la montaña. Al año siguiente volverá a obtener la estatuilla, por Babel

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