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No todos los refugiados logran adaptarse a vivir en la Argentina

La familia siria Touma regresará mañana a Aleppo; no se acostumbró ni a Córdoba, ni al cambio cultural, ni a la economía nacional

Miércoles 10 de mayo de 2017
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En Pilar, los Barbar y los Touna compartieron sus días de refugiados
En Pilar, los Barbar y los Touna compartieron sus días de refugiados. Foto: Gentileza La voz del interior

CÓRDOBA.- Los Touma, una familia siria que llegó a esta provincia hace cuatro meses, mañana vuelan de regreso a su país. Volverán al infierno de Aleppo porque no se acostumbraron a esta tierra, a su cultura, a la economía. Saben que ya no podrán salir de nuevo como refugiados, pero no les importa. Taufic y Ani, los padres de Kristel y Mari Flor, admiten que esperaban "otra cosa".

Los papás, de 40 y 29 años, apenas hablan español; las hijas, de 10 y 13, fueron al colegio y aprendieron algo más. Pero, describen, la vida es cara, no consiguieron trabajo y la inseguridad les preocupa. Decidieron regresar a lo conocido, aun sabiendo lo que les espera.

En Pilar -a 50 kilómetros de la capital cordobesa- queda otra familia siria, los Barbar. Para Hafez y Mari y sus hijas, Maya (15) y Joele (12), la vida va un poco mejor. Aunque a inicios de abril les robaron en su casa mientras ellos estudiaban español, están más adaptados, más cómodos y seguirán en su hogar, que les presta un vecino.

Abdala Saddi, cónsul de Siria en Córdoba -donde hay unas 25 familias de refugiados-, dice a LA NACIÓN que las dos familias recibieron el mismo apoyo: vivían una al lado de la otra, tienen cobertura social gratuita y el apoyo de una comisión de refugiados que se creó a ese fin. "Se tejen muchas leyendas respecto de la vida aquí", describe.

Touma, que tiene una deficiencia física por un accidente que sufrió antes de viajar, no puede realizar trabajos que impliquen esfuerzos físicos y ese factor limitó su inserción laboral. "Como Aleppo está relativamente liberada de los terroristas, prefirieron vender sus tierras allá y regresar", completa el cónsul.

John Tahan y su familia, Mervat, Farhan y Marian, llegaron hace un año a Córdoba, donde tienen un negocio de comidas. Cuenta a LA NACIÓN que se acostumbraron y que van integrándose "lentamente". Más allá de las dificultades con el idioma, los preocupan la economía y la inseguridad.

"Me robaron dos veces el teléfono móvil de mi comercio; es raro. Ésta es una ciudad desarrollada, con universidades. La inseguridad nos desconcierta porque no la esperábamos", señala John. También los inquieta la suba de los precios: "Pese a los problemas, en Siria había cierta estabilidad, acá el cambio de la economía a diario nos resulta raro".

Abdo lleva 28 años en esta ciudad y toda su familia sigue en Siria; cuenta que no es fácil adaptarse porque el concepto de núcleo familiar y el de libertad para moverse son diferentes. "Imagino lo difícil que es decidir regresar a mi país en guerra -apunta, en referencia a los Touma-. Yo no termino de resolver viajar para ver a mi gente, pero lo propio siempre pesa."

En Jesús María, a unos 40 minutos de la capital provincial, hay cuatro familias de refugiados. A una, la de los Obaris, se les complicó la convivencia con los "llamantes" (quienes los traen y completan los trámites exigidos). Son un matrimonio y dos chicos que se alojaron en la casa de una médica con cuatro chicos. "Terminaron colapsados", indica a LA NACIÓN una persona cercana. Terminó intercediendo Migraciones, que se hizo cargo de los sirios hasta encontrar un nuevo lugar. Deberán resolver si quieren quedarse o retornar a su país. Las otras dos familias están trabajando e integradas.

"El cambio de país, de vida, de cultura, no es nada simple. A veces se sueña con futuros que no son los que esperan aquí o en otro país receptor", resume Saddi.

En la Argentina hay unos 290 sirios con estatus de refugiados; quienes regresen no pueden volver a salir de su país con esa característica.

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