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Con el sello de Higuaín y la clase de Dybala, Juventus es el finalista de la ambición

Habrá presencia argentina en la cita de Cardiff, como en los últimos tres partidos decisivos; implacable al atacar y una roca defensiva, el equipo de Turín es un fuera de serie en Italia y busca conquistar Europa, lo que no pudo hace dos años, con Tevez como figura

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LA NACION
Miércoles 10 de mayo de 2017
Una auténtica explosión italiana, con Higuaín en primer plano y Dybala (21), más allá
Una auténtica explosión italiana, con Higuaín en primer plano y Dybala (21), más allá. Foto: AP
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Juventus es un equipo de colección. Convence a todos: a los esquemáticos y a los violinistas. Juventus es una roca cuando defiende y un avión en el ataque. Con cinco trofeos domésticos en serie en Italia, y a punto de consagrarse en uno más, hace tiempo que su ambición no tiene otro techo que una Champions League. Hay que viajar en el tiempo: en la temporada 1995/1996 logró su última conquista, luego de ganar por 4-2 en los penales, tras un 1-1 en los 90 minutos ante Ajax. River lo recuerda muy bien: perdió 1 a 0 con el gigante de Turín en Japón. Juventus tenía a Del Piero y Zidane; River, a Francescoli y Ortega. Fue en el siglo pasado. Hace un largo tiempo que la Juve se apropia de futbolistas argentinos. Los arropa. Ahora mismo, mientras el júbilo se dispara en Italia, tiene una oportunidad dorada de instalarse en la cúspide del fútbol europeo. Con la clase de Paulo Dybala (además, autor de cuatro tantos en el torneo) y los goles de Gonzalo Higuaín (cinco conquistas), superó a Monaco en un global de 4-1 y rubrica su nombre en la finalísima de Cardiff, prevista para el próximo 3 de junio.

En un trámite sin demasiado esfuerzo, ganó por 2 a 1, en su casa, con goles de Mario Mandukic y Dani Alves (figura de la serie, además, con tres asistencias) y cerró el espectáculo unipersonal que había creado Higuaín, con dos tantos, una semana atrás. Kylian Mbappe estableció el descuento de un equipo tan atrevido como ingenuo.

"Hace cinco años estaba en la Argentina..., nunca habría imaginado jugar una final de Champions", descubre el sueño Dybala, el cordobés que se embarraba los tobillos en las canchas del ascenso, con la camiseta de Instituto, un puñado de temporadas atrás. "Lo que estamos viviendo es un sueño hecho realidad, el hecho de llegar hasta Cardiff, y para eso hicimos mucho sacrificio en el año, pero no tenemos que quedarnos con esto, hay que ganar en la final", cuenta el pichón de crack, indispensable para los días por venir en el seleccionado, el socio ideal para Leo Messi.

El cordobés, de 23 años, recuerda el estigma de Juventus (perdió seis de ocho finales), pero no se marea. Como todo el equipo: le pone el pecho al desafío. "Sea quien sea el rival no hay que subestimar a nadie. Mis compañeros y yo tenemos muchas ganas de ganar", confía. Ese ímpetu por el triunfo lo desvela. Como a Higuaín, como a todos los que hoy son parte del desafío. Dos años atrás, con Carlos Tevez como estratego, el conjunto de Turín chocó contra Barcelona, que convirtió la cita en un unipersonal de Messi, Suárez, Neymar y compañía. Semanas después, Carlitos volvió a Boca, a su segunda casa. Aunque esa es otra historia.

Ya era imbatible en su tierra. Con un espléndido Tevez, con Pirlo, Pogba y Vidal, la Juve quedó tendido y con esa premisa -otra vez, contra un equipo español, Real Madrid o Atlético de Madrid-, buscará quebrar el maleficio de las finales europeas (1973, 1983, 1985 se consagró, 1996 fue campeón, 1997, 1998, 2003, 2015), con un argentino en la línea de largada. Con la selección a la deriva y con un torneo local que no ofrece garantías, se entromete otro dato: será ésta la cuarta final seguida con, al menos, un protagonista argentino. Todo un símbolo.

El equipo italiano podría lograr sus dos primeros títulos de la temporada en los próximos ocho días, ya que el domingo venidero dará la vuelta olímpica si le gana a Roma en la Serie A, y el miércoles siguiente jugará la final de la Copa de Italia ante Lazio, también en el Olímpico.

Ambicioso, guerrero y agresivo como su historia lo demanda, el equipo que conduce Massimiliano Allegri va por todo. La última de sus finales perdidas fue en 2015 ante Barcelona, que con ese título se convirtió en el último equipo en conseguir los ansiados tres trofeos de Liga, Copa y Liga de Campeones. Los catalanes ya lo habían celebrado en 2009 bajo el mando de Josep Guardiola, mientras que Bayern Munich lo celebró en 2013, con la conducción de Jupp Heynckes. Inter (2010) y Manchester United (1999) también lograron el triángulo de la gloria, con el portugués José Mourinho y el inglés Alex Ferguson como técnicos.

Antes del actual formato de Champions, fueron PSV (1988), Ajax (1972) y Celtic (1967) los equipos que alcanzaron la Triple Corona en una misma temporada. La Juve tiene la credencial para sumarse a ese selecto grupo de clubes que marcaron el pulso de la historia.

El festín, el de la antesala de la finalísima, se resolvió en su moderna casa, ante unos 41.000 espectadores. En un partido que fue más una conclusión de lo que había ocurrido en Mónaco, jugado más con fiereza que con clase. En un tramo, Gonzalo Higuaín se había caído y el polaco Kamil Glik -tal vez sin proponérselo- le clavó los tapones de sus botines en la rodilla. El delantero no se pudo levantar por el dolor; los insultos se impusieron en la escena, también, cuando volvió a la cancha, recuperado.

Juventus fue Tevez, Pirlo y un grupo de valientes. Juventus es hoy Higuaín, Dybala y un grupo jerarquizado con nombres propios. Más allá de los argentinos, brillan Dani Alves (¿quién lo dejó escapar de Barcelona?), como 4, 8 y 7, un as entre viejos punteros, la fiereza de Chiellini, el polifuncional Mandzukic y un recambio de salón, como Cuadrado y Marchisio, titulares en cualquier ámbito, imprescindibles en Turín desde las sombras.

Sin embargo, el hombre, el símbolo, es el arquero. El que representa con pasión y liderazgo qué hay que tener para jugar en Juventus. Gianluigi Buffon, uno de los mejores de todos los tiempos, va a cumplir en enero próximo 40 años. Jugó con todos, enfrentó a todos. Nunca baja los brazos, jamás deja una pelota por perdida. "Logramos la clasificación, pero fue muy duro a pesar de la victoria en el primer partido. Tuvimos la actitud correcta y superamos algunas situaciones difíciles. Llegamos a la final, sí... pero nuestro objetivo es el título", explica la leyenda, que mantuvo su valla invicta durante 600 minutos.

Ya se habían ido todos a casa. Sólo quedaron en el vestuario Higuaín y Dybala, con cumbia de fondo y con la energía por el impacto, que no se había escapado de sus cuerpos. Juventus late con el corazón de los argentinos. Hasta el final.

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